CapÍtulo Transitorio (3) El Mensaje De La ParticiÓn Del Pan

UN ANFITRIÓN POCO COMÚN

“Mas ellos le obligaron a quedarse”… Luego leemos:

“Y aconteció que estando sentado con ellos a la mesa, tomó el pan y lo bendijo, lo partió, y les dio. Entonces les fueron abiertos los ojos, y le reconocieron; mas él se desapareció de su vista”.[1]

Primero que todo, entendamos como era esta comida desde el punto de vista tradicional judío. Compartir  las comidas siempre ha sido una parte muy importante en la vida de la comunidad judía. Al principio de la comida, la bendición tradicional siempre se dice mientras se parte el pan; como era la semana de la Pascua, habría sido matzah, no un pan común, por lo tanto la bendición sobre el matzah habría sido añadida: “Bendito eres, Señor nuestro Dios, Rey del universo que nos santificas mediante Tus mandamientos, y nos mandas a comer matzah”. Quien recita la bendición lo hace literalmente mientras parte el pan, exactamente como se nos dice que hizo Jesús. En este sentido, era una comida tradicional judía de Chol Ha-Moed (Semana de Pascua). ¿O no era así?

En el Talmud de Babilonia, leemos: “el anfitrión partirá el pan” (Berakoth 46). En la tradición judía, el anfitrión —la cabeza de la familia— es quien siempre dice la bendición y parte el pan. Los huéspedes esperan las indicaciones del anfitrión y silenciosamente reciben lo que se les pone delante de ellos. Sin embargo, esto no es lo que vemos aquí. Verdaderamente este no era un huésped común. En lugar de esperar las indicaciones de su anfitrión, vemos a este ‘extraño’ tomando el lugar del anfitrión: Él es quien dice la bendición y parte el pan. Podemos imaginar que este comportamiento debe haber llamado la atención de todos los demás en la casa. ¿De dónde venía esta autoridad?

NADIE DEBE ESTIRAR SU MANO

Aquí me gustaría citar un pasaje de los Rollos del Mar Muerto. Los sectarios de Qumran creían en el salvador eterno (probablemente creían que era Melquisedec) que vino como humano y era conocido por ellos como el Maestro de Justicia. El Maestro de Justicia era un sacerdote. Miremos un fragmento del documento 1QSa (algunas veces llamado La Regla Mesiánica) y veamos lo que el texto dice sobre el Sacerdote; [el Mes]ías de Israel debe [ingresar]… y [nadie debe estirar] su mano hacia el primer fruto… antes que el Sacerdote, porque [él es quien b]endice el primer fruto del pan y del vino nuevo…[2]

Nadie debe estirar su mano para bendecir el pan: esto significa que en los días de Jesús, se entendía (al menos entre los esenios), que cuando el Mesías llegara, nadie debía estirar la mano para bendecir el pan antes que Él. La autoridad para bendecir el pan pertenecía claramente al anfitrión —a menos que el Mesías estuviera presente—. Y cuando en nuestra historia, este extraño actuaba en la casa “como quien tiene autoridad[3] aún cuando los ojos de los discípulos permanecían velados, sus corazones que habían estado ardiendo durante todo el camino, ahora se llenaban de emoción y expectativa. Para ellos, Su conducta era una señal definitiva de Su dignidad mesiánica.

UN HOMBRE QUE LLEVA UN CÁNTARO

¿Pero por qué y cómo sabrían, incluso ellos, este conocimiento esenio del privilegio del Mesías para partir el pan? Vayamos una semana atrás y observemos a Jesús y sus discípulos acercándose a la Ciudad Santa. Jerusalén estaba plagada de gente que había llegado para la Pascua. Cada casa tenía huéspedes adicionales, cada habitación estaba llena, aún así, Jesús extrañamente, parecía no estar preocupado por el lugar donde comer la comida de Pascua. Confidencialmente, Él les dijo a sus discípulos: “He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare”.[4] ¿Cómo sabía Jesús que ellos encontrarían un hombre con un cántaro de agua? Un hombre con un cántaro de agua era algo poco común de ver, normalmente era un trabajo de mujeres. ¿Por qué un hombre llevaría un cántaro de agua en Jerusalén?

El único grupo de hombres judíos que cargaban cántaros de agua eran los esenios. Como la mayoría de los esenios eran célibes, los hombres hacían el trabajo de las mujeres. Por eso un hombre llevando un cántaro de agua solo podía ser esenio. Los esenios tenían comunidades, no solo en Qumran, sino en otras ciudades. También tenían una comunidad en Jerusalén. Josefo nos dice que una de las puertas de Jerusalén se llamaba “la Puerta de los Esenios”. Aparentemente fue por esta puerta que ingresaron a su comunidad. Por palabras de Jesús, sus discípulos entendieron que tenían que entrar a Jerusalén por la puerta de los esenios. Además, ya que los esenios tenían un calendario diferente, sus habitaciones para huéspedes estaban disponibles. Por eso es que el Maestro sabía que una habitación estaba disponible para la Última Cena. Y esta es la razón por la que una semana después, los discípulos reconocerían Su autoridad mesiánica con la partición del pan.

RECONOCIDO POR EL SUFRIMIENTO

Pero hay algo aún más significativo sucediendo aquí —algo que los esenios no sabían y los discípulos no habían entendido todavía, pero que ahora estaban empezando a comprender—. Sabemos que durante la Última Cena, Jesús fue quien bendijo el pan y el vino, y ya que ellos tuvieron esa comida en la habitación esenia y dentro de la comunidad esenia, mientras partía el pan, Jesús podía haber sido visto como un Mesías esenio. Es por eso que Él se asegura de decirles que Él no es un Mesías bajo el concepto esenio: Él conecta esta partición del pan con lo que estaba por venir, con Su inminente Sufrimiento. “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”.[5]

Ahora, regresemos a la historia de Emaús: cuando este extraño empieza a actuar en la casa “como quien tiene autoridad[6], tomando el rol del anfitrión y partiendo el pan, los corazones de los discípulos —que habían estado ardiendo todo el camino—ahora estaban llenos hasta el borde con emoción. Les fue recordada Su bendición mesiánica durante la Última Cena (si bien lo vieron o alguien se lo contó) por eso para ellos fue una señal segura de Su dignidad mesiánica. Se les vino a la memoria Sus palabras sobre el sufrimiento: “Lo que yo hago, tú no lo comprendes ahora; mas lo entenderás después”.[7] Estas palabras: “mas lo entenderás después”, se estaban cumpliendo, en ese mismo momento: “entonces su ojos fueron abiertos y ellos le reconocieron”. Según lo que cuenta Lucas, esto fue lo que los discípulos reconocieron mientras Él partía el pan: Él era el Mesías —pero no el Mesías que ellos esperaban—; no era el Mesías que esperaba Israel, no era el Mesías que esperaban los esenios. Él era el Mesías Sufriente.

 

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[1] Lucas 24:29-31

[2] 1Qsa, column 2, lines 18-21.

[3] Marcos 1:22

[4] Lucas 22:10

[5] Juan 13:7

[6] Marcos 1:22

[7] Juan 13:7

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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