Coronavirus: La Visión Hebrea

Vamos a hablar de nuevo sobre el Coronavirus —y como pasa a menudo con el hebreo, creo que hoy te esperan algunas sorpresas—. Pero antes de eso, me gustaría terminar el tema que empezamos a discutir aquí: La Última Cena.

La Última Cena y la señal de Jonás

La última vez revisamos el enfoque tradicional: La Última Cena fue la comida de la Pascua (Séder) que tuvo lugar jueves por la noche y Jesús fue crucificado viernes. Hicimos algunas preguntas que plantean este enfoque tradicional —primero que todo, sobre la señal de Jonás—: si Jesús fue crucificado viernes y resucitó domingo, ¿donde están los tres días y las tres noches? Aquí hay una explicación posible: «La expresión “tres días y tres noches” es un idioma del Antiguo Testamento introducida en el Nuevo Testamento, y no necesariamente significa tres días completos y tres noches enteras, pero en números redondos significa, un periodo de alrededor de tres días».[1] Por ejemplo, en el libro de Ester leemos que Ester le dice a Mardoqueo: «Ve, reúne a todos los judíos que están en Susa, y ayunen por mí; no coman ni beban durante tres días, noche o día. Mis sirvientas y yo ayunaremos igual», pero justamente «en el tercer día» ella se presenta ante Asuero.[2]  Esto significa que en las Escrituras la parte de un día se cuenta como un día entero. Por eso se podría decir que Jesús de hecho «estuvo en el sepulcro “tres días y tres noches”: viernes, al cual legalmente le pertenecería la noche a la que nosotros llamaríamos jueves; sábado, que consiste en la noche del viernes y el día del sábado y domingo, al cual le pertenecería la noche del sábado y la madrugada del domingo».[3]

También hablamos sobre el escenario alternativo (que personalmente creo que sucedió): fue un miércoles 13 de Nisán, en que los discípulos prepararon la comida especial que llamamos la Última Cena y que fue, efectivamente, la seudá mafséket —la última comida antes del ayuno de la Festividad de los Primogénitos—. Jesús y sus discípulos tuvieron esa comida el miércoles por la noche, cuando cambió el día al 14 de Nisán. Luego Jesús fue arrestado por la noche, juzgado y sentenciado a primera hora del jueves por la mañana, y crucificado durante el día —y todo sucedió el 14 de Nisán, el día de Pésaj, el día en que se mataba el cordero pascual—. Así pues, el jueves 14 de Nisán, Jesús murió en la cruz; y el domingo 17 de Nisán —en la Festividad de las Primicias— Jesús fue resucitado. «Porque como Jonás estuvo tres días y tres noches en el vientre del gran pez, así el Hijo del Hombre estará tres días y tres noches en el corazón de la tierra».[4]

Una vez más, no pretendo tener las respuestas finales aquí: nadie puede estar un cien por ciento seguro respecto a cómo y cuándo tuvieron lugar estos eventos. Aún con todos las ideas hebreas y detalles de antecedentes judíos que trato de compartir contigo, siempre hay una posibilidad de que nos perdamos algo. «Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios…».

¿Virus o plaga?

De hecho, este versículo: «Las cosas secretas pertenecen al SEÑOR nuestro Dios; pero aquellas cosas que son reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos para siempre, para que podamos cumplir todas la palabras de esta ley»[5] siempre ha sido uno de mis escritos favoritos. Pero aunque sé muy bien que hay «cosas secretas que pertenecen al SEÑOR nuestro Dios», también creo que por la gran misericordia de Dios, esta conexión entre las cosas secretas y las cosas reveladas está continuamente viva y activa: incluso hoy en día el Señor nos habla a través de su Palabra viva, continúa revelando las «cosas secretas». Y para mí, uno de los increíbles ejemplos de estas «cosas secretas» que Dios nos revela hoy, es el lenguaje de las Escrituras. Estoy profundamente convencida de que la lengua hebrea, habiendo sido dada por Dios, es esencialmente distinta a cualquier otro lenguaje humano: como un rollo de película con doble exposición, con las imágenes superpuestas; aquí el significado futuro de las palabras —las realidades todavía invisibles— está colocado sobre su significado básico, y en cierto punto empieza a emerger.

Se me pone la piel de gallina cada vez que descubro estas señales proféticas —estos significados futuros que solo Dios puede conocer y prever de antemano—. Aquí hay un ejemplo y está conectado directamente con nuestra realidad presente. Me gustaría contarte sobre otra palabra hebrea simple que escuchamos muy a menudo en estos días, y la cual tiene una poderosa connotación profética.

«Coronavirus» en hebreo es Negíf Korónanegíf  (נגיף) significa «virus». La palabra negíf es la palabra más prominente que escuchamos estos días en las noticias. Sin embargo uno debe saber hebreo bíblico para reconocer una raíz muy aterradora en esta palabra: negéf o magefá —las palabras que, según el diccionario significan «plaga, pestilencia (juicio divino)». ¿Por qué estas palabras tienen la misma raíz? Probablemente sepas que cuando el idioma hebreo se estuvo restaurando y actualizando, (palabras que no existieron en tiempos bíblicos) muchas palabras nuevas tuvieron que derivarse de raíces bíblicas. Por alguna razón «inexplicable» —diría por alguna razón profética— la palabra «virus» fue derivada de la palabra «plaga», aunque en aquel punto, probablemente nadie vio la posibilidad de una plaga mortífera, en un virus. Hoy por supuesto, es muy diferente: la realidad de un negéf (plaga) bíblico se muestra ferozmente y sin misericordia mediante el significado contemporáneo de la palabra negíf (virus). No creo que haya otro lenguaje donde la palabra «virus» se derive de la palabra «plaga» pero el hebreo, como ya he dicho, es un lenguaje diferente y profundamente profético.

Queremos que esta plaga sea aniquilada, ¿no es cierto? Quizá haya llegado el momento de escuchar la conversación de Dios con Israel aflorando desde las profundidades de su trato con nosotros —porque ahora Dios está tratando con el mundo entero—. Inicialmente, estos tratos pertenecen a las «cosas secretas» de Dios, pero ahora creo que Él quiere que estas cosas secretas sean reveladas y que iluminen nuestros corazones… porque se nos están manifestando ahora, justo delante de nuestros ojos.

 

[1] David Baron, Types, Psalms and Prophecies, Keren Ahvah Meshihit, 2000  p.361.

[2] Ester 4:16-5:1.

[3] Ibid., p. 363.

[4] Mateo 12:40.

[5] Deuteronomio 29:29.

[6] Génesis 6:9.

 

 

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[1] Por el momento solo ofrecemos el curso WTP en inglés, mientras que los cursos DHB están tanto en español como en portugués.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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