Descifrando Los Evangelios Con El Tanach: Lucas (2)

Todavía estamos en el Evangelio de Lucas —pero hoy desde Ein Karem nos movemos hacia Nazaret—. Algo de increíble importancia está sucediendo allí, justo delante de nuestros ojos —aunque para poder descifrar este misterio, necesitaríamos usar otra vez nuestra llave y regresar a las Escrituras hebreas—.

EL EVANGELIO EN GÉNESIS

Cuando leemos sobre el ángel Gabriel apareciéndose a María y comunicándole sobre su milagrosa concepción y nacimiento de su hijo, no podemos evitar recordar la Divina Anunciación del nacimiento milagroso en el libro de Génesis. Quizá recuerden que Génesis 18 comienza con una escena muy interesante, donde Dios se presenta a Abraham bajo la forma de tres Huéspedes Celestiales. Uno de los principales objetivos de esta visita fue la Anunciación —el anuncio del nacimiento milagroso de Isaac—. Este paralelismo todavía es más sorprendente si nos damos cuenta de que Génesis 18 abre la Porción de la Torá Vayera —la misma Porción de la que Torá que finaliza con la Aqedat Izhak, el sacrificio de Isaac—. En este sentido, el punto inicial y final del Evangelio de Lucas es muy similar al punto inicial y final de la Porción de la Torá Vayera: ambos comienzan con la Divina Anunciación del milagroso nacimiento del hijo y terminan con el sacrificio de este hijo milagrosamente concebido y nacido (conocido en las Escrituras como, el “unigénito”).

Un análisis más detallado de ambos textos revela aún más similitudes entre ellos. A las dos mujeres el mensaje celestial les pareció increíble e imposible —porque desde luego, sobrepasa todo entendimiento e imaginación humana—. Por eso, su primera reacción fue de incredulidad y duda. En Génesis 18, cuando el Señor anunció el nacimiento de Isaac, Sara se rió, con aquella famosa risa “dentro de sí misma”: Se rió, pues, Sara entre sí, diciendo: ¿Después que he envejecido tendré deleite, siendo también mi señor ya viejo?[1] Cuando el ángel anunció el nacimiento de Jesús, Entonces María dijo al ángel: ¿Cómo será esto? pues no conozco varón”.[2] Aún así, actuaron con fe y obediencia —y la historia de la humanidad cambió a causa de su fe y obediencia—.

VIRGEN BENDITA… MIRIAM

Hablemos ahora sobre María. Mientras que hoy en día casi todos reconocen el judaísmo de Yeshua (Jesús), Su madre Miriam (María), una mujer galilea del primer siglo, de Nazaret, parece haber sido completamente alienada de su origen judío. A ella se le conoce mejor por los títulos de Virgen Bendita o Nuestra Señora. Sin embargo, en el Nuevo Testamento —especialmente en el Evangelio de Lucas— Miriam es descrita claramente como perteneciendo a su gente.

Por ejemplo, uno debe conocer las costumbres de las bodas judías de aquel tiempo para poder comprender la predicción del embarazo de Miriam. Hubo dos etapas de matrimonio en los tiempos de Jesús: el compromiso matrimonial y el matrimonio, y puede pasar un año o dos entre ellos. Una de las principales razones para el compromiso matrimonial era asegurarse de que la novia no estuviera embarazada. Estar embarazada durante ese periodo de tiempo era un pecado muy grave y una gran humillación. Y sin embargo, fue exactamente en ese tiempo, cuando Miriam ya estaba comprometida con José y estaba esperando la etapa final para el matrimonio, que tuvo lugar la concepción milagrosa.

Miriam sabía que estaba en una situación muy comprometida. ¿Quién creería su historia? Y aquí vemos a esta joven judía, que se entregó por completo al Señor, buscando ayuda y coraje en Él y de Él. En verdad, ella va a Elisheva (Elisabet), a la pequeña villa de Ein Karem, a las afueras de Jerusalén, pero probablemente  en el camino entró a Jerusalén para orar y derramar su alma delante del Señor. Y parece que Dios reconfortó a Miriam mediante la historia bíblica de Hanna —su sufrimiento y su humillación, el milagroso nacimiento y su alabanza—:Mi corazón se regocija en Jehová…Por cuanto me alegré en tu salvación”.[3]porque cuando Miriam saluda a Elisheva, está llena de gozo y gratitud y alaba al Señor con casi las mismas palabras: Engrandece mi alma al Señor. Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador”—.[4]

SU NOMBRE ES MARAVILLOSO

Según Lucas 1:31, María tenía que ponerle por nombre a su hijo, Yeshua. Encontramos una explicación de este nombre en Mateo: “porque él salvará a su pueblo de sus pecados“.[5] En español (o en cualquier otra traducción), no se ve conexión alguna entre el nombre de Jesús y Él salvando a Su pueblo. Sin embargo, para quienes hablan hebreo, esta conexión está muy clara: probablemente saben que, el nombre hebreo de Jesús, Yeshua significa salvación. ¿Hay algo más en este nombre, algún mensaje adicional que se haya podido perder en la traducción?

Yeshua es una forma corta del nombre Yehoshua (“Josué”). Yehoshua es un nombre compuesto por dos partes: La primera parte —Yeho— es la forma del prefijo del Tetragramatón —las cuatro letras del nombre de Dios: YHVH—. La segunda parte viene del verbo hebreo yasha que quiere decir “liberar” o “salvar”. Así pues, principalmente, el nombre de Yehoshua/Yeshua conlleva la idea de que Dios (YHVH) salva —y fue un nombre judío muy popular en el tiempo de Yeshua—.

Sin embargo, el Diccionario Bíblico Hebreo proporciona un sorprendente significado adicional del verbo yasha: otorgar la esencia de la existencia. Así el nombre de Yeshua estaría muy conectado con el Tetragramatón, YHVH, a menudo traducido como “Aquel que hace existir”. Incluso algunos han sugerido que el nombre Yeshua está oculto en YHVH, como “Yeshua HaNazarei Vemelekh HaYehudim”(Hebreo, “Jesús de Nazaret, Rey de los Judíos”, —igual que la inscripción en latín que estaba en la cruz—).

A causa de múltiples traducciones y cambios de pronunciación, el significado tradicional de llamarle “Jesús” ha oscurecido tanto Su nombre como Su mensaje. Sin embargo, Su nombre hebreo Yeshua, tiene un significado perfecto: Él es Aquel que salva y Aquel que otorga la “esencia de la existencia”.

DESDE LAS ENTRAÑAS DE MI MADRE

Algunas veces la gente se pregunta, ‘Si Jesús es el Mesías, ¿por qué no encontramos Su nombre en el Tanach (las Escrituras hebreas)? Podemos encontrar una magnífica respuesta a esto en el capítulo 49 del libro de Isaías, describiendo el llamado y la misión del Siervo Sufriente: “Jehová me llamó desde el vientre, desde las entrañas de mi madre tuvo mi nombre en memoria”. ¿Cuál es el significado de esta profecía? Significa que, aunque muchos de los títulos que describen el carácter y la misión del Mesías, estuvieron revelados en el Tanach: “Emanuel”, “Admirable”, “Consejero”, “Dios Fuerte”, “Padre Eterno”, “Príncipe de Paz” —Su nombre personal tuvo que ser anunciado justo antes de Su nacimiento en el Tiempo— “desde las entrañas de mi madre”. Remarcablemente, esto sucede delante de nuestros ojos cuando Gabriel le dice a María: Y ahora, concebirás en tu vientre, y darás a luz un hijo, y llamarás su nombre JESÚS”.

 

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[1] Génesis 18:12

[2] Lucas 1:34

[3] I Samuel 2:1

[4] Lucas 1:46,47

[5] Mateo 1:21

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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