¿detenerse En Las Escrituras?

Una vez más, encuentro necesario hablar sobre la situación del mundo —y buscar respuestas en la Palabra—. Cuando el mundo empezó a darse cuenta de que el brote inicial del Coronavirus comenzaba a ser una amenaza para todo el mundo, nosotros estábamos leyendo la Porción de la Toráh VaYikrá mientras entrábamos al tercer libro de la Torá, VaYikrá (Levítico). Si tú, como yo, crees que las porciones semanales de la Torá están divinamente ordenadas, y que Dios habla a Su pueblo —y a cada uno de nosotros personalmente— a través de estas porciones de las Escrituras, entonces la entrada de la humanidad en la zona Corona viene a ser incluso más significativa cuando al mismo tiempo nos damos cuenta de que entramos en VaYikrá. ¿Qué hay de especial en este libro?

Sorprendentemente, VaYikrá (Levítico) se coloca en el mismo centro de la Torá: hay dos libros antes, y dos libros después. Hay mucha acción antes de Levítico —todas las historias maravillosas y los eventos de Génesis y Éxodo, todas las grandes narrativas que hacen tan dramáticas y coloreadas las imágenes en las Biblias para niños—. Hay algo de acción después de este libro, aunque el verdadero tono, la clave musical de las historias de estos dos últimos libros, es completamente diferente de los anteriores. Sin embargo, todavía hay acción y actividad tanto en Números como en Deuteronomio. Pero aquí, en VaYikrá, casi no hay narrativa, casi nada de acción —aquí todo se ha detenido—. Esto parece ser como una lectura muy apropiada para este período: sabemos que en algún momento todo se detuvo en todo el mundo. ¿Esta parada significa que abrimos no solo una nueva página, sino un nuevo libro en nuestras vidas?

Pienso que cuando Dios primero comenzó a hablar con Moisés en VaYikrá, Moisés quedó confundido, perplejo, incluso un poco abatido. No es que nunca había escuchado la voz de Dios antes de eso —en el momento en que entramos a VaYikrá—, Moisés ya es un líder grande y talentoso que conoce bien la voz del Señor y ha hecho cosas increíbles para y con Él: había guiado al pueblo fuera de Egipto, había recibido los 10 mandamientos, había acabado de construir el tabernáculo y supongo que después de todas estas actividades importantes, ya estaba listo para continuar. Estoy segura que esperaba que el Señor le continuara dando dirección práctica e instrucciones: «Señor, ¿qué quieres que haga luego? ¿Qué quieres que construya para ti? ¿Dónde quieres que vayamos?». Pero en VaYikrá no hay dónde ir o qué construir. En lugar de eso, Adonái habla de sacrificio.

A menudo muchas veces fallamos al no detenernos cuando deberíamos. En esos momentos, Dios mismo tiene que detenernos —y el libro de Levíticos, VaYikrá, de hecho trata de detenerse. Sí, habrá más acción y más eventos después, en Números y en Deuteronomio, pero por ahora debemos detenernos, escuchar a Dios en silencio y aprender de Él —a sacrificar—. Ir a través de VaYikrá es ir a través del sacrificio.

¿Sabes que en hebreo, la palabra raíz, karáv —las palabras de las que se forman lehakrív, «sacrificar» y korbán «sacrificio»— es la misma raíz que también forma la palabra lehitkarév, «acercarse, atraer, permanecer junto». Sí, es así de simple: si quieres lehitkarév leElohím, «acercarte a Dios», tienes que lehakrív, «pasar por un korbán, sacrificio» —es el mismo proceso, la misma raíz—, y solo cuando aprendemos a sacrificar, llega la verdadera cercanía, la verdadera intimidad con Dios. Esta nueva cercanía con Dios es aún mayor de lo experimentado previamente. Dios nos detiene porque Él quiere que nos acerquemos a Él; Él quiere de nosotros lehakrív y al hacerlo, lehitkarév.

¿Cómo nos detiene Dios? Vayamos a dar una mirada a la forma en que el libro de Levítico conecta con la lectura precedente de la Torá —las palabras finales de libro de Éxodo—. Los versículos finales de Éxodo describen la finalización del santuario —aquel maravilloso Templo portátil construido a los pies del Monte Sinaí—. Este santuario tenía que acompañar al pueblo judío a través de su largo viaje por el desierto y tenía que ser asentado en la tierra de Israel cuando llegaban finalmente allí. Los capítulos finales del libro de Éxodo, describen en su totalidad, los esfuerzos del pueblo al construir el tabernáculo. Finalmente, en el último capítulo, se termina. Y entonces, —¿qué sucede después?—.

«Entonces la nube cubrió el tabernáculo».[1] Una espesa nube cubrió el santuario recién construido. Por causa de esta nube, el mismo Moisés fue incapaz de entrar en el santuario. ¿Puedes imaginarlo? Después de todo el esfuerzo que se había invertido en ese edificio, este fue cubierto por una nube y parecía totalmente inaccesible y totalmente inútil.

Podrías preguntarte: ¿de qué estás hablando? No fue simplemente una nube —fue la gloria de Dios, la presencia de Dios que cubrió el santuario—. Desde luego, todos saben ahora que fue la presencia de Dios y no simplemente una nube. Pero piensa en aquel primer momento cuando sucedió —¿cómo podían ellos saber exactamente que fue esa nube?—. ¡Oh sí!, estoy segura de que Moisés tuvo fe, que incluso en aquel momento no dudó o cuestionó a Dios, pero también estoy más que segura de que allí hubo muchos que protestaron, preguntándose por qué en el mundo habían pasado tanto tiempo construyendo aquello que ahora parecía inaccesible e inútil.

Nosotros siempre tenemos esta elección: reconocer la presencia de Dios, la mano de Dios, la voz de Dios —o simplemente ver una nube que interfiere en nuestros planes, algo que «simplemente» sucedió para llegar en un mal momento y resultó ser un obstáculo en nuestra adoración—. De un modo sorprendente, como todo en la Torá, esta elección está reflejada por la primera palabra del libro VaYikrá. En el texto hebreo original, la palabra VaYikrá tiene una característica específica: está escrita con una álef  miniatura al final. En la Torá hay tres tamaños de letras —regular, de gran tamaño y miniatura— y cada vez que vemos una letra de tamaño diferente, debemos buscar una profunda explicación. Así pues, ¿por qué tenemos aquí esta álef miniatura?

Nuestros sabios han ofrecido diversas explicaciones, la mayoría tiene que ver con la humildad: Se dijo que Moisés obtuvo el nivel más elevado de humildad, y fue expresado por la álef pequeña de VaYikrá. Sin embargo, también hay una explicación importante que quisiera compartir contigo. La palabra VaYikrá sin la álef, se leería VaYikér que quiere decir «y sucedió». Hay una enorme y verdadera diferencia ontológica entre la opinión universal basada en VaYikrá – «y Él llamó», y la amplia opinión basada en VaYikér – «y sucedió». Aquí volvemos de nuevo, si simplemente vemos una nube o si vemos realmente Su presencia cubriendo el tabernáculo. Nuestros sabios dicen que cuando se abrió el Mar Rojo, todos los mares del mundo se abrieron al mismo tiempo —porque el Señor siempre nos deja elegir la percepción de Sus milagros como algún evento natural—.

Desde luego, no estoy comparando el Coronavirus con la gloria de Dios en el tabernáculo. Simplemente digo que, mientras estemos aquí en la tierra, todo, absolutamente todo, puede verse como algo que «simplemente sucedió» en lugar de algo que Él llamó a existir. Pero la fe sabe que hay una pequeña álef más allá de todo lo que «simplemente sucede», y es esta álef  la que hace toda la diferencia. Por eso es que Moisés, que fue un hombre de fe, fue capaz, no solo de reconocer la presencia de Dios en lo que parecía ser solo una nube y avanzar hacia el siguiente libro de su vida, sino también avanzar a través de este libro, a través de VaYikrálehakrív, para llegar a lehitkarév—.

 

[1] Éxodo 40:3.

Este artículo es un extracto del libro en el que actualmente estoy trabajando. El libro tiene que ver con las plagas de la Biblia, espero que sea publicado y esté disponible pronto. Entre tanto, todos mis otros libros, con extractos hebreos de la Torá y con ideas del trasfondo judío en el Nuevo Testamento, están disponibles en Amazon: http://wwwamazon.com/Julia-Blum/e/B00LUV0JN8?ref=dbs_p_ebk_r00_ban_000000_ o  en mi página: https://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/     .

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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