Ejercicios De ComparaciÓn (4): Dos Epifanías

La última vez comenzamos a comparar las circunstancias de Agar, la sirvienta de Sara, la madre de Ismael, en dos capítulos diferentes de Génesis donde ella experimentó una epifanía: en Génesis 16, cuando Agar estuvo embarazada y huyó de Sara; y en Génesis 21, después de que ella e Ismael, su hijo adolescente, fuesen expulsados del campamento de Abraham. Llegamos a la conclusión de que en Génesis 21, Agar estuvo en una situación mucho peor. Nada puede compararse con la angustia en el corazón de una madre cuando su hijo está sufriendo, y ese es el tormento que está atravesando en Génesis 21. Más aún, la Agar de Génesis 21 es una mujer muy distinta a la Agar de Génesis 16. La obstinada joven que conocía su camino y que sabía hacia dónde ir, había desaparecido; la indefensa y vulnerable madre, angustiada por su hijo, e intentando salvarle desesperadamente, tomo su lugar. Creo que esta es precisamente la causa de que su segunda epifanía fuese tan distinta de la primera.

Y entonces, aprendimos mucho sobre Agar cuando comparamos estas dos escenas y nos dimos cuenta cuán diferentes fueron sus circunstancias en estos capítulos. Hoy, por lo tanto, veremos cuán diferentes fueron las respuestas de Dios en estos dos casos. Para mí es de gran bendición ver cómo Dios responde en cada situación. En estos dos capítulos Él tocó su vida y abrió su corazón de dos maneras completamente distintas. ¡Observemos las diferencias!

Dios sabía que la joven de Génesis 16, mejor que nadie, necesitaba un cambio de corazón. Ciertamente ella creyó que sus circunstancias eran muy difíciles, y desde luego, así eran. Sin embargo, más que cualquier otra cosa, necesitaba un cambio interior y Dios lo sabía. Las terribles tormentas y tormentos sin fin de su alma, el amor y el odio, las acusaciones y la culpa, la amargura y la compasión, todo entrelazado y retorcido, la herían constantemente mucho más que cualquier otra cosa, ella necesitaba paz en su corazón. Por eso, cuando el ángel se le apareció a Agar en Génesis 16, Dios le dio paz. Él cambió su corazón completamente, pero Él no cambió sus circunstancias.

Por favor, toma un momento para pensar en esta situación. Imagínate en medio de circunstancias muy difíciles y que entonces, de súbito te encuentras a Uno que realmente puede hacer algo —puede cambiarlo todo—. ¿Acaso no esperarías que Él te ayude a cambiar tus circunstancias? Agar no pidió ese encuentro y tampoco lo esperaba, pero ya que sucedió, ¿no sería posible que Él la ayudase un poco? ¿Por qué Él la envía de regreso a la misma aflicción de la que huía? Él no prometió ningún cambio positivo; Él no le dijo que Sara cambiaría de actitud y sería más benevolente con ella y más compasiva, o que la vida de Agar sería mucho más llevadera ahora. Él no le dijo nada de esto. Él simplemente le dijo: «Regresa con tu señora y sométete bajo su mano».

Extraordinariamente, en hebreo, el verbo que aquí es traducido como «someter» deriva de la misma raíz que la palabra «afligir» en Génesis 16:6: «Sarai la afligió». En español es imposible derivar ambas palabras de una misma raíz; sin embargo, en hebreo es la misma raíz, aunque con diferentes formas: activa y pasiva. En cierto sentido, esto hace que el significado original sea aún más fuerte, como si el Señor le dijese a Agar: «Regresa a tu señora y sé afligida».

Cuando estudiamos esta raíz (‘aná –  הנע) en la Escrituras, la primera impresión es que la palabra se usa en sentido negativo; indicando solo malas acciones:

«Y cuando Siquem hijo de Hamor… la vio, la tomó, se acostó con ella y la ensució.

Por eso pusieron capataces sobre ellos para afligirlos.

No afligirás a la viuda ni al huérfano».

Aún así, no hace falta decir que si el ángel del Señor usó estas mismas palabras en su mandato a Agar, no pueden ser solo negativas. Desde luego, encontramos casos muy diferentes de la misma palabra cuando se refiere a lo que Dios hace.

«…el Señor guiará tu camino estos cuarenta años por el desierto, para humillarte y probarte, para saber lo que hay en tu corazón, si guardas sus mandamientos o no».

«Para humillarte y probarte». Entonces entendemos que no fue sobre Agar y Sara, o sobre lo que Sara le hacía a Agar —fue sobre Dios y Agar y lo que Dios hacía por medio de Sara—: Dios le ordenó a Agar regresar a su señora y someterse bajo su mano porque Él la quería humillar y probar. Él la envió de regreso a su «injusta y cruel» señora (o así parecía Sara en aquel tiempo) y a las mismas circunstancias sabiendo que su corazón transformado le permitiría soportar con paciencia la misma aflicción de la que ella había escapado. Una vez más, Él no cambió absolutamente nada en el plano visible —pero Él debía transformar completamente el corazón de ella—. Esta transformación de corazón fue tan real que después de este encuentro ella nombró a Dios como El Roí”, «Aquel que me ve».

La situación es muy diferente en Génesis 21: Aquí, Dios salva físicamente la vida de Agar y de su hijo Ismael. «Entonces Dios abrió sus ojos y ella vio un pozo de agua». Una vez más, Él se muestra como El Roí «Aquel que nos ve»; Él vio la necesidad y sufrimiento y acudió para salvarlos. Esto es maravilloso —siempre vemos a Dios acudir y manifestarse como El Roí, «Aquel que nos ve»—, especialmente cuando sufrimos. Aunque debemos recordar, antes de que Dios cambiara las circunstancias visibles de una manera poderosa en Génesis 21, Él había cambiado el corazón de ella en Génesis 16. Tan impresionante y maravilloso como es, el milagro de Génesis 21 no hubiese sucedido si el milagro de Génesis 16 no hubiera tomado lugar primero en el corazón de Agar.  El corazón ha de ser sanado en primer lugar y entonces, el milagro llega.

¿Donde presenciamos el mayor milagro, en Génesis 16 o en Génesis 21? ¿Dónde se manifiesta mejor el poder de Dios —en las historias visibles de sanidad y milagros, o en la transformación invisible del corazón?— Dios sabe —y solo Él conoce— si tu corazón es el que necesita sanidad, incluso en medio de las más duras circunstancias; o si es tu situación la que necesita el cambio y necesitas una salida visible. En su momento, Él abrirá tus ojos y también verás «el pozo de agua».

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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