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El reloj profético

Puede ser que alguno de mis lectores recuerden mi post del Año Nuevo anterior: INICIO DEL 2017 DESDE JERUSALÉN. Escribí sobre la “profecía” de Rabbi Judah Ben Samuel (el nombre en hebreo es Yehudah Hachassid –Judá el Piadoso–) y sobre numerosos sitios web de habla inglesa que “profetizaron” la llegada del Mesías durante el 2017. Demostré que no tenemos pruebas de que exista tal profecía, y por lo tanto, tenemos muchas razones para ser cautelosos con estas especulaciones. Entonces escribí: “Dicho esto, debo admitir que entiendo completamente estos sentimientos hacia el 2017, y también tiendo a mirarlo como un año de significado profético. Todos sabemos que el reloj profético de Dios está unido a Israel y a Jerusalén. El primer acto oficial de una nación gentil que dio a los judíos el derecho legal a la Tierra Santa, fue la Declaración de Balfour, y sucedió en 1917. Luego, 50 años después, en 1967, después de la Guerra de los Seis Días, Jerusalén fue recapturada, reunida, y declarada como la eterna e indivisible capital del Estado de Israel. 50 años después de 1967, entrando en el año 2017 –y entrando desde Jerusalén– no puedo dejar de anticipar el significado de este año para mi país y mi ciudad, para Israel y para Jerusalén, –y para todo el mundo–”.

Cuanto más se acercaba el Año Nuevo, más me preocupaba al pensar sobre mi post del Año Nuevo y el hecho de que, a pesar de mis predicciones, nada importante sucedió para Israel o Jerusalén en el 2017. Aunque existe el tiempo de Dios, nadie puede preverlo. Así de repente –o se sintió de repente– el 6 de diciembre, escuchamos la declaración de Trump respecto al reconocimiento de Jerusalén como la capital de Israel. Sé que hay opiniones controvertidas sobre esto, y no voy a entrar en debates políticos aquí –y créeme–, aquí también es un terreno muy controvertido porque primero que todo, es Israel quien paga el precio de la audacia de Trump pero mientras esperaba escuchar la declaración de Trump—, el comentarista de las noticias de FOX dijo: “Esperamos que el Presidente Trump venga y cambie la historia”. Probablemente en ese momento me di cuenta de que este “cambio de la historia” estaba sucediendo en el 2017. Y creo que aporta una luz adicional en la actitud del Presidente Trump: parece ser un evento profético, especialmente porque sucedió de completo acuerdo con el reloj profético de Dios: 1917 – 1967 – 2017.[1] La manecilla del reloj se ha adelantado otra vez.

 

Dios lo encaminó a bien

¿Quiere decir que, así como nos acercamos al Año Nuevo, todos tenemos más razones para escuchar lo que Dios nos dice? Creo que las porciones semanales de la Torá están divinamente ordenadas y que Dios habla a Su pueblo –y a cada uno de nosotros personalmente– a través de estas porciones de la Escritura –Parashot Shavua–. La transición de un año a otro viene a ser incluso más significativa cuando nos damos cuenta que la Porción de la Torá para el 30 de Diciembre –el último Sabbat del 2017– es Vayechi, la última porción del libro de Génesis. ¿Puedes imaginarlo? Iniciaremos el Año Nuevo después de haber finalizado el libro de Génesis: abriendo, verdaderamente, no solo una nueva página, sino abriendo un nuevo libro en nuestras vidas.

Hay muchas cosas que podemos decir respecto a Vayechi (así como acerca de cada porción de la Torá). Por ejemplo, la inmensa y profética bendición de Jacob a sus hijos está en esta porción, y desde luego, se puede decir muchísimo sobre estas bendiciones. Sin embargo, quisiera puntualizar algo que fue como un desafío personal para mí –y espero que sea también un desafío para ustedes–. Hacia el final del libro –como un sello en la historia de José, en el libro de Génesis, y también en nuestras vidas– José les dice a sus hermanos: “Dios lo encaminó a bien”. ¿No son estas palabras maravillosas para el Año Nuevo? Tanto en la Biblia como en nuestras vidas, Dios siempre lleva adelante Su plan a través de la gente: no solo mediante las fuerzas y la fe de la gente, sino también mediante sus debilidades y errores. Es una sensación maravillosa: cuando uno puede mirar atrás en el año que está finalizando, ver todos los errores y fechorías que cada uno experimentó en este año y confiar que el Señor obrará para bien, incluso desde nuestros errores: “Dios lo encaminó a bien”.

Como Efraín y Manasés

Hay una escena muy interesante en esta porción que explica uno de los dilemas de las costumbres judías. Durante la celebración de cada Sabbat los viernes por la noche, los padres judíos bendicen a sus hijos con la bendición sacerdotal.[2] La línea introductoria de esta bendición depende de si la criatura es niño o niña.

Para las niñas, la línea de introducción es:

Que Dios te haga como Sara, Rebeca, Raquel y Lea.

Para los niños es:

Que Dios te haga como Efraín y Manasés.

¿Por qué los padres bendicen a sus hijos con los nombres de los hijos de José? ¿Por qué los hijos de José son elegidos en esta bendición, antes que los patriarcas Abraham, Isaac, y Jacob?

Sabemos que los dos hijos de José nacieron en Egipto. Antes que nada, intentemos entender el significado de sus nombres en el hebreo original. José llamó a su primogénito por el nombre de Manasés. El nombre Menashe (Manasés) deriva de la raíz hebrea נָשָׁה : “causa de olvido”. José quería olvidar todo el sufrimiento y aflicción por el que pasó. Por eso llamó a su hijo Manasés. El segundo fue llamado Efraín. El nombre de Efraín deriva de la raíz פָּרָה  – “hacer fructífero”. Evidentemente, José fue capaz de olvidar su sufrimiento y seguir hacia delante: vino a ser fructífero y productivo en tierra extraña.

Antes de su muerte, Jacob elige a sus dos nietos para bendecirlos a través de los siglos: “Él les bendijo en aquel día diciendo: “Y los bendijo aquel día, diciendo: En ti bendecirá Israel, diciendo: Hágate Dios como a Efraín y como a Manasés. Y puso a Efraín antes de Manasés”.’[3] Los rabinos judíos ven un mensaje poderoso en esta bendición. Cuando nosotros decimos a nuestros hijos: “Que Dios te haga como Efraín y Manasés” les deseamos que estén siempre conectados espiritualmente con su pueblo y con su Dios, sin mirar dónde viven y crecen. Más aún, Efraín y Manasés son los primeros hermanos en la Torá cuya relación no está marcada por los celos y la rivalidad –un poderoso testimonio de la paz en el corazón de José y en la casa de José–. Creo que este es el mensaje que Dios nos da para este Año Nuevo: Él quiere que tengamos paz en nuestros corazones y paz en nuestros hogares, y estar siempre en sintonía con el Dios de Israel sin importar cuán poderoso y tentador sea nuestro entorno “egipcio”.

 

[1] También fue el 8 de diciembre de 1947 que la ONU proclamó el establecimiento del Estado Judío en la tierra de Israel, casi exactamente 70 años antes de la declaración de Trump –siendo el 70 otro número bíblico importante–.

[2] Números 6:24-26

[3] Génesis 48:20

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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