La Segunda Revelación – Otra Vez Va’erá

Incluso desde el último artículo he estado contemplando esta  «segunda revelación» maravillosa que vemos al principio de la porción de la Torá Va’erá en Éxodo 6. Hay algunos detalles de crucial importancia en esta revelación, y entre más pienso en ellos, más me doy cuenta de que simplemente no podría ni debería pasarlos por alto. Así que todavía estamos en la Parashát Va’erá, y a partir de ahora estaremos discutiendo las porciones de la Torá aquí, solo unos días «después» serán leídas en las sinagogas de todo el mundo (en lugar de unos días antes).

¿Te conozco?

Primero quiero hablar sobre la palabra hebrea «conocer». Quizá recuerden la pregunta que hice en el artículo anterior (y muchos lo han preguntado antes que yo): ¿Los patriarcas conocieron el nombre de Dios —(יהיה; YHVH)— antes de que Dios se lo revelara a Moisés? En Éxodo 6:2-3, Dios le dice a Moisés: «Yo soy el Señor. Me aparecí a Abraham, a Isaac y a Jacob como Dios Todopoderoso, pero por mi nombre Señor, no fui conocido a ellos». Hablamos sobre la supuesta contradicción entre esta afirmación y la frecuente aparición del nombre YHVH en Génesis. Compartí con ustedes algunos comentarios judíos y luego escribí que la explicación de esta «contradicción» debería ser vista en hebreo: la mayoría de estudiantes cristianos de la Biblia se equivocan al entender el significado del verbo hebreo «conocer» (Yadá). Cuando alguien lee este versículo como una indicación de que el nombre de YHVH no fue conocido antes de Moisés, él simplemente no entiende la profundidad de este verbo. Yadá en las Escrituras hebreas, es una palabra muy importante y hoy le vamos a dar una mirada más profundamente.

La raíz hebrea yadá (normalmente representada como «conocer») aparece más de 900 veces en la Biblia hebrea. La idea de «conocer» en la Biblia hebrea es mucho más íntima y personal que nuestra comprensión moderna de conocimiento.[1] En las Escrituras hebreas, «conocer» significa no solo estar informado intelectualmente, sino experimentar la realidad. Conocimiento no es posesión de la información: es una experiencia. «Conocer a Dios» en la Biblia no es«conocer sobre Él» en un sentido abstracto e impersonal, no es captar filosóficamente su existencia eterna, sino reconocer y experimentar Su realidad y obedecer Su voluntad.

En este sentido vemos una conexión muy clara entre el versículo que acabo de citar, donde Dios revela Su nombre a Moisés (Éxodo 6:3) y el versículo 7 del mismo capítulo, donde Dios continúa hablándole a Moisés y le dice: «Los tomaré como mi pueblo, y seré su Dios. Entonces conocerán que soy el Señor su Dios que los sacó de debajo de las cargas de los egipcios»¿Recuerdan que incluso antes de esta segunda revelación, se suponía que Moisés le diría al pueblo de Israel el nombre del Señor —este fue el mandato que recibió en Éxodo 3, en la «zarza ardiente»?—. Sin embargo, presten mucha atención. Dios no espera que los israelitas lo conozcan a Él ni a Su nombre después de que Moisés les dijera este nombre, entre Éxodo 3 y Éxodo 6. Solo es después de que experimentan la realidad de Éxodo —la realidad de Su fidelidad, Su compasión y Su poder— que lo conocerán. No es de extrañar, Él «no fue conocido» así a las generaciones anteriores, a Abraham, a Isaac y a Jacob, porque no lo habían experimentado de esa manera.

Es remarcable que también en el Nuevo Testamento, la palabra griega que normalmente se aplica como «conocer», haya sido influenciada por el mismo significado de yadá que encontramos en la Biblia hebrea. Aquí también, conocer a Dios no es simplemente una contemplación intelectual y filosófica, sino que es una respuesta de fe y obediencia. Tanto en las Escrituras hebreas como en el Nuevo Testamento, no es la ignorancia lo opuesto al conocimiento, sino la rebelión.

El Nombre

El nombre divino revelado a Moisés —(יהיה; YHVH)— es ampliamente transcrito en las Biblias cristianas como Jehová. ¿Esta pronunciación es correcta? ¿Cuál fue la vocalización original de este nombre? La pronunciación original muy probablemente fue Yahvé, sin embargo, debo admitir que no tenemos suficientes datos para dar alguna confirmación definitiva. Sabemos que al inicio su pronunciación estuvo restringida solo al servicio del Templo; más tarde, solo al Sumo Sacerdote, y solo en el Día de la Expiación; finalmente, después de la destrucción del Templo, recibió una pronunciación sustituta: se hizo costumbre decir la palabra Adonái («mi Señor») cuando se leía יהיה.

Así pues, ¿cómo obtenemos de aquí Jehová? Podrían quedar sorprendidos por la explicación. Los masoretas que vocalizaban las Escrituras hebreas, tomaban las vocales de la palabra Adonái y vocalizaban con estas vocales la palabra יהיה —como un recordatorio al lector de que necesitaba sustituirla—. Los traductores cristianos que no sabían eso, transcribieron la palabra יהיה de acuerdo con esta vocalización sustituta y así el nombre de Jehová entró en las Biblias cristianas.

Probablemente sepan que en el primer capítulo de Génesis, el Creador es llamado (Dios) Elohím, y en el segundo capítulo se refieren a Él como «Señor Dios» (Adonái Elohím). Aquí, por primera vez, encontramos el mismo nombre que fue revelado a Moisés en Éxodo 6 y que supuestamente no fue conocido antes que eso. Entonces, ¿cómo se relacionan y correlacionan entre sí los dos nombres de Dios?

La tradición judía interpreta los nombres de Elohím y Adonái como una explicación de las dos facetas de la naturaleza de Dios: Su justicia y Su misericordia. Esta comprensión de los diferentes nombres de Dios, también explican estos dos diferentes relatos de la creación —Génesis 1 y Génesis 2—. El Midrásh dice que Dios originalmente creó el mundo como Elohím (Génesis 1), pero después es llamado Adonái Elohím (Génesis 2) porque Él vio que sin Su misericordia, Su creación no sobreviviría.

Guardando esto en mente, vamos a leer otra vez la «segunda revelación». Empieza diciendo: «Elohím habló a Moisés» y entonces sigue diciendo: «Yo soy YHVH». ¿No es a menudo así? Primero, Dios se revela a sí mismo como un Dios de justicia asombroso y temible, pero después levantan los ojos y notan que hay lágrimas en sus ojos. Él escucha el lamento de los israelitas. Él escucha sus lamentos. En Génesis 22, fue Elohím quien ordenó a Abraham sacrificar a Isaac. Sin embargo, fue el ángel del Señor quien al final detuvó la mano de Abraham. Él es YHVH —Dios de compasión y de misericordia—.

[1] Por favor recuerden: estamos hablando del hebreo bíblico; en el hebreo moderno este verbo más o menos corresponde al español regular «conocer».

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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