Los Tabernáculos En El Nuevo Testamento

Mis queridos lectores, quizá recuerden que mi artículo de Rosh Hashaná de este año se llamó: «Entre el pasado y el futuro». Creo que este título sería el apropiado para cada una de estas festividades de otoño: ya que todas son recordatorios de algo que había sucedido o que había sido ordenado por Dios —al mismo tiempo son poderosos enunciados proféticos dichos en voz alta sobre cosas por venir —. Por eso, ya que estamos en esta maravillosa temporada, podemos mirar realmente en ambas direcciones. En nuestro artículo de Yom Kippur, miramos hacia atrás: desde el libro de Levítico, donde el Día de Expiación es descrito por completo, hasta el libro de Génesis donde encontramos los primeros destellos asombrosos del concepto bíblico de expiación. Hoy, hablando de Sukkot, echaremos una mirada en dirección opuesta: desde la Torá, donde la Fiesta de los Tabernáculos es explicada y ordenada, hasta el siglo I de la vida judía, para ver cómo se celebraban entonces los tabernáculos allí.

¿Por qué Pedro quiso construir tabernáculos?

Una de las historias más sorprendentes en los Evangelios es la historia de la transfiguración. Todos los Evangelios sinópticos describen a Jesús subiendo a la montaña y siendo transfigurado allí: brillando «como el sol» y hablando con Moisés y Elías. Toda la escena presenta un hermoso cuadro de la gloria celestial. ¿Y cuál es la reacción de los apóstoles siendo testigos de esta escena? De súbito, Pedro sugiere que podrían construir tabernáculos: «Señor, es bueno para nosotros estar aquí; si deseas, hagamos tres tabernáculos, uno para ti, uno para Moisés y uno para Elías».[1] ¡Qué extraña e inesperada sugerencia! ¿De dónde vino?

Todos sabemos que los tabernáculos (sukkot) son esas pequeñas cabañas que se les ordenó construir a los judíos en Sukkot para recordar aquellas cabañas del desierto donde vivieron cuando Dios los sacó de Egipto. Sin embargo, en textos judíos posteriores, Sukkot se convirtió en símbolo de las nubes divinas —las nubes de gloria que milagrosamente rodearon a los judíos durante los cuarenta años que pasaron en el desierto—. ¿Cuál es la historia que hay detrás de este simbolismo?

Según la tradición judía, Moisés bajó con el segundo juego de tablas en Yom Kippur. En Yom Kippur, Dios perdonó a su pueblo tras el terrible pecado del becerro de oro. Sin embargo, solo es en Sukkot que la presencia de Dios  regresó para habitar entre su pueblo; solo es en Sukkot que aquellas nubes divinas cubrieron las cabañas hechas a mano. Este es el misterio y el gozo de Sukkot —el misterio y el gozo del regreso de Dios y la compañía renovada—.

Por eso Sukkot es efectivamente una fiesta de intimidad y presencia divina; por eso Sukkot es la festividad más alegre de las festividades bíblicas: Si la Pascua es llamada la «época de nuestra liberación», y Shavuot es llamado «tiempo de de la entrega de la Torá», Sukkot es llamado zmán simjatéinu, «el tiempo de nuestra alegría» —porque Dios, en su misericordia, vino a morar con su pueblo—. Y por eso la sukká se ha transformado en un símbolo poderoso de la presencia divina. Cuando Pedro se ofreció para construir la sukkot, simplemente se refirió a este símbolo tradicional para expresar la gloriosa presencia de Dios que estaba experimentando. Muchos detalles en los Evangelios se vuelven claros cuando se ven a través de los lentes del judaísmo del siglo I —y sin duda, este es uno de dichos detalles—.

Ushpizín

La importancia de conocer estos detalles se ve claramente cuando intentamos comprender Juan 7, contándonos sobre Jesús celebrando Sukkot. Aquí leemos que cuando la «Fiesta de los tabernáculos estuvo cerca» los hermanos de Jesús intentaron convencerle para ir a Jerusalén y celebrarlo pero Él respondió: «Mi tiempo no ha llegado todavía». Y entonces encontramos un reporte intrigante: «Pero cuando sus hermanos se fueron, entonces Él también fue a la fiesta, no abiertamente, sino como si fuese en secreto». Ya que el primer versículo de este capítulo nos dice que «Él no quiso caminar en Judea porque los judíos buscaban matarle», la explicación tradicional dice que no fue abiertamente a causa de estas amenazas. Pero, ¿quizá hay algo más en esta declaración que simplemente el supuesto temor de Jesús por su vida? Después de todo, sabemos que «nadie levantó su mano contra Él porque su hora todavía no había llegado», entonces, ¿por qué subió en secreto?

Algún conocimiento básico sobre Sukkot sería de ayuda aquí. Primero que todo, necesitamos recordar que Sukkot fue una de las festividades durante las cuales, cada judío varón, tenía que ir a Jerusalén para adorar. Entonces, por supuesto, Jesús cumpliría el mandamiento de ir a Jerusalén y cuando Él les dice a sus hermanos: «Todavía no voy a esta fiesta», debemos comprender que el énfasis está en «todavía» —Él no va todavía—. Él no está yendo ahora, con el grupo de peregrinos marchando adelante, Él viajará en el último momento y de incógnito (no necesariamente solo, pero tampoco con una gran caravana). Pero, ¿por qué va de incógnito?

Uno de los aspectos más importantes de Sukkot es invitar a huéspedes a la sukká (cabaña) propia. Durante la semana de la festividad, la gente se mueve  de una sukká a otra ofreciendo hospitalidad y experimentando hospitalidad, pasando de ser anfitriones a ser huéspedes. Algunas veces esta costumbre es llamada ushpizín (ushpizín, אושפיזין, literalmente quiere decir «anfitrión» en arameo) después de la peculiar costumbre original de ushpizín —invitando a la sukká no solo a huéspedes físicos, sino a huéspedes espirituales o trascendentales como los «siete pastores» de Israel—: Abraham, Isaac, Jacob, Moisés, Aarón, José y David. La tradición de «ushpizín espiritual» no surgió plenamente hasta mediados de la Edad Media, desde luego y por supuesto, no fue en los tiempos de Jesús. Sin embargo, la práctica de la hospitalidad, invitando a huéspedes físicos (ha-jnásat orjím) siempre ha sido uno de los mandamientos más importantes en el judaísmo. Recibir huéspedes en Sukkot es especialmente importante, ya que de muchas formas, la sukká representa y refleja la tienda de Abraham y la tradición judía deriva la mitzvá de la hospitalidad de Abraham (Génesis 18). Por lo tanto, no hay duda de que la práctica de invitar huéspedes a la sukká, especialmente huéspedes honorables, también fue extendida en los días de Jesús. También se debe obsevar que aunque la gente podía invitar huéspedes para todas las noches intermedias de la fiesta, desde luego, la noche más festiva e importante fue la primera noche —la víspera de Sukkot—.

Ahora, regresemos a Jesús —siendo un famoso rabino y maestro—, probablemente estaría invitado para esa noche especial por varias personas, e inevitablemente, tendría que rechazar algunas invitaciones. Creo que por eso no hizo su aparición en público y fue, «por así decirlo, en secreto»—probablemente a celebrar Sukkot con alguien que fue especialmente muy querido en su corazón (tal vez el mismo Juan, «el discípulo a quien Él amaba»)—. Cuando Jesús apareció públicamente en el Templo «a la mitad de la fiesta»,[2] ya era Jól HaMóed, los días intermedios de Sukkot, y probablemente estuvo preparado para aceptar las invitaciones adicionales para las noches intermedias. Si bien no tenemos manera de saber por qué Jesús fue «en secreto» a la fiesta, esta es una de las posibles explicaciones —perfectamente plausible para cualquiera que haya celebrado Sukkot en Israel—.

¡JÁG SUKKOT SAMÉAJ, QUERIDOS AMIGOS!

¡QUE PUEDAN EXPERIMENTAR EL PROFUNDO GOZO DE SU PRESENCIA DURANTE ESTE MARAVILLOSO PERIODO!

[1] Mateo 17:4.

[2] Juan 7:14.

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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