PorciÓn De La TorÁ En Tiempo Actual (2): Entrando En NisÁn

¿QUÉ PORCIÓN DE LA TORÁ ESCUCHÓ JESÚS?

Hoy, en la mayoría de las sinagogas, las lecturas semanales de la Torá siguen un ciclo anual, en el que los cinco Libros de Moisés se leen en un año. Sin embargo, en el tiempo de Jesús, existió otro ciclo de lecturas en la Tierra: el llamado ciclo “trienal” que duraba aproximadamente tres años. Desafortunadamente no poseemos suficiente información respecto al ciclo trienal; diferentes fuentes clasifican diversos números de sedarim, secciones semanales de la Torá para lectura pública. Ni siquiera estamos seguros si la lectura de la Torá, según el ciclo trienal, se completó realmente en tres años. Algunas fuentes hablan de 167 sedarim, secciones semanales de la Torá, y el ciclo de 167 sedarim solo puede ser completado en tres años y medio. Igualmente hay otros números también: 175, 154, 141. Hoy en día cuando una congragación o sinagoga sigue el ciclo trienal, normalmente tiene 154 secciones semanales.

El ciclo anual era aceptado en las academias babilónicas, mientras que el ciclo trienal era usado mayormente en la Tierra. Por eso, existe la posibilidad de que Jesús siguiera el ciclo trienal —desafortunadamente, tal como ya he mencionado, la información que tenemos no es suficiente para dar una conclusión definitiva—. Probablemente hubo algunas sinagogas en la Tierra que siguieron el ciclo anual, en cuyo caso podríamos imaginar que Jesús, en aquellas fechas del año, cuando se entraba en el mes de Su sacrificio, se entraba en el Libro referente al sacrificio: la porción de la Torá para la primera semana de Nisán, es VaYikra, la primera porción de la Torá de Levítico.

VAYIKRA

El libro de VaYikra (Levítico), se encuentra en el centro de la Torá: hay dos libros antes y dos libros después. Hay mucha acción antes de Levítico; todos los eventos e historias maravillosas de Génesis y Éxodo, todas las grandes narrativas que crean imágenes tan dramáticas y coloridas en las biblias de los niños. También hay algo de acción después de este libro, en Números y Deuteronomio, aunque el verdadero tono de las historias en los dos últimos  libros es completamente distinto de los primeros. Pero aquí, en VaYikra, casi no hay narrativas, casi no hay acción —aquí todo está quieto—. ¿Por qué?

La Torá es sorprendente. Es increíble cómo encontramos en cada lectura algo completamente nuevo, en lo que parece ser tan conocido. Solo recientemente descubrí cuan profundamente la topografía espiritual de nuestras vidas es reflejada por la propia colocación de sus libros. Ciertamente puedo relacionarme —como imagino que muchos de nosotros podemos— con esta topografía espiritual. Todos hemos tenido nuestros periodos de Génesis y Éxodo, llenos de eventos e historias, acciones y narrativas, y a través de todas esas historias, todos esos momentos turbulentos y batallas, Dios eventualmente nos trajo a cada uno al pináculo de nuestras vidas, a nuestro propio Monte Sinaí. Allí Él se encuentra con nosotros; allí Él nos declara y reclama como propiedad Suya. Entonces, después de esta maravillosa experiencia, nos involucramos en hacer cosas para Él; nos comprometemos en actividades sin fin, en construir un santuario para Él. Sin embargo, inevitablemente llega un momento cuando, por una razón u otra, todas estas actividades se detienen —súbitamente todo queda quieto—. Y entonces, igual que Moisés, nos encontramos en el siguiente libro de nuestras vidas —VaYikra.

Imagino cuando Dios primero empezó a hablar a Moisés en VaYikra, Moisés estaba confuso, perplejo, consternado por un momento. No es que él nunca había escuchado Su voz antes de este libro; en el momento en que entramos en VaYikra, Moisés ya es un líder grande y hábil que conoce bien la voz del Señor y ha hecho sorprendentes cosas para Él y con Él. Ya ha guiado al pueblo a salir de Egipto, ha recibido los Diez Mandamientos, ha completado la construcción del Tabernáculo, y supongo que después de todas estas actividades trascendentales, estaba listo para seguir. Estoy segura que él esperaba que el Señor siguiese dándole algunas instrucciones prácticas y orientadoras: “¿Señor, qué quieres que haga después? ¿Qué quieres que construya para ti? ¿A dónde quieres que vayamos?” Pero no hay a dónde ir o qué construir en VaYikra. En lugar de eso, el Señor habla de sacrificio.

¿Sabían ustedes que en hebreo, la raíz karav —de donde se forman las palabras lehakreev, sacrificar, y korban, sacrificio— es la misma raíz que también forma la palabra lehitkarev, acercarse, aproximarse, estar cerca? Sí, así de simple: si quieres lehitkarev leElohim —acercarte a Dios— tienes que lehakreev, ir mediante el korban, sacrificio. Es el mismo proceso, la misma raíz. Y solo cuando aprendemos a sacrificar, llega la verdadera cercanía, la verdadera intimidad con Dios. Esta nueva aproximación con Dios es incluso mayor de lo que previamente hayamos experimentado. Dios nos detiene —porque quiere que nos acerquemos más a Él—.  Nos quiere lehakreev, y al hacer eso, lehitkarev— להקריב- ולהתקרב. ¿Era esto lo que Jesús estaba pensando cuando leía esta porción?

UN ALEPH EN MINIATURA

Acabamos de ver que hay tres tamaños de letras en la Torá —intermedia, sobredimensionada y miniatura— y cada vez que vemos una letra de diferente tamaño, deberíamos buscar una profunda explicación. En el texto hebreo original, la primera palabra de nuestra porción, “VaYikra” (Levítico 1:1) tiene una característica específica: está escrita con una aleph pequeña al final: Vayikra. ¿Por qué? ¿Por qué tenemos aquí esta aleph en miniatura?

Nuestros sabios nos ofrecen diversas explicaciones, la mayoría de ellas tienen que ver con la humildad; Moisés obtuvo el mayor nivel de humildad, ellos dicen, y era expresado por la aleph minúscula de VaYikra. Sin embargo, hay una explicación más profunda que me gustaría compartir aquí. La palabra “VaYikra” sin la aleph se leería “VaYiker”, que significa y sucedió”—. Hay una enorme y ontológica diferencia entre la cosmovisión basada en Vayikra —“y Él llamó”— y la cosmovisión basada en VaYiker  —“y sucedió” —. Mientras estamos en esta tierra, todo, absolutamente todo puede ser visto como algo que “acababa de suceder” opuesto a algo que Él ha llamado a ser: algo que Él ha creado; algo que Él ha provocado. Pero la fe sabe que aquí hay una pequeña aleph detrás de todo lo que “simplemente sucede” —y es esta aleph la que hace la diferencia—.

 

Me gustaría recordarles, mis queridos lectores, que ofrecemos un nuevo curso llamado Porción Semanal de la Torá, y para aquellos interesados en estudiar a fondo la Parashat Shavua, junto con los conocimientos del Nuevo Testamento, están invitados a solicitar este curso (o contactarme para mayor información y para un descuento). También, para aquellos interesados en mis libros, aquí está el link de mi página: https://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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