Retratos Bíblicos: Abraham – Final

En mi último artículo escribí que, incluso después del nacimiento de Isaac, Abraham todavía amaba a su primogénito con tanta fuerza y cariño como lo había amado durante todos aquellos años, cuando Ismael fue su único hijo. Les prometí que les daría prueba mediante las Escrituras. Vayamos pues a encontrar esta prueba.

Estamos en el capítulo 21 de Génesis. Isaac nació, «creció y fue destetado, y Abraham hizo un gran banquete el día que Isaac fue destetado».[1] Y ahora llegamos a una de esas escenas desconcertantes de la Biblia (hay muchas como esta) cuando el lector puede adivinar interminablemente lo que sucedió, porque todo lo que se nos da a conocer es el resultado. «Pero Sara vio al hijo que Agar la Egipcia le había dado a Abraham burlándose de su hijo Isaac».[2] ¿Qué es lo que vio Sara?

Hace años me encontré con la extensa familia de un amigo, todos ellos estaban en medio de una bulliciosa pelea. Al acercarme a ellos (y no había ningún lugar para escapar), todavía estaban gritando y gesticulando unos a otros insensatamente. Cuando me acerqué, se detuvieron súbitamente, todos se quedaron parados alrededor, en silencio. Sus caras estaban rojas, algunos estaban con los ojos llorosos, todos se veían miserables y toda la escena fue desagradable e incómoda. Todos nos sentimos extremadamente incómodos y nadie sabía qué decir en tan desafortunada ocasión. Entonces la madre me miró con una sonrisa forzada y con gran dignidad dijo: «Hemos estado teniendo una controversia familiar».

Puedo imaginarme que algo similar estaba pasando aquí. Cuando Abraham se acercó a la escena, probablemente vio los gestos violentos y escuchó a las dos mujeres gritándose entre ellas. Es en este momento de «controversia familiar» que Abraham es desafiado por su furiosa esposa para echar a su primogénito, Ismael: «Echa fuera a esta sierva y a su hijo, porque el hijo de esta sierva no ha de ser heredero junto con mi hijo Isaac». Las palabras de Sara resolvieron el final de toda esta escena de «controversia familiar», la cual, como puedo imaginar, contenía toda la escena antes mencionada: gestos violentos, acusaciones emocionales, caras enrojecidas y ojos llorosos. Pero lo más importante, dos muchachos —un niño pequeño y un adolescente— parados juntos, separados de los adultos, con un aspecto absolutamente miserable.

Y aquí está la prueba que prometí: en este punto, las Escrituras dejan claro que conocemos que Abraham estuvo devastado por la demanda de Sara. Esta es la única vez en la Torá en que recibimos un informe respecto a sus sentimientos: «El asunto angustió a Abraham en gran manera por tratarse de su hijo».[3] ¿Lo pueden imaginar? En toda la larga lista de actos de fe y obediencia de Abraham, antes y después de esta escena, nunca escuchamos algo sobre lo que estaba sucediendo en su corazón. Solo podemos imaginar que no fue fácil dejar a su familia en Harán, en el capítulo 12, o separarse de Lot en el capítulo 13, o cortar una parte de su órgano masculino en el capítulo 17. Sin embargo solo aquí, en el capítulo 21, encontramos la única vez en que la Biblia dice explícitamente que Abraham, por obediencia a Dios, hizo algo que fue «muy desagradable». Además, a pesar de que en español simplemente se describe como «desagradable», en hebreo el tema se describe como excesivamente «malo» ante los ojos de Abraham, lo cual es probablemente un reflejo un poco más adecuado de sus turbulentas emociones que «desagradable». Pero el hecho en sí, de que este es el único lugar de las Escrituras que comenta los sentimientos de Abraham a lo largo de todas sus pruebas de fe y obediencia, habla por sí solo.

Supongo que, si esta situación sucediera el día de hoy, los servicios sociales forzarían a los padres a tomar una terapia familiar. ¿Cómo podrían echar a un muchacho? ¿Cómo podrían permitir que su hijo adolescente fuese rechazado por la familia y llegase a ser una persona sin hogar, vagabundo de la noche a la mañana, especialmente en su edad adolescente, cuando cada trauma y cada injusticia deja heridas tan profundas en el corazón? Aún así —y esto es lo más difícil de entender— no solamente fue permitido por Dios, fue confirmado y realmente ordenado por Dios.

«Pero Dios dijo a Abraham: “No te angusties por el muchacho ni por tu sierva. Presta atención a todo lo que Sara te diga, porque por Isaac será llamada tu descendencia”».[4]

En nuestra próxima serie, «El retrato bíblico de Sara», intentaremos responder la pregunta de por qué Dios apoyó a Sara y ordenó a Abraham que hiciese desaparecer a Ismael. Por ahora basta decir que Abraham hizo exactamente lo que Dios le dijo que hiciera: envió afuera a su primogénito, Ismael, en quien estuvieron todas sus esperanzas y expectativas que había guardado durante tantos años. Lo envió fuera del campamento con gran dolor y pesar en su corazón. Por fe, siguió el mandato de Dios —como siempre, sin dudar ni detenerse, sin dudar ni cuestionar—. Se levantó temprano «tomó pan y un odre de agua y los dio a Agar poniéndoselos sobre el hombro»,[5] y los despidió con angustia en su corazón y lágrimas en sus ojos, pero con fe y confianza en su corazón. Él confiaba en que el Dios invisible vigilaría a su amado hijo, porque en la realidad visible parecía que lo estaba enviando al desierto a morir.

Él hace lo mismo en el capítulo siguiente, Génesis 22, cuando confía en el Dios invisible respecto a su amado hijo Isaac. Una vez más, debe mirar más allá de la realidad visible, porque parece como si condujese a su hijo a la muerte —esta vez a Isaac—. Así pues, a Abraham se le pidió «sacrificar» (y esta es la palabra clave para entender su carácter, su fe y su vida) a sus dos hijos —Ismael e Isaac—. Él les amaba muchísimo y por eso tenía que confiar en el Señor, quien le había mandado a hacer esas cosas, con ambos. Desde luego, no existe punto de comparación; no deberíamos preguntar a Abraham si fue más difícil o desolador en Génesis 21 o en Génesis 22. Los dos hijos de Abraham fueron elegidos para dos destinos completamente diferentes, y por lo tanto, estos dos capítulos —Génesis 21 y Génesis 22— son muy diferentes. Aún así, ambos capítulos hablan de sacrificio, y cada padre sabría que todo lo que hizo Abraham antes del capítulo 21 y 22, antes de sacrificar a Ismael e Isaac, no habría sido nada comparado con estas dos últimas pruebas de fe y obediencia a Dios por lo que él atravesó —y pasó— en estos capítulos.

[1] Génesis 21:8.

[2] Génesis 21:9.

[3] Génesis 21:11.

[4] Génesis 21:12.

[5] Génesis 21:14.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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