Shavuot: La Palabra Y El Espíritu

El día en que el cielo fue abierto

Ya sabemos que Shavuot es una de las festividades anuales más importantes del calendario bíblico. En nuestro último post, hablamos sobre la importancia bíblica de Shavuot y el significado de esta fiesta en la tradición judía. Sin embargo, ¿saben que Shavuot y Pentecostés son dos nombres diferentes para una misma festividad? La Biblia también dice: «cuenta cincuenta días», razón por la cual en el Nuevo Testamento, el nombre de la fiesta se conoce comúnmente como «Pentecostés». Por eso es en el contexto de Shavuot que deben observarse los eventos de los dos primeros capítulos del libro de Hechos.

Por ejemplo, cuando en Hechos 1:4 Jesús ordenó a sus discípulos «que no se fueran de Jerusalén», entenderíamos mejor este mandato si recordásemos que Shavuot es una de las festividades bíblicas de peregrinación, cuando se suponía que todos los judíos estaban en Jerusalén: «Tres veces cada año aparecerá todo varón tuyo delante de Jehová tu Dios en el lugar que él escogiere: en la fiesta solemne de los panes sin levadura, y en la fiesta solemne de las semanas, y en la fiesta solemne de los tabernáculos…» (Deuteronomio 16:16).

Y tal como leemos en Hechos 2:

«Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; 3 y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos» (Hechos 2:1-3).

Debemos recordar que en el siglo I, Shavuot ya estaba asociado con el pacto hecho con Moisés. Entonces entenderíamos que ciertamente no hay coincidencia en el descenso del Espíritu descrito en el día de Pentecostés y podríamos ver todos estos hermosos y profundos paralelismos entre Dios, dando su Palabra y dando su Espíritu. Ya que el evento más importante y profundo en la historia judía —recibir la Torá en el Monte Sinaí— sucedió en Shavuot, ciertamente no fue coincidencia que el cielo se abriera y el Espíritu descendiera sobre los discípulos el mismo día. Por lo tanto, Lucas conscientemente describe los eventos en Hechos 2 en términos de un «segundo Sinaí».

En ambas ocasiones Shavuot se convierte en el día cuando el cielo es abierto y el mismo Dios llama a su pueblo. Un «estruendo como de un viento recio» en Hechos 2, ciertamente hace eco a los truenos de Éxodo 20:18, y el fuego de Hechos se empareja con el fuego de Éxodo. En el Midrash Shmot Rabba tenemos el comentario sobre Éxodo 20: «Una voz se dividió en siete y fueron divididas en setenta lenguas».[1] Hillary Le Cornu y Joseph Shulam citan una frase todavía más sorprendente del Midrash: «La voz salió y se dividió en siete voces y de estas siete voces en setenta lenguas para que así todas las naciones escuchasen. Y cada nación escuchó la voz en su propio idioma y estuvieron maravillados».[2]  ¿Acaso no suena como una cita del libro de Hechos? «Y hecho este estruendo, se juntó la multitud; y estaban confusos, porque cada uno les oía hablar en su propia lengua». Por eso la orden de Jesús a sus discípulos de que no abandonaran Jerusalén, podría ser entendida como una señal de que, así como su Palabra fue dada en Shavuot, su Espíritu también sería dado en Shavuot.

Oculto y revelado

Aquellos de mis lectores que leyeron mi libro Hidden Messiah (Mesías Oculto)[3] puede que recuerden que es aquí, en el libro de Hechos, que el estado mesiánico de Jesús fue proclamado públicamente por primera vez. El contraste con su ocultamiento en los Evangelios es radical. Ninguna palabra puede describir mejor este súbito cambio en la atmósfera del Evangelio de Hechos, como el mismo versículo de Lucas: «…lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas».[4] En oposición al secreto oculto/escondido/solo revelado «al oído» de la identidad mesiánica de Jesus en el Evangelio, aquí en Hechos 2 —por primera vez— escuchamos una proclamación abierta de su mesianismo. En su primer discurso público, Pedro proclama a viva voz (casi literalmente «en las azoteas») que Jesús de Nazaret es el Mesías: «Sepa, pues, ciertísimamente toda la casa de Israel, que a este Jesús a quien vosotros crucificasteis, Dios le ha hecho Señor y Cristo».[5] El conocimiento secreto y esotérico del Evangelio, de repente se transforma en un mensaje ampliamente esparcido en Hechos; el secreto mesiánico de Jesús es revelado —y sucede en Shavuot—.

Más aún, aquí podemos ver varios temas «ocultos y revelados» conectados con Shavuot. Simplemente piensen en ello: cada judío sabía que la Torá fue dada en Shavuot, ya que fue revelada en la tradición judía. Sin embargo, por alguna razón está completamente oculta para los cristianos. Por otra parte, cada cristiano sabe que la lluvia del Espíritu sucedió en Pentecostés, aunque no todos los cristianos saben que Pentecostés es Shavuot. Está revelado en el Nuevo Testamento, pero completamente oculto para los judíos. Desde luego, solo una revelación completa puede darnos la descripción completa del plan de Dios —y aquí vemos cuánto se necesitan el uno al otro—. Así que aprovecharé este momento para contarles una parábola que siempre cuento cuando enseño judaísmo y cristianismo.

La parábola de la cuchara larga existe en muchas culturas y existe en diferentes versiones. Habla sobre un hombre que pidió a Dios que le mostrase el cielo y el infierno. Dios le mostró dos salas. En la primera había dispuesta una mesa larga. Estaba llena de platos deliciosos, pero la gente que allí estaba sentada parecía miserable: sus cucharas tenían unos mangos muy largos, más largos que sus brazos y ellos no eran capaces de comer con aquellas cucharas porque no podían llevarse la cuchara a la boca. Estaban sentados en una mesa llena, pero se estaban muriendo de hambre —eso era el infierno—.

La segunda sala se veía exactamente igual. Allí también había una gran mesa dispuesta con platos deliciosos y la gente allí sentada también tenía las mismas cucharas largas. Solo que aquellas personas tenían un aspecto saludable y feliz, porque con aquellas mismas cucharas largas, se alimentaban unos a otros —aquello era el cielo—.

Esta parábola nos enseña que cuidar a los demás es la mejor forma de cuidar de nosotros. La gente puede perecer o prosperar, dependiendo de cómo se tratan los unos a los otros, y aunque esto sin duda es cierto para cada uno de nosotros, también es muy cierto en lo que respecta a judíos y cristianos —judaísmo y cristianismo— y Shavuot-Pentecostés es sin lugar a dudas una buena razón para recordarlo.

 

 

[1] Exodus Rabbah, 28:6

[2] Hillary Le Cornu, Joseph Shulam, The Jewish Roots of Acts, Netivyah Bible Instructions Ministry, 2003, p.55.

[3] Julia Blum, As Though Hiding His Face… , My Zion LLC, 2017, – https://blog.israelbiblicalstudies.com/julia-blum/   

[4] Lucas 12:3

[5] Hechos 2:36

 

En muchos artículos de este blog se incluyeron extractos de mis libros. Me gustaría recordarles que el libro “Unlocking the Scriptures” ya está publicado y está disponible en Amazon. [Por el momento solo está en inglés]: https://www.amazon.com/s?k=unlocking+the+scriptures+by+julia+blum&crid=2IHYED6W7ZVYI&sprefix=julia+blum+%2Caps%2C689&ref=nb_sb_ss_i_4_11 

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Si estos artículos abrieron su apetito por descubrir los tesoros ocultos de la Biblia hebrea, estudiar en profundidad la Parashat Shavua, junto con extractos del Nuevo Testamento o aprender más sobre los antecedentes judíos de la enseñanza de Jesús, estaré muy contenta en facilitarles más información (y un descuento de maestro para nuevos estudiantes) respecto a nuestros formidables cursos (juliab@eteachergroup.com).

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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