Va’eirá: La Mañana Llega Pero Todavía Es De Noche

Más que solo un Nombre

Supongo que la mayoría de mis lectores han visto «El Señor de los Anillos»; a algunos tal vez les gusta el libro como a mí. Hoy, sin embargo, quiero  referirme en realidad a la película. Quizá recuerden cómo todos estábamos esperando la segunda parte después de haber visto la primera. Y entonces finalmente llegó y todos corrimos para verla. Recuerdo claramente la sensación de una increíble oscuridad y pesadez después de haberla visto —realmente fue más pesada y oscura que la primera parte—. Estuve intentando analizarla, pero solo fui capaz de comprenderla después de haber visto la tercera parte: tanto la primera como la tercera parte tenían algo además de la oscuridad —el comienzo feliz en la primera parte y el final feliz en la tercera—. Sin embargo, la segunda parte intermedia estuvo completamente cubierta por la oscuridad de las batallas y de los enemigos y desde luego fue muy pesada. Aún así fue una película brillante, pero no fue fácil de contemplar.

Algo parecido sucede con nuestra parashá semanal. Hay tres porciones de la Torá que cubren la parte egipcia y el Éxodo de Israel —y mientras que en la primera porción, Shemót, todavía escuchamos el eco del final feliz de la historia de José, y en la tercera parte, Bó, realmente vemos la maravillosa victoria y el milagro de su redención—, en esta porción, Va’eirá, todo trata sobre los enemigos y la confrontación. Llega después de las amargas palabras de Moisés a Dios «desde que llegué a Faraón y le hablé en tu Nombre, él ha causado mal a este pueblo; tampoco has liberado a tu pueblo».[1] Moisés está desesperado hasta tal punto: todo parece oscuro y sin esperanza y parece que todo está empeorando.

Es como respuesta a la desesperación de Moisés que Dios le habla y le revela Su nombre. Comentaremos esta revelación en breve, pero primero quiero enseñarles algo interesante sobre el nombre hebreo de Egipto: Mitzráyim. Después de todo, toda esta porción transcurre en Egipto; toda la oscuridad y la confrontación suceden aquí y por eso es importante para nosotros comprender cómo sonaría este nombre en los oídos de un hebreo.

Egipto se llamaba Musuru o Masri en diversas lenguas y Mitzráyim podría ser simplemente una transliteración literal al hebreo de cualquiera de estos nombres. Sin embargo, podemos derivarlo también de una raíz hebrea. La palabra מצרים parece como una forma dual de la raíz hebrea (מצר; metzár) pero ¿qué significa esta raíz?

La palabra (מצר; metzár) significa problemas: angustia, dolor, estrechez. En forma dual formaría la palabra (מצרים; Mitzráyim – por lo tanto se leería: doble angustia o doble problema). Por ejemplo en Lamentaciones 1:3, la misma palabra (מצרים; Mitzráyim) aparece con el significado de «angustia[s]» y sin conexión alguna con Egipto. Algunos académicos sugieren que esto es lo que Mitzráyim habría significado para los oyentes hebreos aún mucho después del éxodo: para los israelitas, estar en Egipto hubiera significado angustia y problema —doble angustia y doble problema—.

La segunda revelación

¿Los patriarcas conocieron el nombre sagrado de Dios (יהיה; YHVH) antes de que Dios se lo revelara a Moisés? Esta pregunta se ha hecho infinidad de veces. En Éxodo 6:2-3 Moisés experimenta la segunda revelación (después de la zarza ardiente): «Y Dios habló a Moisés diciendo: “Yo soy el Señor. Yo me aparecí a Abraham, a Isaac, y a Jacob como el Dios Todopoderoso, pero por Mi nombre Señor, no les fui dado a conocer”». Cuando nos fijamos en esta solemne revelación, encontramos una dificultad evidente: esta declaración contradice la frecuente aparición del nombre YHVH en Génesis. Según Génesis, los patriarcas conocieron este nombre. Así pues, ¿lo conocieron o no lo conocieron?

Desde luego, hay varias maneras de resolver esta contradicción: quizá estén familiarizados con alguna de ellas. Sin embargo, como siempre, me gustaría compartir con ustedes la sabiduría de la tradición judía, la cual dice que el pueblo de Israel, desde los tiempos de los patriarcas, habían conocido el nombre YHVH como el nombre de Dios, pero se les había olvidado casi por completo a través de los siglos. En su revelación inicial en la zarza ardiente, Moisés realmente no había comprendido la esencia de Dios; pero ahora, cuando Dios se revela otra vez a Moisés, él comienza a comprender a Dios. Muchos comentaristas judíos añaden que los patriarcas conocieron a Dios y sus nombres solo que en una forma limitada, y que ahora, después de esta segunda revelación, Moisés obtiene una nueva visión del carácter de Dios. Rashi escribe: «Dios no dice: “ellos no me conocen”, sino “no fui conocido por ellos”». Esto significa: «no fui reconocido por ellos con mi atributo de mantener la fe». Pero ahora Moisés empieza a reconocer ese atributo y a ver a Dios bajo una nueva luz: como fiel, misericordioso y compasivo.

¿Hay algo en las Escrituras hebreas que prueben esta teoría? De hecho lo hay. El Dr. Segal, experto en el leguaje hebreo, escribe: «Toda la tesis de que… el nombre YHVH era desconocido en el mundo hasta que le fue revelado a Moisés, de hecho no tiene fundamentos. Está refutado por el nombre de Joshua… por el nombre de Jochebed… ambos nombres antes de la supuesta revelación del nombre YHVH a Moisés, y ambos contienen el elemento abreviado del nombre YHVH habitual en los nombres teóforos hebreos. También el nombre patriarcal de “José” probablemente contiene este elemento».[2]

¿Qué significa esto? Significa que si Jochebed fue la madre de Moisés, sus abuelos debieron conocer el nombre de YHVH, porque le dieron a su hija el nombre de Jochebed, y el primer componente de este nombre es Jah, una forma abreviada de YHVH. Lo mismo puede decirse de los padres de Joshua, también le dieron a su hijo el nombre Yah como primer componente.

Sin embargo, uno puede preguntar, si la prueba lingüística es tan obvia, ¿por qué Éxodo 6:3 ha sido interpretado como si revelara el nombre de YHVH por primera vez? Una vez más, la explicación debería verse en Hebreo: muchos estudiantes cristianos de la Biblia fallan en comprender el significado del verbo hebreo «conocer» (Yadá). Cuando alguien dice que «conoce el nombre de YHVH» no significa que este nombre no fuera conocido antes de Moisés,  él realmente no entendió esta frase. Yadá en las Escrituras hebras es una palabra muy profunda (es un tema separado que no comentaré aquí), y en este sentido, conocer un nombre no puede ser entendido solo en sentido literal. La frase «conocer al Señor» aparece varias veces en el Antiguo Testamento y ciertamente nunca significa solo conocer el nombre: «Ahora Samuel todavía no conocía al Señor, ni tampoco la palabra del Señor le había sido revelada todavía».[3] «Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás al Señor».[4] Estos son solo un par de ejemplos y está claro que aquí las palabras implican una profunda transformación. ¿Por qué habría sido diferente cuando Dios se reveló a sí mismo a Moisés en medio de sus pruebas y fallos —en tiempos más oscuros?—. Cuando pensamos en Moisés, normalmente pensamos en la revelación de «la zarza ardiente» y comprensiblemente, todos queremos una «zarza ardiente» en nuestras vidas. Sin embargo, ¿no necesitamos todos esta segunda revelación para poder conocer a Dios más profundamente a través de nuestras pruebas y caídas —incluso en los tiempos más oscuros?—.

 

 

[1] Éxodo 5:23.

[2] H. Segal, The Pentateuch: Its Composition and Its Authorship and Other Biblical Studies (Jerusalem: At the Magnes Press, The Hebrew University, 1967), pp. 4-5.

[3] 1 Samuel 3:7.

[4] Oseas 2:20.

 

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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