Retratos BÍblicos: Rebeca (2)

Primer encuentro

 

La última vez hablamos de esta extraordinaria joven capaz de tomar con tanta rapidez y coraje, una increíble decisión de fe que cambió la vida: dejar su casa y a su familia para siempre y seguir al siervo de Abraham para Canaán. Todo esto acontece en Génesis 24 —y al final de este largo capítulo lleno de acontecimientos, somos testigos de una escena fascinante—. Cuando Rebeca ve a Isaac por primera vez, saliendo del desierto, justo en ese momento, ella literalmente cae de su camello. En inglés usualmente se traduce como “bajó” o “desmontó” —sin embargo, la expresión inglesa, descendió de su camello—,[1] no representa correctamente al hebreo original, ותפל מעל הגמל y ella cayó, cayó del camello. Y aunque no vemos este verbo en particular, “caer”, en este versículo en inglés, los comentarios judíos discuten precisamente este verbo, ליפול yuxtaponiéndolo, por ejemplo, con las palabras del Salmo 37:24: “Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano”.

 

Cuando el hombre cayere, no quedará postrado, Porque Jehová sostiene su mano, Aqedat Itzhaq. Algunos de mis lectores deben saber que Aqedat Yitzhaq, la historia de sacrificio de Isaac, contiene —entre muchos otros enigmas— más un misterio que nuestros sabios han señalado hace mucho tiempo. Después de todo lo que aconteció en el Monte Moriah —después de que el cuchillo levantado fue detenido por la voz del cielo— Génesis 22:19 afirma: Y volvió Abraham a sus siervos, y se levantaron y se fueron juntos a Beerseba; y habitó Abraham en Beerseba. Isaac no es mencionado en nada. ¿Dónde andaba? ¿Qué sucedió con él después de la Aqedah? Históricamente, esa circunstancia provocó numerosos discursos y especulaciones que son representados en una amplia variedad de obras de nuestros sabios y rabinos. ¿Adónde se fue Isaac? ¿No sería correcto que esperáramos, después del trauma que el hijo había experimentado que Abraham permaneciera obsesivamente cerca de él, mostrándole aún más amor y preocupación? Especialmente porque, en última instancia, el propio Abraham (aunque no por su propia voluntad, sino por la de Dios) había causado al hijo tal trauma? ¿No sería correcto que esperáramos una historia sobre cómo el padre y el hijo, después de someterse a sus pruebas conjuntas, habrían regresado a casa junto a la Sara enferma y preocupada? (Recuerda: en aquellos días, no habían teléfonos y Sara no habría tenido la menor idea de lo que había ocurrido en el Monte Moriah). Pero no encontramos aquí nada de ese tipo: ninguna expresión de las emociones de la familia en la ocasión; ninguna descripción de una unión alegre entre el padre y el hijo probados conjuntamente. Las Escrituras solo nos informan sobre el regreso de Abraham. En el siguiente capítulo, Sara muere (al preocuparse por Isaac, dice la tradición judía). Sin embargo, Isaac no se ha visto, ha desaparecido y aparece luego en la Palabra de Dios solo al final de Génesis 24, en la escena que estamos presenciando ahora, justo antes del primer encuentro con Rebeca, su futura esposa. ¿Dónde había estado Isaac?

 

Este es un ejemplo maravilloso de las cosas que solo pueden ser entendidas en hebreo. Génesis 24:62 nos dice que Y venía Isaac del pozo del Beer Lahai Roi. Si no conocemos el hebreo, este nombre no significa nada, pero aquel que entiende hebreo, será sorprendido por su profundo significado: El pozo de Aquel Que me Ve, Vive —así es como lo traduciría—. Este profundo nombre ocurre por primera vez en Génesis 16: Agar da ese nombre al pozo donde el ángel del Señor la encontró. Dado que el nombre está conectado con Agar, Midrash Génesis Rabbah, sugiere que Isaac había ido allí para llevar a Agar a Abraham su padre, para que él se casara con ella.[2] Sin embargo, pienso que este nombre significa mucho más que eso en la historia de Isaac: nos dice que, incluso después de la Aqedah, después de lo que había experimentado en el Monte Moriah, cuando Isaac desaparece, tanto de su familia como de nuestro campo de visión –cuando nadie podía ver a Isaac o saber dónde estaba– el Señor todavía lo veía; mientras Isaac desaparecía de la vista de todos los demás, no desaparecía de la vista de Dios. Dios tenía Su Propia razón y plan para la ausencia temporal de Isaac: ciertamente era una época de una relación muy estrecha entre Isaac y el Señor —un tiempo en que no fue su padre terrenal, sino su propio Padre Celestial—, que lo restauró después del terrible choque que había atravesado —Aquel Que me Ve, Vive—.

 

Ahora, regresando a nuestra pregunta original: ¿por qué Rebeca cayó? Pienso que, después de la experiencia en el Monte Moriah y después del tiempo que él pasó con Dios, cuando Dios era el único que lo veía, Isaac debe haber estado resplandeciente con la luz de Dios y brillando con una gloria de Dios. Rashi escribe sobre Rebeca y este encuentro inicial: “Ella vio su majestuosa apariencia y ella quedó asombrada por él”. Cuando el corazón se humilla delante de Dios en el fuego de la prueba, este es purificado y lleno con la gloria de Dios. Isaac está saliendo del desierto, irradiando la luz de Dios.

 

Y tal vez esta sea una razón adicional, en Génesis 24:65 leemos: “Ella entonces tomó el velo, y se cubrió”. Está claro que todos sabemos que ella se cubrió tanto por modestia como por señal de sujeción a su futuro esposo: de acuerdo con la costumbre oriental, la novia debe presentarse con velo ante la presencia del novio. Sin embargo, el hecho de que ella cayera del camello insinúa que había aún más que eso. Isaac estuvo deslumbrante ante Rebeca cuando ella puso los ojos en él por primera vez —y tanto el caer del camello como el cubrirse—, comienzan a tener más sentido mientras pensamos en Isaac irradiando la gloria de Dios cuando se acercó a ella.

 

[1] Génesis 24: 64

[2] Génesis Rabbah, 60:14

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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