¿por Qué Sardis Estaba Tan Segura De Sí Misma?

3:1 “Al mensajero de la asamblea de Sardis, escribe…

Sardis estaba localizada como a unos 17 km de la ciudad de Tiatira. La ciudad se encontraba en un cruce de caminos de las más importantes carreteras de Asia. Estaba localizada a los pies del Monte Tmolus en el valle del río Hermus, un corredor natural que conecta el Egeo con Anatolia. La riqueza y prosperidad de la ciudad se puede atribuir a su emplazamiento, ideal para intercambios y comercio, abundante recurso de agua y minerales- notablemente por sus legendarias arenas de oro. A causa de su localización, Sardis fue el centro, no solo del transporte de productos entre Mesopotamia y los asentamientos jónico-griegos, sino también para el intercambio de ideas. Según Heterodoto, las monedas tal como las conocemos hoy, fueron acuñadas primeramente en esa gran ciudad. En algún momento del siglo III AC, un considerable número de judíos se trasladó a Sardis porque el rey Antíoco III (223-187 AC) les animó y apoyó. Flavio Josefo lo escribió de un decreto de Lucius Antonius, un político romano (50-49 AC):

“Lucius Antonius…al (pueblo de Sardis), envía saludos. Estos judíos, que son conciudadanos de Roma, vinieron a mí y me mostraron que tuvieron una asamblea de su propiedad, de acuerdo con sus leyes ancestrales. (Ellos tuvieron esta asamblea) desde el pricipio, igual que un lugar de su propiedad, donde ellos determinaron sus litigios y controversias entre ellos. Por eso, sobre la petición ante mí, para que sea legal para ellos, yo ordené que sus privilegios fueran preservados y que les fuera permitido hacer lo acordado.” (Josefo, Anti., 16.10, 17)

Flavio Josefo también notó que Cayo Norbanus Flaccus, un procónsul romano de finales del siglo I AC, mantuvo los derechos de los judíos en Sardis para practicar el judaísmo, incluyendo el derecho a ofrendar para el Templo de Jerusalén – un privilegio extraordinario, por supuesto. (Josefo, Ant. 16. 6,6). Durante ese tiempo, Sardis se mantuvo como una ciudad importante y fue el principal centro del distrito judicial que incluyó al menos 30 asentamientos lidios y frigios.

El historiador romano Tácito, cuenta que un terremoto casi destruye la ciudad en el año 17 EC: “Ese mismo año, 12 ciudades famosas de Asia se derrumbaron por un terremoto durante la noche, por lo que la destrucción fue totalmente imprevisible y terrorífica… La calamidad fatalmente cayó sobre los habitantes de Sardis y atrajo hacia ellos grandes muestras de condolencia.” (Tácito 2,47). La ciudad protegió su riqueza en una ciudadela, en la cima fortificada del Acrópolis, con una altura aproximada de 500 metros sobre el suelo. Escarpados acantilados rodearon la ciudad por sus tres lados y solo hubo un punto de acceso, una estrecha franja de tierra hacia el sur. A causa de su defensiva natural, la ciudad fue llamada “Sardis la inexpugnable.”

Ciro de Persia fue el primero en conseguirlo con éxito en el 547 AC. Mientras un soldado se quedó dormido en el puesto de vigilancia de Sardis, accidentalmente botó el casco. Pensando que nadie le vería, bajó por el camino secreto para recoger su casco. Cuando los persas que vigilaban la ciudad vieron al hombre y el camino que descubrió, les fue fácil seguirle. Más tarde esto les llevó a saquear la ciudad. Trescientos años después, en el 214 AC, Sardis fue otra vez saqueada, de la misma manera por el ejército de Antíoco el Grande de Siria. Sus hombres escalaron la pared por el lado escarpado y encontraron que la cima estaba desguarnecida. Es irónico que mientras la gente de Sardis dormía en una seguridad imaginada, los soldados conquistadores llegaron de repente, tomaron el control, y saquearon la ciudad de Sardis.

Es presumible que este fuese el mismo caso que junto a las cartas a las otras congregaciones del Apocalipsis, las palabras de Jesús tuvieran algo que ver con la historia o carácter de la ciudad. Hoy miramos las ciudades en que residimos como localidades geográficamente desconectadas. En la mentalidad antigua este no era el caso. Las congregaciones estaban intrínsecamente conectadas con sus ciudades, y sus historias a menudo fueron similares a la historia de la ciudad y a sus principales características. Quizás esto es así porque las ciudades antiguamente no eran como las ciudades de hoy en día, eran instituciones verdaderamente religiosas que necesitaban ser redimidas completamente mediante la renovación de su adoración al Dios de Israel en Jesús, en vez de a los dioses paganos de Roma. La familiaridad que hay con las otras ciudades aquí mencionadas, nos dice algo sobre la autoría del Libro del Apocalipsis, es otra cuestión que en un futuro, podrán ser exploradas en otro lugar.

El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. 2 Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. 3 Acuérdate pues,  de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete: Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.

Jesús deja claro una de sus más duras críticas contra la congregación de sus seguidores en esta gran ciudad de Sardis. Él declara que está bien enterado de sus obras (especialmente de su generosidad financiera respecto a los demás, a lo que se refiere aquí) pero les avisa que su buena reputación (presumiblemente entre las otras congregaciones) no era más que una pantalla de humo que simplemente no impresionaba al Dios de Israel. Su fuerte espiritualidad e impregnable reputación, no correspondían en forma alguna con la profunda realidad de que Cristo el Sacerdote Celestial, era capaz de ver en el desorden general de lo que ellos llamaban logros.

Podemos claramente ver, que el autor del libro del Apocalipsis continúa viendo y enmarcando a Jesús como el Sumo Sacerdote que examina las ofrendas del pueblo, para ver si son perfectas y por lo tanto aceptables para la adoración. Si no, las ofrendas son necesariamente descartadas. Él rechaza la ofrenda particular de las vidas de los creyentes de Sardis como inaceptables.

No sabemos exactamente a qué hechos en particular se refiere en este pasaje, pero sin duda, dado a su increíble bienestar (riqueza), formaron parte de una generosa ayuda a los pobres. Pudiera ser que hubiesen estado detrás de un importante fondo que los primeros seguidores de Jesús distribuyeron entre los necesitados. Aún así, entre otros temas, seguramente el principal asunto que tuvo Jesús hacia la congregación, fue que adorasen a dioses romanos, lo cual efectivamente había contaminado las ofrendas que ellos intentaban presentar al Dios de Israel en Cristo Jesús.

El llamado a despertar, recordar, escuchar y obedecer que se había recibido, fue la orden del Sumo Sacerdote del Templo Celestial – Jesús. Esto parece ser una reminiscencia de un terremoto repentino o bien la sorpresiva conquista de la ciudad de Sardis. Jesús les advirtió de un juicio amenazante por una parte, y por la otra, la posibilidad de una revuelta.

Es aquí donde la centralidad de la Unidad exclusiva de Dios en la adoración es primordial.  El “Shema Israel” (Escucha, oh Israel, el Señor nuestro Dios, uno es (Deut. 6:4) no fue un concepto periférico para los judíos/israelitas. Desde luego, fue también el eje central para los judíos seguidores de Cristo, autor del libro del Apocalipsis y por implicación también para la audiencia a la que se le dijo que enviasen esta carta. Si tomamos nuestra observación anterior de que el mayor tema para las demás congregaciones tenía que ver con la veneración a los dioses romanos, sería lógico ver que las cosas dichas por Jesús a los creyentes de Sardis también tienen algo similar con los retos dirigidos a la pureza en la adoración. Solo el Dios de Israel debía ser venerado. Para sus adoradores, no debe haber otros dios.

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  1. Antonio García

    Dios le bendiga por su generosidad, realmente aprende uno a encontrar un sentido más profundo al texto Bíblico al momento de interpretar el mismo .
    http://www.lugaresbiblicos.com/sardis.htm para ver la majestuosidad de las construcciones