Perdido En La Traducción: El Rostro De Dios

Nuestra porción de hoy, VeYishlá, cubre dos reuniones muy importantes en la vida de Jacob. Tradicionalmente, el encuentro en Peniél se considera el evento más importante en la vida de Jacob, y con razón, él no solo definió el nombre y el destino de Jacob, ¡sino el nombre y el destino de todo el pueblo! Sin embargo, me gustaría llamar su atención sobre el hecho frecuentemente olvidado de que este encuentro, —de verdad el encuentro más importante de la vida de Jacob—¡ocurre justo antes de su encuentro con Esaú! ¿Alguna vez has pensado en ello? Han pasado veinte años, han cambiado tantas cosas, todas las circunstancias externas de la vida de Jacob son completamente diferentes, pero evidentemente el cambio más importante y la transformación más importante ante los ojos de Dios es la transformación de su corazón, y el criterio más claro para la transformación es su reconciliación con su hermano. «Porque el que no ama a su hermano y hermana a quien ha visto, no puede amar a Dios a quien no ha visto». Todo lo que le ha sucedido a Jacob desde que obtuvo tanto la primogenitura como la bendición de los padres por medios dudosos ha estado teñido de su propia culpa y enemistad con su hermano. Ahora Jacob puede afrontar plenamente su propio pasado y avanzar hacia su futuro solo cuando busque la reconciliación con Esaú, y esto solo podrá hacerlo cuando se convierta en un hombre diferente. Por eso, precisamente mientras se prepara para afrontar el mayor peligro de su vida, también tendrá el encuentro más importante de su vida. Solo entonces Jacob se convierte en Israel, y cuando Jacob se convierte en Israel, puede lograr la reconciliación con su hermano.

El año pasado, mientras comentaba sobre esta porción de la Torá, hablé sobre el encuentro de Peniél.[1] Este año, hablaremos del encuentro de los hermanos.

¿Apaciguar o expiar?

Primero, leemos en nuestra porción sobre los regalos que Jacob le envía a Esaú con la esperanza de apaciguarlo, y allí encontramos el verbo: אֲכַפְּרָ֣ה. La raíz de este verbo es (כפרkafár), que es la misma raíz que forma Yóm Kipúr. La gran mayoría de los usos de esta raíz en la Torá se refieren a «hacer expiación», razón por la cual eventualmente se convierte en Yóm Kipúr, el Día de la Expiación. Precisamente por eso, sus apariciones en el libro de Génesis, donde la expiación sacrificial aún no está establecida, presentan un interés particular: no hay una palabra «expiación» en la historia de Jacob, entonces, ¿qué está haciendo esta raíz aquí?

Literalmente, la raíz  (כפרkafár) significa cubrir algo físicamente. En la historia de Jacob preparándose para su encuentro con Esaú, las Escrituras usan esta palabra para asegurarnos de que entendamos de que no fue solo un regalo, sino un acto de «encubrir» su pecado, por lo que en este sentido fue una «expiación». La reconciliación con Esaú no fue simplemente un asunto familiar, como probablemente les pareció a los hermanos, no se trataba solo de tener un pasaje seguro para su familia, fue mucho más profundo y más significativo que eso, fue un evento de importancia mundial. Este fue un camino asombroso, y mientras Jacob caminaba por este sendero, fue humillado, cambiado y transformado. Al llegar a Jacob en Peniél, justo antes de su encuentro con Esaú, Dios muestra que reconciliarse, humillarse y arrepentirse ante su hermano, fue de vital importancia ante los ojos de Dios. Todavía lo es: reconciliarse, humillarse uno mismo y arrepentirse son partes cruciales de Yóm Kipúr, y es por eso que en hebreo encontramos la raíz kafár aquí, ¡completamente perdida en la traducción!

Estilos de habla de los gemelos

Luego, en Génesis 33, asistimos a la hermosa escena de la reconciliación. Esaú, que iba a traer 400 hombres armados a esta reunión, obviamente no tenía originalmente intenciones pacíficas. Sin embargo, todo cambió repentinamente durante este asombroso encuentro: ¡ambos lloraron, se besaron y se reconciliaron! Luego, comenzaron a hablar entre ellos, y desde el primer momento de su comunicación, vemos una diferencia dramática en su discurso con respecto al contenido y el estilo.

Las oraciones de Esaú son breves y toscas, y cuando dice: «Tengo mucho, hermano mío» (אָחִי), aunque son hermanos reales, en hebreo suena como una apelación muy familiar e informal. Luego, cuando llegamos a la respuesta de Jacob, escuchamos un discurso completamente diferente, refinado y educado, con una actitud muy diferente. Uno de los detalles más notables del discurso de Jacob es una partícula (נָא), repetida dos veces (Génesis 33:10) y completamente perdida en la traducción, lo cual es un signo de un discurso muy cortés y formal. También notamos que se menciona a Dios en cada oración, mientras que Esaú no menciona a Dios en absoluto. Además, sus actitudes son completamente diferentes. Mientras Esaú dice: «Tengo en abundancia» (יֶשׁ־לִי רָב), Jacob dice: «Tengo todo» (יֶשׁ־לִי־כֹל). Esaú habla de riqueza, Jacob habla de suficiencia.

Esta comparación nos ayuda a comprender mejor la historia de la «bendición robada» veinte años antes. Probablemente fue precisamente esta diferencia en el estilo de hablar a lo que Isaac se refirió cuando dijo: «La voz es la voz de Jacob y las manos son las manos de Esaú». Esta diferencia casi se pierde en la traducción, sin embargo, compararlos en hebreo puede enseñarnos mucho respecto a sus personalidades.

¡Del lugar de Dios al rostro de Dios!

Después de este asombroso encuentro, Jacob le dijo palabras extrañas a su hermano: que para él, ver el rostro de Esaú era «como ver el rostro de Dios». Esta frase llega al final de su reunión cuando el peligro claramente ha pasado y deja al lector confundido y perplejo. ¿Por qué Jacob diría eso? ¿Es pura adulación o hay algo más?

En español, estas palabras surgen de forma bastante inesperada. Sin embargo, en hebreo, la idea de paním («rostro») es sin duda uno de los motivos principales de toda la narrativa del regreso de Jacob a la tierra. La raíz (פָּנִיםpaním), y las palabras derivadas de esta raíz, aparecen muchas veces en los versículos hebreos que preceden al encuentro de los dos hermanos (Génesis 32:17-21). Para entender la diferencia entre los textos en hebreo y en español, leamos, por ejemplo, Génesis 32:20 «…Porque él pensó:Lo pacificaré con estos dones que le estoy enviando por delante; después, cuando lo vea, tal vez me reciba”». La palabra «rostro» no se usa ni una sola vez en esta traducción (ni en muchas otras), mientras que en hebreo, solo en este versículo, la palabra paním aparece cuatro veces. Esto construye un caso y nos prepara para el nombre, (פְּנִיאֵלPeniél) —«rostro de Dios»— el lugar del encuentro de lucha libre de Jacob con Dios. Fue allí, en Peniél, donde Jacob vio a Dios «cara a cara» (de ahí el nombre del lugar). Fue allí, en Peniél, donde no solo se cambió el nombre de Jacob, sino también su corazón.

Sin embargo, hay algo más que se puede ver en la historia de Jacob cuando se lee en hebreo. Volvamos a Génesis 28: «La escalera de Jacob», el sueño de Jacob en el camino de Beerseba a Harán. Cuando se lee este capítulo en hebreo, encontramos que casi el mismo número de veces que la palabra «rostro» aparece en el Capítulo 33, el término (מָקוֹםmakóm) «lugar» aparece aquí, en el Capítulo 28. Recuerda, aquí Jacob está a punto de irse de la tierra hacia su camino al exilio. Su encuentro con Dios en el sueño probablemente ocurrió durante su última noche en la tierra, y hasta donde sabemos, esta fue la primera vez que Dios le habló personalmente. Cuando Jacob se despertó de su sueño, pensó: «Seguramente el Señor está en este lugar y yo no lo sabía». Tenía miedo y dijo: «¡Qué maravilloso es este lugarEsta no es otra que la casa de Dios; esta es la puerta del cielo». Así que vemos muy claramente que, en ese momento, este encuentro que cambió la vida y el concepto completamente nuevo de Dios de Jacob estaban muy conectados con este lugar.

Estos dos encuentros con Dios —cuando Jacob se va de la tierra y cuando regresa— forman una peculiar inclusio literaria: todo lo que le sucede en el exilio sucede entre estos encuentros. Dentro de estos «paréntesis» divinos, vemos una hermosa progresión que no queremos perder: la progresión de la fe de Jacob; la progresión de su conocimiento de Dios; la progresión de la revelación: ¡del «lugar» de Dios al «rostro» de Dios! De hecho, ahora este Jacob transformado puede ver el rostro de su hermano como «el rostro de Dios».

 

[1] Puedes leer el artículo aquí: https://blog.israelbiblicalstudies.com/jewish-studies/transformation-and-light/

 

 

Los conocimientos que lees en estas páginas son típicos de lo que compartimos con nuestros estudiantes durante las clases de DHB (Discovering the Hebrew Bible/Descubriendo la Biblia Hebrea) o WTP (Weekly Torah Portion/Porción Semanal de la Torá). Si estos artículos te abren el apetito por descubrir los tesoros ocultos de la Biblia hebrea, o por estudiar en profundidad la Parashát Shavúa, junto con las ideas del Nuevo Testamento, me complacerá proporcionarte más información (y también un descuento de maestros para nuevos estudiantes) sobre la maravillosa experiencia de los cursos de eTeacher: (juliab@eteachergroup.com).

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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