El Salvador Oculto En El Cielo

El Secreto Mesiánico contrapuesto a Su origen judío (Parte 2):

“Antes de estas cosas, Enoc estaba oculto,

y ninguno de los hijos de los hombres sabía dónde se ocultaba” 

(I Enoc 12:1)

 

En los próximos dos posts, vamos a demostrar que respecto a la venida del Mesías como oculto y revelado podría tomarse como representativo del primer siglo (D.C) en el judaísmo palestino. Con el fin de comprobar esta afirmación, vamos a ver las evidencias desde las diferentes corrientes y representaciones de este judaísmo.

Los rollos del Mar Muerto. Si nos dirigimos a la biblioteca de Qumram, los diferentes textos de esta biblioteca testifican de la poderosa presencia de los motivos “oculto y revelado” en la comunidad de Qumram. El distinguido académico del Mar muerto, Michel O. Wise escribe en su libro, El Primer Mesías, que Judá (ese es su nombre, según Wise) fue el primer mesías oculto, y que su vida ayudó a establecer los fundamentos para Jesús como el Mesías Oculto. La frase clave de Judá, misterios maravillosos, (רזי פלא), contiene el término más prominente para “misterio” en los escritos de Qumram –la palabra “raz”–  que generalmente se considera como un derivado persa del arameo y hebreo. La traducción bíblica del griego para raz es mysterion y dos términos hebreos asociados con raz son sod y nistarot –este último a menudo se traduce como oculto–. Todos estos términos transmiten la idea de la esencial sabiduría celestial solo conocida por Dios y otorgada a los humanos por la revelación. Se esperaba de los miembros de la comunidad que “caminasen perfectamente unidos, cada uno con su vecino, en todo lo revelado a ellos” –mientras permanecer oculto era visto como una parte esencial de la conciencia y el comportamiento mesiánico–. “Él, que nutre al Santo Renuevo para que venga a ser el Árbol de Verdad, se oculta a sí mismo, sin amor propio, desconocido, su secreto sellado”. [1]

Literatura apocalíptica – En la época del Segundo Templo, el Apocalipsis resultaba ser el principal impulsor de las ideas escatológicas y conceptos del Mesías. ¿Por qué? ¿Qué tenía de especial esta literatura? Una explicación debe ser buscada en la historia. Las escrituras hebreas enseñan el concepto de Dios reinando visible y tangiblemente en la historia de Su pueblo. Un rey era ungido por Dios. Si el rey era justo, Dios bendecía a Su pueblo y esta bendición, así como el mismo reino, era una realidad terrenal, verdaderamente tangible. Sin embargo, ¿qué ocurre si el rey es injusto? Gradualmente, la visión del “ungido que ha de venir”, el que rectificaría todos los errores perpetrados por el rey gobernante, y remediaría el mal de la actual situación, se está imponiendo en el marco de la historia real.  Cuanto peor fuese la situación de la transformación histórica presente, más fuerte vendría a ser la esperanza en un orden reverso que traería el Mesías. Por lo tanto, en la era post-bíblica el motivo trascendente empezó a sonar con mucha claridad: Como las cosas en esta tierra estaban mal y los injustos estaban ganando, por primera vez el concepto claramente delineado del reino trascendente y del salvador trascendental de los últimos días, avanzó en el pensamiento judío. El Mesías se convertiría en una figura plenamente trascendente, una contraparte celestial de los justos en la tierra. Mientras ellos son oprimidos y humillados, él está en el trono y es exaltado, pero oculto. Sin embargo, cuando sea manifestado en el juicio escatológico, ellos también serán exaltados. En el centro de este proceso de reinterpretación y de repensar aparece ‘Uno como el Hijo del Hombre’ en Daniel 7: Vi en las visiones de la noche, y he aquí uno semejante al Hijo del Hombre viniendo en las nubes del cielo y se allegó al Anciano de Días…

Por lo tanto, el oculto y revelado Mesías ocurre muchas veces en el Apocalipsis, especialmente en el Libro de Enoc, donde vemos al Hijo del Hombre celestial que se oculta en el cielo hasta que llegue el tiempo señalado: Porque el Hijo del Hombre se ocultó desde el principio, y el Altísimo le preservó en la presencia de Su poder; luego le reveló a los santos y elegidos”.[2]  El Apocalipsis de Esdras (4º Esdras)compuesto según dice el consenso de los expertos, a finales del primer siglo de E.C en hebreo, también jugó con el tema del Mesías oculto y revelado–. En esta obra, Dios explica a un vidente que escribe en nombre de Esdras: “Pero mi hijo el Mesías, será revelado con aquellos que están con Él”.[3] Sin embargo, no hay manera que cualquiera pudiese encontrar y ver al Mesías por su propio esfuerzo –“el ungido a quien el Altísimo ha guardado hasta el fin”–[4], tiene que ser revelado cuando llegue el tiempo señalado: “Del mismo modo que nadie puede explorar o conocer lo que hay en las profundidades del mar, así nadie en el mundo puede ver a Mi Hijo o a los que están con Él, excepto cuando Su tiempo y Su día haya llegado”.[5]  La misma terminología se encuentra en el Apocalipsis de Baruc (2 Baruc), una obra literaria judía escrita en la última mitad del primer siglo de la era cristiana: “Y sucederá que cuando todo se haya cumplido… que el Mesías comenzará a ser revelado .[6]  En todos estos escritos, el Mesías es el ser pre-existente, que será revelado por Dios mismo e incluso si los hombres lo ven antes de que se manifieste, no le verán tal como realmente es –como el Mesías– hasta que les sea revelado por Dios – como Mesías –. El momento crucial aquí es el tiempo: entonces, en aquellos días, su tiempo –estas palabras aparecen una y otra vez en los textos apocalípticos–.

Con este trascendental Mesías oculto en los cielos, hasta que llegue el momento designado, llegamos de regreso a la época. Por supuesto, todos estos textos son de origen humano y no son Palabra de Dios –pero los escritos del Nuevo Testamento deberían ser vistos en contraste con el trasfondo de los mismos, y los eruditos del Nuevo Testamento no pueden ignorarlos–. Personalmente creo que en estos textos podemos ver reflejado el aspecto humano del plan de Dios para Israel: El Mesías iba a ser ocultado hasta que llegase el momento señalado. Si conocemos estos textos, conocemos este plan. Podemos entender mucho mejor cuán importante era para Jesús mantener su identidad mesiánica escondida y oculta –hasta que llegue el tiempo señalado–.

 

[1] 1QH 8.

[2] 1 Enoc 62: 7

[3] 4 Esdras 7: 28

[4] 4 Esdras 12:32

[5] 4 Esdras 13:52

[6] 2 Baruc 39:5

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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