Judíos De La Antigua Cirene Y El Evangelio (pr. Shirokov, Eteacherbiblical)

“Había cuatro clases de hombres entre los de Cirene, los ciudadanos, los casados, los extranjeros y el cuarto los Judíos. Ahora bien, esos Judíos se han introducido en todas las ciudades y es difícil encontrar un lugar en tierra habitada que no haya admitido a esa tribu y que no sea poseído por ellos…” (Historiador Strabo, citado por Josefo, Antigüedades 14:115).

Durante el periodo del segundo Templo muchos judíos vivían fuera de Israel y la ciudad de Cirene en el norte de África era uno de los mayores centros de la Diáspora. La presencia e influencia de los judíos de Cirene se refleja en varios pasajes del Nuevo Testamento. El más famoso es el servicio hecho por un judío de Cirene llamado Simón, que cargó con la cruz de Jesús (Mat. 27:32, Marc.15:21, Luc.23:26). Muchos dan por hecho que Simón era africano y hay muchas representaciones de Simón Cireneo en la Iconografía de la Iglesia como un hombre de piel oscura. Sin embargo, es muy probable que no fuese nativo del África pero sí afincado allí igual que miles de judíos. Sus asuntos en Jerusalén posiblemente fueron respecto a la tradicional peregrinación de la Pascua (2 Cron. 30:1; Juan 11:55). Simón fue un peregrino espectador que se vio forzado por los romanos a cargar con el peso que Jesús no podía llevar. No era extraño que peregrinos judíos de Cirene fuesen a Jerusalén. Los judíos de Cirene estaban entre los peregrinos que escucharon el emocionante discurso de Pedro durante la fiesta de las Semanas (Pentecostés) en Jerusalén (Hechos 2:10). Es posible que los judíos de Cirene tuviesen su propia Sinagoga en Jerusalén en el primer siglo. En el libro de Hechos leemos que representantes de la Diáspora Judía de Cirene pertenecían a la Sinagoga de Libertos, contrarios a Esteban en Jerusalén (Hech.6:9) (ver también la postal de la Sinagoga de Libertos).

Cirene ( Κυρήνη) fue una ciudad fundada al Norte de África por los colonos griegos de las islas del Mar Egeo de Tera, alrededor del 630 AC (Herodoto, Historia, libro IV; Strabo, Geografía, libro XVII). De acuerdo con los antiguos relatos, los griegos que fundaron esta colonia lo hicieron siguiendo instrucciones de un oráculo, como manera de escapar de una hambruna. Cuando se estableció la colonia, el antiguo nombre del lugar era el de un manantial cercano que recorría por la costa sur del Mar Mediterráneo en las cercanías de la aldea que hoy es Shahhat en Libia.

Los primeros colonos tuvieron luchas pero eventualmente la ciudad de Cirene llegó a ser próspera y famosa por sus cereales, la lana, la cría de caballos y por una rara hierba, la “Silphium”. Esta extraña planta fue orgullosamente representada en muchas monedas cireneas, era apreciada por sus cualidades en el mundo antiguo (Herodoto, Historia libro IV). En el siglo V la ciudad de Cirene era gobernada por monarcas independientes y aumentó en importancia como el mayor centro comercial de la región. Cirene se convirtió en República en el 440 AC, más tarde fue sometida por Alejandro Magno y eventualmente formó parte del Imperio Ptolomeo. La ciudad se convirtió en parte de la provincia romana (Creta y Cirenaica) alrededor de 97 DC y permaneció tal cual hasta el siglo IV DC en que fue abandonada. Las causas exactas para el declive de la ciudad no están claras. La desaparición de Cirene como ciudad destacada en la región se atribuye a una serie de eventos desconocidos. Lo más probable entre ellos sería la devastación por la insurrección judía contra Roma en 115-117 DC (Casius Dio, Historia de Roma 68:32) y por los terremotos que ocurrieron entre 262 y 365 DC.

La importancia de esta ciudad, Cirene para los Estudios Bíblicos es que durante el periodo del segundo Templo, Cirene fue uno de los más importantes centros en la Diáspora Judía. Los habitantes judíos de Cirene, estuvieron plenamente comprometidos en negocios a nivel mundial, conectados muy estrechamente con Jerusalén y otras comunidades judías a través del mediterráneo. Es muy probable que los judíos de Cirene fuesen el instrumento de comercio de la famosa hierba “Silphium” por todo el Mediterráneo. La planta que según se rumoreaba valía su peso en plata.

Los judíos que vivían en Cirene mantenían un fuerte sentido de identidad. Enviaban ofrendas al Templo de Jerusalén (Josefo, Antigüedades XVI. 6,5). Nunca olvidaron sus intereses nacionales y lucharon codo con codo con sus hermanos en la Guerra Judía contra Roma (Cassius Dio, LXVIII.32; Josefo, Guerras Judías VI. 2, VII. 11). Incluso los radicales Zelotes, llamados “Sicarios” tomaron parte en este Pentápolis Libia (Josefo, Guerras Judías VII, 11). Un hombre llamado Jasón de Cirene describió muchos eventos históricos en el segundo libro de Maccabeos (2 Mac. 2:23). Parece ser que la comunidad judía de Cirene fue considerable y ciertamente significante en el grupo de la Diáspora.

El Nuevo Testamento nos dice que algunos judíos de Cirene seguidores de Jesús fueron los responsables de la conversión los primeros gentiles en Antioquía.

“Ahora bien, los que habían sido esparcidos a causa de la persecución que hubo por motivo de Esteban, pasaron a Fenicia, Chipre, y Antioquía, no hablando la palabra a nadie, si no a los judíos. Pero había entre ellos varones de Chipre y Cirene, los cuales, cuando entraron en Antioquía hablaron también a los griegos, anunciando el evangelio del Señor Jesús. Y la mano del Señor, estaba con ellos, y gran número creyó y se convirtió al Señor”. (Hechos 11: 19-21).

Este acto de divulgación entre los griegos es muy notable porque a parte de algunos prosélitos y ocasionalmente temerosos de Dios como Cornelio (Hech. 10:2, 23-29) los creyentes judíos en Jerusalén no se empeñaron en una misión directa hacia los gentiles. Los judíos de Cirene fueron judíos de la Diáspora, celosos de su ancestral fe, pero mucho más abiertos de mente y más ambientados con la cultura helénica y el lenguaje griego. Parece ser que Dios les usó para, deliberadamente expandir la misión del Evangelio a los no judíos.

Un hombre llamado Luciano de Cirene fue uno de los profetas y maestros de Antioquía (Hech. 13:1). Más tarde Pablo de Tarso fue llamado para enseñar en Antioquía precisamente por su habilidad y llamado en contactar con los gentiles (Hech. 11:25). La palabra “Cristiano” (Χριστιανός) se originó en Antioquía. Y los judíos de Cirene, de mente abierta fueron los que traspasaron los límites de la cultura, predicando a Jesús entre los gentiles y vieron sus primeros frutos.

Aunque Cirene fue eclipsada por otras ciudades y disminuyó en el siglo V DC, dejó una remarcable señal en la historia de la región. Los judíos de Cirene dejaron una inconfundible marca espiritual por medio de su proclamación del Evangelio. No es una coincidencia que el Nuevo Testamento describa a los judíos de la Diáspora de Cirene y otras ciudades helenas como abiertas de mente y deliberadas en sus esfuerzos de proclamar a Jesús entre los gentiles. Los judíos de Cirene fueron el instrumento en Antioquía. A parte de que, indudablemente, contribuyeron en la proclamación del Evangelio en el norte de África. Hombres como Tertuliano, Cipriano, y Agustín salieron de la Iglesia Africana, a pesar de todo, pocos, hoy en día rastrean la fe de esos hombres hasta sus orígenes, los celosos judíos de Cirene.

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