La Sanidad Del Hombre Ciego De Nacimiento: Parte Ii (juan 9: 8-40)

87517639“8 Entonces los vecinos, y los que antes le habían visto que era ciego, decían: ¿No es éste el que se sentaba y mendigaba?  9 Unos decían: El es; y otros: A él se parece. El decía: Yo soy. 10 Y le dijeron: ¿Cómo te fueron abiertos los ojos? 11 Respondió él y dijo: Aquel hombre que se llama Jesús hizo lodo, me untó los ojos, y me dijo: Ve al Siloé, y lávate; y fui, y me lavé, y recibí la vista”.

Es altamente significante que Jesús, tras la sanación del hombre ciego, lo haya enviado a lavarse al estanque de Siloé.

Puede recordar que cuando Jesús sanó a un hombre cerca del estanque de Betesda no le ordenó lavarse así mismo.

“12 Entonces le dijeron: ¿Dónde está él? El dijo: No sé. 13 Llevaron ante los fariseos al que había sido ciego. 14 Y era día de reposo cuando Jesús había hecho el lodo, y le había abierto los ojos. 15 Volvieron, pues, a preguntarle también los fariseos cómo había recibido la vista. El les dijo: Me puso lodo sobre los ojos, y me lavé, y veo. 16 Entonces algunos de los fariseos decían: Ese hombre no procede de Dios, porque no guarda el día de reposo. Otros decían: ¿Cómo puede un hombre pecador hacer estas señales? Y había disensión entre ellos”.

Los Fariseos eran los favoritos de los habitantes urbanos judíos. Es probable que la razón por la que la gente fue a los Fariseos era que el movimiento farisaico era un movimiento religioso de base y era menos conectado al establecimiento del Templo de lo que eran los Saduceos. En el tiempo de Jesús, el rol de los sacerdotes, en su mayoría saduceos, era en muchas maneras, controlar al mucho más popular y progresivo movimiento Farisaico.

Los judíos nunca han estado de acuerdo sobre ningún tema como este conectado a algo más. Este tiempo no era la excepción. Algunos de los Fariseos consultaron acerca de la práctica del lodo de Jesús, actividad de quebrantamiento del Sábado, mientras otros no. Algunos de ellos citaron esto como una prueba de la inocencia de Jesús y como el hecho de que Dios le otorgó habilidades sobrenaturales, por lo tanto, aprueban su ministerio.

“17 Entonces volvieron a decirle al ciego: ¿Qué dices tú del que te abrió los ojos? Y él dijo: Que es profeta”.

Dado el hecho de que no todos los Fariseos estaban contra Jesús sobre este asunto, no deberíamos asumir que la investigación  en la sanación del hombre ciego solo había producido impresiones negativas de primer plano. Es posible que dos partidos entre el campo farisaico estuvieran debatiendo con cada uno y en este caso llegaran a muy distintas opiniones respecto a Jesús. ¿Él era un pecador o él era un santo? Fue hasta el hombre anteriormente ciego para imformar lo que pensaba y lo que él pensó que le había pasado.

Pero no fue tan simple. El lado que no aprobaron de Jesús era mucho más poderoso que el grupo entre los Fariseos que le amaron. Por lo tanto, la reacción predominante y subsecuente cuestionamiento de los hoi Ioudaioi para el hombre que había estado ciego fue una negativa arrolladora. (Recuerde, los Fariseos eran parte de los hoi Ioudaioi y aún los hoi Ioudaioi y los Fariseos no son equivalentes).
 
“18 Pero los judíos no creían que él había sido ciego, y que había recibido la vista, hasta que llamaron a los padres del que había recibido la vista,”

Aquellos que rechazaron a Jesús y a su llamado divino tuvieron también que rechazar sus milagros porque el Dios de Israel (el argumento aceptado por todos) no dotaría a alguien de quien él no aprobó con una obra de poder milagroso.

La cosa más importante aquí no era la sanación en sí misma.  No era incluso el hecho de abrir los ojos del hombre ciego. El asunto era algo mucho más poderoso: que un hombre ciego de nacimiento pudiese ver.

Las autoridades rechazaron creer que el hombre de hecho había sido ciego de nacimiento. Ellos llamaron en testimonio que validaría su creciente sospecha respecto a ser un engaño o un caso de sanidad parcial que era común en el mundo antiguo. Nadie sabría lo del hombre ciego mejor que sus padres.

“19 y les preguntaron, diciendo: ¿Es éste vuestro hijo, el que vosotros decís que nació ciego? ¿Cómo, pues, ve ahora? 20 Sus padres respondieron y les dijeron: Sabemos que éste es nuestro hijo, y que nació ciego; 21 pero cómo vea ahora, no lo sabemos; o quién le haya abierto los ojos, nosotros tampoco lo sabemos; edad tiene, preguntadle a él; él hablará por sí mismo. 22 Esto dijeron sus padres, porque tenían miedo de los judíos, por cuanto los judíos ya habían acordado que si alguno confesase que Jesús era el Mesías, fuera expulsado de la sinagoga. 23 Por eso dijeron sus padres: Edad tiene, preguntadle a él”.

La persecución de los seguidores de Jesús ya había empezado. La forma principal en que Jesús y sus seguidores fueron rechazados, fue expulsar a sus seguidores y simpatizantes de las sinagogas.

Una palabra sobre las sinagogas del tiempo de Jesús es probablemente el fin. En resumen, las sinagogas eran diferentes de las que son hoy. Una sinagoga era algo como un centro pequeño de comunidad judía, organizado no alrededor, lo que llamaríamos hoy “actividad religiosa;” como una adoración y estudio de la Torah (aunque de esto ninguna duda que está incluida), pero alrededor cosas como hospitalidad de viaje, cuidado para los pobres, y otras actividades que sostenía la comunidad.

Adicionalmente, es importante darse cuenta que hubieron sinagogas bajo el control religioso de una variedad de fracciones religiosas judías. Esto es probablemente lo que estaba detrás del uso de Mateo de “sus sinagogas” vs. “nuestras sinagogas.” En y alrededor de Jerusalén, sin embargo, todas las sinagogas estaban bajo el control formal de los hoi Ioudaioi, así no había ningún “nuestras” sinagogas y “sus” sinagogas.

“24 Entonces volvieron a llamar al hombre que había sido ciego, y le dijeron: Da gloria a Dios; nosotros sabemos que ese hombre es pecador. 25 Entonces él respondió y dijo: Si es pecador, no lo sé; una cosa sé, que habiendo yo sido ciego, ahora veo. 26 Le volvieron a decir: ¿Qué te hizo? ¿Cómo te abrió los ojos? 27 El les respondió: Ya os lo he dicho, y no habéis querido oír; ¿por qué lo queréis oír otra vez? ¿Queréis también vosotros haceros sus discípulos? 28 Y le injuriaron, y dijeron: Tú eres su discípulo; pero nosotros, discípulos de Moisés somos. 29 Nosotros sabemos que Dios ha hablado a Moisés; pero respecto a ése, no sabemos de dónde sea. 30 Respondió el hombre, y les dijo: Pues esto es lo maravilloso, que vosotros no sepáis de dónde sea, y a mí me abrió los ojos. 31 Y sabemos que Dios no oye a los pecadores; pero si alguno es temeroso de Dios, y hace su voluntad, a ése oye. 32 Desde el principio no se ha oído decir que alguno abriese los ojos a uno que nació ciego. 33 Si éste no viniera de Dios, nada podría hacer. 34 Respondieron y le dijeron: Tú naciste del todo en pecado, ¿y nos enseñas a nosotros? Y le expulsaron”.

Esta es una historia importante porque prueba una vez y por todas que los hoi Ioudaioi no son nadie más que autoridades jerusalemitas. Ellos vinieron al hombre sanado, diciéndole por adelantado la respuesta aceptada que debía de ser. Él, sin embargo, rechaza su respuesta diciéndole que no era un teólogo entrenado y no debería ser consultado sobre los intricados de la teología y halajá (lo que es legal y no lo es). Él solo sabía que era ciego de nacimiento y ¡ahora el ve todo perfectamente! Ellos continuaron con cuestionamientos para saber exactamente cómo Jesús le había sanado. A este punto, el hombre sarcásticamente les pregunta si por accidente ellos también quieren volverse discípulos de Jesús ya que están tan interesados en él. Ellos luego pronuncian una maldición sobre el hombre que Dios ya había bendecido con el milagro de la vista. Ellos persisten que no saben de dónde venía Jesús y con qué autoridad hacía lo que hacía. El sarcasmo del hombre sanado traicionó su nueva confianza encontrada. Él les dijo a ellos: “Hmm… esto es extraño que ustedes no sepan.” Luego usó su propio argumento contra ellos: “Sabemos que Dios no escucha a los pecadores, pero está listo para escuchar a aquellos que le adoran y hacen su voluntad. Incluso desde que el mundo empezó, nadie ha sido capaz de abrir los ojos de alguien ciego de nacimiento. Si este hombre no viniera de Dios, él no podría haber hecho esto” (v.31-33). Ellos se enojaron y le acusaron al hombre de insubordinación y le excomulgaron de la sinagoga, posiblemente le desplazaron físicamente.

“35 Oyó Jesús que le habían expulsado; y hallándole, le dijo: ¿Crees tú en el Hijo de Dios? 36 Respondió él y dijo: ¿Quién es, Señor, para que crea en él? 37 Le dijo Jesús: Pues le has visto, y el que habla contigo, él es. 38 Y él dijo: Creo, Señor; y le adoró”.

Cuando Jesús sanó al hombre ciego debemos mantener en mente que el hombre no vio a Jesús en ese momento. Cuando la luz se rompió a través de su ceguera, fue muy emocionante y a la vez confuso. Es dudoso que el hombre ni siquiera reconocería a Jesús si él fuera a verlo de nuevo. Además, se le dijo probablemente sobre el escupitajo de Jesús y el lodo hecho previo a su sanación por aquellos que dieron testimonio del milagro ya que él no habría sabido que esto era en realidad lo que Jesús había hecho.

Jesús preguntó al hombre sanado (que había sido ciego) si él creía en el Hijo del Hombre. La Teología Judía del Hijo del Hombre era ya muy desarrollada en el Judaísmo en ambos textos canónicos (por los últimos estándares) como (Daniel 7.14) también como los textos no canónicos tal como el material de Enoc. Dada la acusación de la pecaminosidad de Jesús, es intrigante que el Hijo del Hombre en algunos escritos teológicos judíos fuese caracterizado por perfecta rectitud:“14 Vino a mí, me saludó con Su voz y me dijo:

“Este es el Hijo del Hombre que ha sido engendrado por la justicia, la justicia reside sobre él y la Cabeza de los Días no le abandonará. 15 Me dijo: “Él proclamará sobre ti la paz, en nombre del mundo por venir, porque desde allí ha provenido la paz desde la creación del mundo y así la paz estará sobre ti para siempre y por toda la eternidad. 16 Todo andará por su camino y mientras, la justicia no lo abandonará jamás, con Él vivirá, con Él su herencia y de Él no será separada nunca ni por toda la eternidad. 17 Serán muchos días con este Retoño del Hombre y la paz y el camino correcto será para los justos en nombre del Señor de los espíritus, eternamente” (Enoc 71.14-17).

Cuando el hombre reconoció que estaba listo para aceptar al Hijo del Hombre y creer en él, Jesús le reveló su identidad, que Él era el Hijo del Hombre de la expectación apocalíptica judía. El hombre que Jesús sanó le respondió con una afirmación de fe y adoración ante el Logos de Dios que le había dado luz. Juan 1.9: “Aquella luz verdadera, que alumbra a todo hombre, venía a este mundo”.

“39  Dijo Jesús: Para juicio he venido yo a este mundo; para que los que no ven, vean, y los que ven, sean cegados”.

Jesús reveló mucho más al hombre ciego que había sido sanado. Jesús le dijo (y a nosotros por extensión) que la razón extrema por la que había venido era para juzgar. Esto quiere decir en algunos casos que daría vista a los ciegos físicamente y en algunos casos significaría remover la vista espiritual de aquellos que pensaron que podían ver.

“40 Entonces algunos de los fariseos que estaban con él, al oír esto, le dijeron: ¿Acaso nosotros somos también ciegos? 41 Jesús les respondió: Si fuerais ciegos, no tendríais pecado; mas ahora, porque decís: Vemos, vuestro pecado permanece”.

El enfrentamiento continúa. Esos fariseos que oyeron por casualidad esta conversación desafiaron a Jesús acerca de su afirmación de que eran ciegos. A lo que Jesús respondió que habría sido de beneficio para ellos haber sido ciegos, ya que no podían ser acusados ​​de nada. Pero en su caso, deben ser perseguidos con todo el rigor de la ley, porque por su propia confesión, podían ver bastante bien.

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