Lucha, Transformación Y Luz

Peniel

Hoy vamos a discutir el encuentro más importante en la vida de Jacob —el que definió su nombre y su destino— y el nombre y destino de todo el pueblo: Peniel. Este encuentro tuvo lugar justo antes de encontrarse con Esaú y sin duda cambió el encuentro de cómo hubiera sido la maravillosa historia que actualmente leemos en la Biblia. Es realmente interesante que después de todo lo sucedido en esos 20 años, esta reconciliación claramente sigue siendo la prioridad de Dios. Las circunstancias externas en la vida de Jacob habían cambiado dramáticamente, aún así, como vemos, no es el cambio lo que Dios está buscando. Dios está interesado en la transformación del corazón de Jacob y en la reconciliación con su hermano. Dios sabe que todo lo que le ha sucedido en esos años ha sido manchado por su culpa y por miedo a su hermano. Ahora es el momento para que su corazón sea limpiado y transformado, pero para que eso suceda, Jacob finalmente debe enfrentar el pasado.

Me gustan absolutamente estos capítulos donde vemos a Jacob de camino a encontrarse con su hermano. Es un camino maravilloso, un maravilloso sendero y vemos que a medida que Jacob atraviesa este camino, él está siendo cambiado —transformado—. La Torá nos muestra de forma clara que Jacob puede enfrentar su propio pasado solo si busca la reconciliación con Esaú, y eso solo lo puede hacer si se convierte en un hombre diferente. Y lo verdaderamente remarcable es —y quizá sea un consuelo para todos nosotros— que así como él está a punto de enfrentar el mayor peligro de su vida, también está teniendo la maravillosa ayuda de Dios en el encuentro más importante de su vida. Entonces Jacob se convierte en Israel, —y es solo cuando Jacob se convierte en Israel que él puede conseguir la reconciliación con su hermano—.

Jacob fue nombrado Israel después de haber luchado con el misterioso ísh (hombre) en Peniel. Siendo absolutamente único en toda la Biblia, este encuentro ha causado muchas interpretaciones diferentes. Las Escrituras no dicen claramente quién fue este hombre y definitivamente no está claro quién pensó Jacob que era. Quizá primero pensó que el «hombre» que luchó con él era un demonio del río, después de todo tenemos el sonido parecido entre las palabras Yabbók (el nombre del río) y Yabék (lucha) en este mismo versículo. Más aún, el ruego del hombre: «Déjame ir porque está amaneciendo» —podría haber confirmado la creencia de Jacob de haberse encontrado con un ser demoníaco—. Me encantan los comentarios judíos sobre la ambigüedad de este encuentro. Muchos comentaristas dicen que, mientras luchaba, Jacob no sabía contra quién peleaba —«porque cuando un hombre lucha contra una fuerza superior a él, en ese momento no está seguro si es Dios o Satanás que es su adversario, si es una fuerza divina o demoníaca»—. Sin embargo, mientras crea que su adversario es una fuerza demoníaca, el viejo Jacob está enraizado en el pasado; solo cuando amanece se da cuenta de que no era Satanás, sino Dios con quien luchó y esto pone su lucha bajo una luz completamente nueva. Entonces él pide a su adversario que le bendiga —y el hombre que luchó contra Jacob, le bendice, y al bendecirlo, cambia su nombre por el de Israel—. ¿Cuál es el significado de ese cambio?

Se cree ampliamente que la palabra «Israel» viene de la palabra hebrea  שרית que en el hebreo bíblico significa «luchar», «ejercer influencia», «prevalecer» porque «el hombre» le dijo a Jacob: «Tu nombre ya no será Jacob, sino Israel, porque has luchado con seres divinos y humanos y has prevalecido». No obstante, personalmente prefiero otra interpretación de este nombre —una interpretación que ayuda a comprender la profunda transformación que sucedió en Peniel—.

El nombre Israel podría leerse como (אלישרYashár-Él). La palabra hebrea (ישרYashár) significa recto, honesto, honorable, observador de la ley; en el uso bíblico también quiere decir «justo, persona temerosa de Dios». La raíz בעק, por otra parte (la raíz del nombre Ya’akóv) podría significar «torcido», como en este versículo: «lo torcido (בקהעserá enderezado».[1] Entonces comprendemos el significado de este cambio: Jacob/Israel es aquel a quien Dios endereza, como opuesto a «ser torcido, desigual».

Es después de este encuentro que Jacob se encuentra con su hermano —y este encuentro definitivamente fue mucho mejor de lo que cualquiera hubiera esperado—. En Génesis 33 vemos la preciosa escena de la reconciliación. Esaú que estaba trayendo 400 hombres armados a este encuentro, obviamente no tenía intenciones pacíficas originalmente. Esaú esperaba ver al viejo Jacob, al odioso hermano que le había superado varias veces. Él estaba preparando venganza y violencia.

Sin embargo, todo cambió súbitamente durante el fatal encuentro entre los hermanos en Génesis 33 —porque no es Jacob, sino Israel a quien Esaú ve—: un hombre completamente diferente cojea hacia él y se humilla delante de él. El esencialmente simple e impetuoso Esaú siente esa diferencia e inmediatamente corre a besar a su hermano gemelo recién descubierto. Los hermanos lloran, se besan y se reconcilian —ellos están ahora en paz—.

La festividad de las luces

No puedo terminar este artículo sin mencionar el magnífico festival que comenzará a celebrarse esta noche —Janucá—, la festividad de las luces. Para muchas personas en la diáspora, tanto judíos, celebrando Janucá, como gentiles guardando esta celebración —Janucá trata todo sobre dreidels y latkes—. Sin embargo, lo cierto es que la festividad de Janucá es todo sobre la luz superando la oscuridad. Las celebraciones de Janucá empiezan en completa oscuridad, entonces la luz de una vela —la primera vela de Janucá— penetra la oscuridad y entonces hay más velas y más luces. Es muy hermoso y muy profundo. Una de las canciones principales durante Janucá se llama Bánu Jóshej Legarésh —«Llegamos para quitar la oscuridad»— y desde luego este es el sentimiento abrumador que se tiene durante estas celebraciones: la luz divina vence incluso lo más oscuro de las tinieblas. Mientras encendemos nuestras velas de Janucá, nos identificamos con este solemne mensaje. Espero que este año se unan a nosotros para encender las velas. Janucá comienza esta noche (jueves 10 de diciembre), pero es una celebración de ocho días (que lo hace realmente profético debido a este maravilloso e importante octavo día —el día del «más allá»—), por eso, incluso si leíste este artículo después y has olvidado las primeras velas, aún tienes tiempo para unirte. El mensaje de Janucá es claro: La luz de Dios brilla en la oscuridad de este mundo y la oscuridad del mundo no la puede vencer. Te invito a ser parte de este mensaje —y también parte de la Luz—.

 

¡FELIZ JANUCÁ!

 

[1] Isaías 40:4.

 

Los pensamientos que lees en estas páginas es típico de lo que compartimos con nuestros estudiantes durante las clases de DHB (Discovering the Hebrew Bible/Descubriendo la Biblia Hebrea) o de WTP (Weekly Torah Portions: Porción Semanal de la Torá). Si estos artículos abrieron tu apetito por descubrir los tesoros ocultos de la Biblia hebrea o de estudiar en profundidad la Parashát Shavúa, junto con aspectos del Nuevo Testamento, estaré muy feliz en proporcionar más información (y también un descuento del maestro para nuevos estudiantes) respecto a los magníficos cursos de eTeacher: (juliab@eteachergroup.com).

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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