Retratos Bíblicos: Padre De Muchedumbres De Gentes

Cambio menor / Impacto mayor

 

Ya sabemos que en Génesis 17 Dios se le aparece a Abram después de 13 años de silencio. Aquí encontramos varios cambios cruciales. La increíble promesa —de que Abram tendría otro hijo además de Ismael— se encuentra en el versículo 16. Antes de eso, Dios le anuncia a Abram que hará un pacto con él y sus descendientes por siempre; pero incluso antes de eso, Él cambia su nombre por Abraham. Dios le dice: «Y no se llamará más tu nombre Abram, sino que será tu nombre Abraham, porque te he puesto por padre de muchedumbre de gentes».[1] Entonces, como también sabemos, este nuevo nombre: «Abraham», אַבְרָהָם  (Avraham), refleja el plan y la promesa de Dios: «padre de muchedumbres de gentes» אַב־הֲמוֹן גּוֹיִם,  (av hamon goyim).

Pero, ¿qué hay de Sara? Dios también le dice a Abraham que Sarai, su esposa, sería llamada «Sara» y le daría un hijo. Rashi, un renombrado comentarista medieval, explica: «A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai» —que significa «mi princesa»— «mas Sara será su nombre», y será una princesa sobre todo. El cambio es aún menor, aún es una letra —además sigue siendo la misma letra ה— pero no se puede sobreestimar la importancia de este cambio: de ahora en adelante los nombres de Abraham y Sara indicarán que el plan de Dios cubre a toda la multitud de sus descendientes. La dirección de este cambio sigue siendo la misma: de una familiar en particular, a muchas naciones.

Los nombres bíblicos tenían un peso importante. Una de las mayores pérdidas que experimentamos al leer la Biblia en la traducción, es la pérdida del significado de los nombres. Cuando Dios le da un nuevo nombre, su plan está contenido dentro de este nombre.

Noticias de última hora

Honestamente no creo que el mensaje de Génesis 17:16 —sobre el hijo de Sara— fuese una muy buena noticia para Abraham. Al menos, no de la manera en que solemos leerlo: ¡Miren, finalmente llega Isaac! No, Abraham ya tenía un hijo. Como sabemos, estaba perfectamente feliz con este hijo; su corazón estaba lleno de Ismael y ni siquiera estaba seguro de querer otro hijo. Después de todo, era un hombre mayor y no estaba seguro si tendría lugar en su vida para otro hijo. Él escuchó las magníficas promesas de Dios respecto a sus descendientes, y naturalmente pensó —y estuvo absolutamente feliz de pensar— que todas esas promesas se referían a Ismael. Ciertamente fue obediente al Señor, como siempre, y no discutió con él cuando anunció su voluntad; pero no creo que estuviera especialmente emocionado por las noticias de este nuevo bebé. En cierto sentido, las noticias de última hora de Génesis 17:16 fueron un cambio inesperado y casi inoportuno en el mundo de Abraham.

«Dijo también Dios a Abraham: “A Sarai tu mujer no la llamarás Sarai, mas Sara será su nombre. Y la bendeciré, y también te daré de ella hijo; sí, la bendeciré, y vendrá a ser madre de naciones; reyes de pueblos vendrán de ella”».[2]

Esta noticia fue tan inesperada, tan inconcebible —y probablemente tan desagradable— que Abraham no tuvo prisa en contarle a Sara, o al menos así parece. No sabemos cuánto tiempo pasó entre la aparición de Dios a Abraham en el capítulo 17 y su aparición junto a los árboles de Mamre, en el capítulo 18. De acuerdo al midrashim,[3] solo habían pasado unos pocos días y Abraham ni siquiera estaba completamente recuperado después de su circuncisión que ocurrió al final del capítulo 17. No encontramos ninguna pista en la Torá, pero incluso si este fuera el caso, y solo han pasado algunos días desde el último encuentro de Abraham con Dios, aún parece que durante estos días, no encontró tiempo para compartir con Sara esta gran noticia que Dios le había contado —¡y, por cierto, noticia de última hora!— Cuando Sara se entera de esto en el capítulo 18, se ríe con la famosa risa «entre sí», lo que demuestra más claramente que esta es la primera vez que lo ha escuchado.

¿Tal vez Abraham simplemente no lo tomó en serio. Tal vez pensó que había malinterpretado al Señor y que no había necesidad de hablar con Sara sobre esto y aumentar sus esperanzas cuando en realidad no había esperanza para ella. Puedo casi imaginar a Abraham pensando que había malinterpretado al Señor en esta ocasión: después de todo, fue, de hecho, un caso muy particular y exigió mucha fe para creer que su esposa estéril de 90 años le daría un hijo. Sin embargo, solo unos capítulos después, cuando se le pide a Abraham sacrificar a Isaac —de nuevo, una solicitud muy particular— Abraham no duda ni piensa ni por un momento que ha malinterpretado a Dios. En mi opinión, Abraham escuchó muy claramente a Dios; él conocía su voz perfectamente bien y su comunicación fue muy clara. Si Abraham decidió no compartir con Sara las noticias que había escuchado del Señor, eso solo podría significar una cosa: no fue una noticia feliz para él, al menos para comenzar, y no quiso hablar de esto.

Isaac – hijo de la promesa

Por favor no me malinterpreten. No estoy diciendo que Abraham no estaba contento con el nacimiento de Isaac o que no amaba a su hijo menor. Por supuesto que amó a Isaac profundamente; no hay duda sobre esto. Lo que quiero decir es que había amado a Ismael durante 13 años, incluso antes de haber escuchado hablar de Isaac, y en todos estos 13 años, no había esperado que nadie más ocupara su lugar. Trece años es mucho tiempo, y durante todo este tiempo, Ismael había sido su único hijo. Ciertamente, después del capítulo 18 y después de que «visitó Jehová a Sara, como había dicho, e hizo Jehová con Sara como había hablado. Y Sara concibió y dio a Abraham un hijo en su vejez, en el tiempo que Dios le había dicho»,[4] y después de este nacimiento sobrenatural, Abraham supo, sin ninguna duda, quién iba a ser el hijo de la promesa.

Cualquiera que hayan sido sus sentimientos al principio, Abraham fue un hombre de fe y supo cómo obedecer a Dios —lo había demostrado muchas veces antes, y lo demostró de nuevo en esta historia—. ¿Eso significaba, sin embargo, que dejó de amar a Ismael o que ahora lo amaba menos? Sin lugar a dudas, cuando Isaac nació, encontró un lugar en el corazón de Abraham —¿qué bebé no derretiría el corazón de su padre, especialmente si este padre tiene 100 años?— Y sin embargo, esto no significaba que Ismael ahora ocupara un pequeño lugar en su corazón: Abraham todavía amaba a su primogénito tan fuerte y tiernamente como lo había amado todos estos años, cuando Ismael había sido su único hijo. En el próximo y último artículo sobre Abraham, veremos la increíble —y en cierto sentido, muy única— prueba bíblica de eso.

[1] Génesis 17:5.

[2] Génesis 17:15-16.

[3] Comentarios rabínicos expositivos.

[4] Génesis 21:1-2.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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