Contando Los Días: ¿omer O Corona?

La Cuenta del Ómer (Sfirát Haómer – ספירת העומר) es uno de los mayores misterios y la costumbre menos comprendida de los judíos (también de los judíos mesiánicos). Cuarenta y nueve días separan la segunda noche de la Pascua de Shavuót —y estos días están señalados por la Cuenta del Ómer—. ¿Pero exactamente qué es lo que contamos? ¿Y por qué lo hacemos?

Primero que todo, es importante recordar que esto es un mandato bíblico mencionado dos veces en la Torá —en Levítico 23:15-16 y en Deuteronomio 16:9-10—. La primera vez lo encontramos en el conocido Capítulo 23 de Levítico, el cual describe todas las festividades y los festivales del año bíblico. Directamente después de los mandamientos respecto a la Pascua y la Fiesta de los Panes sin Levadura, encontramos la ceremonia de la presentación del Ómer, o la Gavilla de los Primeros Frutos.

«9 Y Dios habló a Moisés diciendo: 10 “Habla a los hijos de Israel y diles:´Cuando entren en la tierra que yo les doy, y recojan la cosecha, traerán al sacerdote una gavilla por primicia de los primeros frutos de su cosecha. 11 Y el sacerdote agitará la gavilla delante del Señor, para que sea aceptada en su nombre; al día siguiente del sabbát, el sacerdote la agitará…´”».

Y después de estas palabras, encontramos el siguiente mandamiento:

«15 …Y contarán para ustedes desde el día que sigue del sabbát, desde el día en que ofrecieron la gavilla de la ofrenda agitada; siete sabbát completos. 16 Hasta el día siguiente del séptimo sabbát contarán cincuenta días; entonces ofrecerán el nuevo grano al Señor».

De aquí viene la cuenta. Este mandamiento de «contar» se repite en Deuteronomio 16:9:

«9 Contarán siete semanas, comenzarán a contar desde el tiempo en que ponen la hoz en la mies. 10 Entonces guardarán la Fiesta de las Semanas para el Señor su Dios con la abundancia voluntaria de sus manos, que entregarán según el Señor su Dios los bendiga».

Es un tema de antigua controversia de si el día después del sabbát significa domingo, el primer día de la semana y el día después del sabbát semanal, o el segundo día de la Fiesta del Pan sin Levadura. «Mientras que el libro de Josué (5:11) sugiere que la práctica primitiva entendió que el mimajárat hasabbát se refería a la “mañana” del primer día de Pésaj, una costumbre confirmada por la Septuaginta, Josefo y Filo», los diferentes grupos del periodo del Segundo Templo lo comprendieron de manera diferente: por ejemplo: «la comunidad de Qumrán comprendió que la alusión fue el primer sabbát después de Pésaj»[1]. Este punto de vista también fue aceptado por los saduceos en los tiempos de Jesús; la opinión anterior también es aceptada por muchos estudiosos hoy en día y se basa en el hecho de que la palabra sabbát se refiere no solo al sabbát semanal, sino también al primero y al último día de las grandes festividades —en este caso al primer día de la Fiesta de los Panes sin Levadura—. Por eso, hoy en día la Cuenta del Ómer empieza el segundo día de la Fiesta del Pan sin Levadura y termina en la Fiesta de las Semanas —la Festividad de Shavuót—. Es importante notar que tanto el comienzo como el final de la cuenta estuvo marcado por ofrendas: en el segundo día de la Fiesta de los Panes sin Levadura, se llevaba una gavilla al Templo (en hebreo, es un ómer de cebada – por eso nos referimos a este tiempo como Ómer); las siete semanas de la cuenta se cerraban con el Festival de Shavuót (Pentecostés) en el cual se presentaba otra ofrenda al Señor: dos barras de pan de trigo. ¿Cuál es el significado y la importancia de esta cuenta?

Lo primero y más obvio es el significado agrícola del Ómer. La cebada era el primer grano que se cosechaba —y no hay duda de que con esta presentación del primer producto natural, Israel consagraba toda la cosecha a Dios—. El pueblo de Israel tuvo que aprender a reconocer el poder de Dios y a confiar completamente en Él. En este sentido, contar el Ómer es una forma de oración diaria por la bendita y abundante cosecha.

Indudablemente, la cuenta del Ómer también tiene un gran significado histórico y espiritual. Si bien la Pascua conmemora el Éxodo de Israel y la salida de Egipto, la Fiesta de las Semanas (Shavuót) marca la entrega de la Torá en el Monte Sinaí —y al contar los días entre las dos festividades, reconocemos la enorme importancia de este periodo—.

Sin embargo este año «el contar» se hizo cada más significativo. Me sigue sorprendiendo cómo todas estas festividades bíblicas, al ser memoriales solemnes y maravillosos de los tratos del pacto de Dios con Su pueblo, al mismo tiempo a menudo parecen corresponder con nuestra realidad externa —y no solo con la época regular de cada año, sino también con las circunstancias particulares de cualquier año—. Como ya sabemos, hasta ahora el 2020 ha sido un año muy especial y sin precedentes. La Pascua que celebramos este año fue absolutamente única: nunca antes, desde la noche de Éxodo, el pueblo judío la experimentó en forma tan viva y profética, nunca antes fue tan parecida a la primera Pascua en Egipto cuando la horrible plaga rondó con tanto desenfreno; y nunca antes la población de todo el mundo —no solo el pueblo judío— esperó ansiosamente los días posteriores a la Pascua. El significado profético y universal de este conteo bíblico de los días posteriores a la Pascua —contando el Ómer— nunca antes había sido tan obvio. Para miles de personas alrededor del mundo, cada nuevo día nos trae ahora una nueva esperanza y oración por una victoria completa sobre el virus; cada nuevo día viene a ser un nuevo paso en un retorno gradual de la salud y una vida libre del Corona. Todos estamos «contando los días» —e incluso aquellos que antes nunca lo habían hecho, no deseando someterse al Rey y Su Corona, ahora se han visto forzados a someterse al Corona (en muchos idiomas, Corona también significa «Corona»)—. Una expresión oficial ha sido acuñada durante estos días: vivir bajo «la sombra de la Corona», cuando todavía llevamos las mascarillas y mantenemos una cierta distancia social. Me pregunto si aquellos que acuñaron esta expresión conocen una maravillosa expresión bíblica —Betzél Shadái—, «a la sombra del Todopoderoso». Que la sombra del Corona sea un recordatorio sobrio para todos nosotros —es mejor «habitar bajo la sombra del Altísimo»—.

 

[1] Hillary Le Cornu, Joseph Shulam, The Jewish Roots of Acts, Netivyah Bible Instructions Ministry, 2003, p.55-56.

 

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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