Descifrando El Nuevo Testamento: El Cordero (2)

Dos corderos

En nuestro último post, comenzamos a discutir una posible conexión entre el cordero de la Aqedat Itzjak y el cordero del cristianismo. La similitud más sorprendente entre las dos tradiciones ha sido largamente considerada. Durante mucho tiempo se ha llevado a cabo una discusión sobre la independencia de la tradición judía. En 1912, Isidoro Levi, se las arregló para deshacerse de la noción común pero altamente errónea de que la Aqeda fue básicamente una innovación que surgió del Apóstol Pablo. Así pues, el tema fue retomado por muchos académicos, incluyendo un maravilloso estudio de H.J. Schoeps.[1]  Un brillante análisis de las tradiciones de la Aqeda hasta el siglo XII d.C. ha sido presentado por S. Spiegel.[2] Hubo estudios muy importantes en la segunda mitad del siglo XX que se concentraron sobre esas primeras tradiciones: por G. Vermes[3],  R.J. Daly[4],  N. A. Dahl[5]  y P.R Davies[6] . Las fuentes más relevantes del siglo I d.C., principalmente las antigüedades judías de Josefo, IV de Macabeos y el Liber Antiquitatum Biblicarumde Ps. Filo, han sido exhaustivamente estudiadas por todos, y la principal tesis de Levi respecto a la independencia y prioridad de la tradición judía ha sido confirmada. Según Gesa Vermes «los dos temas principales targúmicos  de la historia de la Aqeda, es decir, la voluntad de Isaac de ser sacrificado y la cualidad expiatoria de la acción, ya eran tradicionales en el siglo I d.C.».[7] Esto significa que en algún momento, entre mediados del siglo II a.C. y principios de la era cristiana, esta nueva doctrina se había establecido por sí sola: la expiación por los pecados de Israel fueron el resultado tanto del auto-ofrecimiento de Isaac como del derramamiento de su sangre. La Aqeda no solo fue considerada un sacrificio verdadero y genuino, sino que por el libre consentimiento de la víctima —única característica, distinguiéndose de, y elevándose sobre cualquier otro sacrificio— vino a ser el sacrificio, sacrificio por excelencia cuyos beneficios duraderos se sentirían para siempre. Sin esta doctrina, el sacrificio de Isaac se creyó haber jugado un rol único en la economía total de la salvación de Israel y en tener un efecto redentor permanente para el pueblo.

¿Qué fue primero?

Juan 1:29 deja de ser un crux (un problema) cuando se inserta en este adecuado escenario. Para la palestina judía del siglo I, todo sacrificio del cordero —en especial el cordero de la Pascua— era un recuerdo de la Aqeda con sus efectos de liberación, perdón de pecados y salvación mesiánica. «De acuerdo con la antigua teología judía, la eficacia expiatoria de todos los sacrificios en los que un cordero era inmolado… dependían de la virtud de la Aqeda, el auto-ofrecimiento de aquel cordero a quien Dios había reconocido como víctima perfecta del perfecto holocausto».[8] El hecho que la Aqeda no desempeñe un papel más importante que en la soteriología del Nuevo Testamento, probablemente se explique por el hecho de que la alusión más leve hubiera bastado para recordar su importancia para los judíos cristianos, y sin lugar a dudas tenemos estas leves alusiones en el Nuevo Testamento.

Todavía hay otra pregunta para hacerse: Si la tradición de la Aqeda existió antes e independientemente de la tradición cristiana; si en el siglo I d.C. ya existía la creencia de que el sacrificio único de Isaac es infinitamente mejor que el ofrecimiento de un cordero por el pecado de los hombres, y que los méritos de la acción serían reconocidos por todos los pueblos para siempre —entonces, ¿en qué medida y en qué manera la Aqeda sirvió como modelo a los primeros cristianos para que comprendiesen la expiación?— Aparentemente cualquiera que acudió regularmente a los servicios de la sinagoga en el siglo I —que probablemente fue el caso de los primeros judíos creyentes en Jesús— no pudo escapar de la influencia de las ideas y de la imaginación de la Aqeda. ¿Podemos entonces afirmar que dado que la Aqeda fue «una concepción teológica judía que debió haber sido familiar para Pablo, un antiguo fariseo, esta sirvió como modelo, cuando él se comprometió a desarrollar» [9] su doctrina de salvación a través de la muerte de Cristo en la cruz? ¿Podemos afirmar que la soteriología cristiana se desarrolló a partir de la doctrina del sacrificio expiatorio de Isaac en la Aqeday que «el cordero de Dios» de Juan 1:29 es justo una alusión del cordero de la Aqeda?

El cordero de Isaías

Me gustaría recordar ahora la figura del siervo sufriente. La primera idea en Isaías 53 es paralela a un leitmotiv (motivo) tanto de la tradición targúmica de Génesis XXII como de la soteriología cristiana. Tanto Isaac como Jesús ofrecieron libremente sus vidas y fueron aceptadas por Dios en favor de sus descendientes e incluso de las naciones (según Ps. Filo, en el caso de Isaac). El siervo es comparado con el cordero que es llevado al matadero (Isaías 53:7). Ambos, Isaac y Jesús son llamados el «cordero». El sacrificio del siervo fue ordenado por Dios; de igual manera los sacrificios de Isaac y Jesús. Este parecido se presenta tanto en el judaísmo como en el cristianismo, y la naturaleza y efecto de la pasión del siervo se aplican al sacrificio de Isaac y de Jesús. Sabemos que Isaías 53 todavía es la principal piedra de tropiezo en la polémica entre judíos y cristianos; ya sea que el capítulo hable de Cristo o del pueblo de Israel, o ya sea que el siervo sufriente es Jesús o Israel. La conexión discutida entre el cordero, la redención y Pesaj hacen este conflicto aún más agudo: ahora podemos ver claramente que en ambas tradiciones, el siervo sufriente es identificado con el cordero, cuya muerte redentora trae salvación para el pueblo «habiendo él llevado el pecado de muchos, y orado por los transgresores» y es recordado en el ritual de la celebración de Pascua. En este sentido, acerca aún más a ambas religiones porque vemos el mismo motivo de la muerte redentora del Justo que trae salvación a los pecadores. La diferencia crucial entre los dos es sobre quién es considerado Justo: Isaac, como el antepasado justo del pueblo escogido y como modelo para todo Israel, o Jesús. Ciertamente, si hablamos sobre el cristianismo moderno, los mundos se separan del judaísmo moderno; pero es importante saber que en un sentido, la teoría de la redención existió ya en la era pre-cristiana, y hasta cierto punto, se ha ido desarrollando por ambas tradiciones cristianas y rabínicas en forma muy similar pero con un personaje redentor diferente  en el centro.

 

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[1] Hans Joachim Schoeps, The Sacrifice of Isaac in Paul’s Theology, Journal of Biblical Literature  65.

[2] Shalom Spiegel, The  Last Trial.

[3] Geza Vermes, Redemption and Genesis XXII, in: Scripture and Tradition in Judaism (Leiden: 1961), pp 193-227.

[4] Robert J. Daly, The Soteriological Significance of the Sacrifice of Isaac”, The Catholic Biblical  Quarterly 39 (1977), 45-75.

[5] N. A. Dahl, The Atonement – an Adequate Reward for the Aqedah? (Ro 8:32), Neotestamentica and Semitica (Edinburg: 1969), pp.15-29.

[6] P.R. Davies, B.D.Chilton, “The Aqedah: A Revised Tradition History”, The Catholic Biblical  Quarterly 40 (1978), 514-546.

[7] Geza Vermes, Redemption and Genesis XXII, in: Scripture and Tradition in Judaism (Leiden: 1961), p.204.

[8] Ibid., p.211.

[9] Hans Joachim Schoeps, The Sacrifice of Isaac in Paul’s Theology, Journal of Biblical Literature  65, p. 387.

 

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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