Descifrando El Nuevo Testamento: La Última Semana (1)

Mis queridos lectores, a medida que nos acercamos a la época de Semana Santa y de Pascua, regresamos a nuestras series «Descifrando el Nuevo Testamento». En estas reflexiones de Semana Santa, verán que la descripción de los últimos días de Jesús se entiende muchísimo mejor cuando la miramos a través de la Biblia hebrea y la comparamos con sus antecedentes judíos. 

LA HABITACIÓN PARA LA ÚLTIMA CENA

Jerusalén estaba lleno de gente que había llegado para la Pascua. Cada casa tenía sus propios huéspedes adicionales, cada habitación estaba llena, aún así, Jesús extrañamente parecía no estar preocupado respecto al lugar donde celebrar la comida de Pascua. En confianza, Él les dijo a sus discípulos: «He aquí, al entrar en la ciudad os saldrá al encuentro un hombre que lleva un cántaro de agua; seguidle hasta la casa donde entrare…» ¿Cómo sabía Jesús que ellos encontrarían a un hombre con un cántaro de agua?

Un hombre con un cántaro de agua era algo muy raro de ver, ya que normalmente era trabajo de mujeres. ¿Por qué un hombre estaría llevando un cántaro de agua a Jerusalén?

El único grupo de hombres judíos que tradicionalmente llevaban cántaros de agua eran los esenios. Ya que los esenios guardaban el celibato, los hombres hacían el trabajo de las mujeres. Los esenios tenían sus comunidades, no solo en Qumran, sino también en varias ciudades. También tenían una comunidad en Jerusalén. Josefo nos dice que una de las puertas de Jerusalén se llamaba «La Puerta de los Esenios». Aparentemente fue por esta puerta que entraron a la ciudad.

Un hombre llevando un cántaro de agua solo podía ser un esenio. De las palabras de Jesús, sus discípulos entendieron que tenían que entrar a Jerusalén a través de la puerta de los esenios. Como los esenios usaban un calendario diferente, las habitaciones para huéspedes todavía estaban habilitadas. Por eso el Maestro sabía que allí había un sitio disponible para celebrar la Última Cena.

ENTRANDO A JERUSALÉN

Hoy en día los cristianos de todo el mundo saben que la Semana de la Pasión inicia el domingo de ramos, pero, ¿saben por qué Jesús estaba entrando a Jerusalén ese día en particular? Podemos encontrar una respuesta en los primeros versículos de Éxodo 12, donde Dios estableció que el cordero que debía ser sacrificado en la víspera de Éxodo, estuviera separado con cuatro días de antelación:

«En el décimo día cada uno tomará un cordero por familia… el cordero será sin defecto, macho de un año… y lo guardaréis hasta el día catorce de ese mes, y lo inmolará toda la congregación de Israel al anochecer».

Por eso, el diez de Nisan, el cordero pascual era escogido y separado y comenzaban las preparaciones para su inmolación. Esta es la razón por la que Jesús tuvo que entrar a Jerusalén el domingo 10 de Nisan —el mismo día en que el cordero perfecto debía ser seleccionado y apartado—.

Leemos en los Evangelios que cuando Jesús entró a Jerusalén «los que iban delante y los que venían detrás daban voces, diciendo:

¡Bendito el reino de nuestro padre David que viene! ¡Hosanna en las alturas!”»

¿Cuál es el significado de estas palabras en hebreo? ¿Qué entendió el pueblo respecto a Jesús, y qué pensaron ellos de Él cuando estaba entrando a Jerusalén, qué les hizo gritar estas palabras en particular?

La palabra «Hosanna» se traduce del hebreo Hoshia Na (הֹושִׁיעָה נָּא – (literalmente: salve, por favor.) Esta palabra es tomada del Salmo 118, uno de los Salmos (113-118) de los llamados Hallel (en hebreo: Alabanza), los cantos de alabanza y acción de gracias. Hay ocasiones especiales en las que tenemos una obligación adicional para alabar a Dios —y en esas ocasiones especiales recitamos salmos especiales conocidos como Hallel—.

En el Salmo 118:25 se lee: «Oh Jehová, sálvanos ahora, te ruego, אָנָּא יְהוָה הֹושִׁיעָה נָּא». Según los sabios judíos, uno de los temas fundamentales de Hallel, es reconocer la fuente de salvación. El Salmo 118 era recitado en el camino al Templo y en el Templo, en la vigilia de la Pascua, Erev Pesaj, en el momento de inmolar el sacrificio pascual («korban pesaj»). Jesús entró a Jerusalén como el «Último Sacrificio», como el Cordero Pascual, y estas palabras del Salmo 118 no solo lo confirmaron, sino que también lo reconocieron como la fuente de salvación. Comprendiendo los orígenes del Hallel judío, se nos proporciona una mayor comprensión de las palabras de Mateo —«Hosanna al Hijo de David»—.

LAVANDO LOS PIES

«Los amó hasta el fin».

En Génesis 18, cuando el Señor estaba por anunciar el nacimiento del hijo del pacto a Abraham, tres hombres llegaron a la tienda y Abraham les ofreció agua para lavarse los pies. En Juan 13, cuando el Señor está a punto de anunciar el nuevo pacto a Sus discípulos, Él mismo les lava los pies. ¿Por qué Jesús hizo esto? ¿Cuál era la costumbre judía? Juan 13 da un significado aún más profundo cuando es entendido en su contexto judío.

El lavado de los pies era el primer acto que se hacía al entrar a una tienda o a una casa después de un viaje. Normalmente el anfitrión proveía el agua y los huéspedes lavaban sus propios pies. Algunas veces, en las casas más ricas, el lavado de los pies lo hacían los esclavos. Con toda su ejemplar hospitalidad, Abraham no lavó los pies de sus huéspedes —probablemente no era muy apropiado hacerlo—. En su lugar, el dijo: «Os lavaréis los pies» (rahzu).

De Génesis 18 vemos que no era costumbre que el anfitrión lavara los pies de sus huéspedes. Aún así, cuando Jesús lavó los pies de sus discípulos, no se podría explicar como una necesidad o costumbre. Juan dijo que Jesús: «los amó hasta el fin». Al lavar los pies, Él puso como ejemplo los componentes más vitales del Nuevo Pacto —amor y humildad—. Este acto tan poderoso por sí solo se vuelve más significativo cuando se observa en su contexto.

Lo que Jesús hizo el último atardecer de su vida, fue más allá de costumbres tradicionales —pero solo podemos entenderlo cuando conocemos esas costumbres—. Conocer los antecedentes judíos del Nuevo Testamento nos ayuda, no solo a comprender aquellas palabras y acciones de Jesús que pertenecieron a ese contexto, sino también a captar todo el significado de aquellas palabras y acciones que fueron más allá de las ideas y costumbres tradicionales.

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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