Descifrando El Nuevo Testamento: La Última Semana (2)

Jesús llora sobre Jerusalén

Bien, por ahora sabemos por qué Jesús entró a Jerusalén un domingo. Sabemos por el libro de Éxodo, que el día 10 de Nisán, el cordero pascual era escogido y apartado y empezaban los preparativos para el sacrificio. Por esta misma razón, Jesús tenía que entrar a Jerusalén ese mismo día —el 10 de Nisán—. Jesús fue crucificado el día 14 del mes; cuatro días antes de todo esto. El domingo, el décimo día del mes, Él entró a Jerusalén y empezó los preparativos para su sacrificio para convertirse en el cordero pascual el 14 de Nisán: «Y lo guardaréis hasta el día catorce de este mes…».

Así pues, lo que dicen los Evangelios corresponde perfectamente con el escenario establecido por Dios durante el tiempo del éxodo —y podemos imaginar la angustia en el alma de Jesús mientras iba llegando a Jerusalén— : «Ahora está turbada mi alma; ¿y qué diré? ¿Padre, sálvame de esta hora? Mas para esto he llegado a esta hora»[1]. Sin embargo, justo antes de entrar a Jerusalén, algo muy importante le sucede a Jesús; algo que definitivamente pertenece a su sufrimiento —a su agonía, a su dolor— y en este sentido, también pertenece a la semana de su pasión. ¿A qué nos referimos?

En Lucas 19 leemos que cuando Jesús se aproximaba a Jerusalén: «…llegó cerca de la ciudad, al verla, lloró sobre ella,diciendo: “¡Oh, si también tú conocieses, a lo menos en este tu día, lo que es para tu paz! Mas ahora está encubierto de tus ojos. Porque vendrán días sobre ti, cuando tus enemigos te rodearán con vallado, y te sitiarán, y por todas partes te estrecharán, y te derribarán a tierra, y a tus hijos dentro de ti, y no dejarán en ti piedra sobre piedra, por cuanto no conociste el tiempo de tu visitación”»[2]. ¿Por qué esta escena es tan significativa? Para nosotros es importante comprender que Jesús sabía que Él había venido no solo para su propio sufrimiento, sino también para el sufrimiento de su propio pueblo —para transformarlos en «enemigos para su bien»—, y por lo tanto, Él lloró abiertamente sobre todo el tormento que se desataría sobre Israel en su nombre.

Jesús llora sobre Lázaro

¿Recuerda cuántas veces llora Jesús en los Evangelios? Hace años, mi libro sobre las lágrimas de Dios por el sufrimiento de Israel («If you are the Son of God…»)comenzaba por la realización (revelación) de este simple hecho: en todo el Nuevo Testamento, Jesús solo llora dos veces —una aquí, sobre Jerusalén, y otra sobre Lázaro («y Jesús lloró»)No hay coincidencias en la Palabra de Dios, por lo tanto, es importante ver estas escenas una junto a la otra; y las lecciones para aprender de esta yuxtaposición son inmensamente profundas.

Todos recordamos la historia de Lázaro de Juan 11: Lázaro se enfermó, sus hermanas (y él mismo) esperaban que Jesús viniera a curarlo, sin embargo, Jesús no llegó a tiempo y Lázaro murió. Cuando Jesús finalmente llegó, ambas hermanas le dicen las mismas palabras a Él: «Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto»[3]. Viéndolas llorar, «también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió»[4]; entonces fue con ellas al sepulcro y —«Jesús lloró»—.

Para mí, lo más maravilloso de estas lágrimas es su gloriosa inconsistencia con lo sucedido y qué pasaría en la parte visible de la historia. De alguna manera no encajan con los eventos de Betania y aparecen casi excesivos e innecesarios si conocemos los eventos futuros (¿por qué llora si de todas maneras Lázaro está a punto de resucitar de los muertos?). Parece ser que aquí se mencionan tan solo con el propósito de mostrar sus íntimos sentimientos —su corazón—.

Esencialmente, todo este capítulo de Juan presenta una doble lección para Israel. En primer lugar, la historia de Lázaro nos enseña que todo lo que le ha estado sucediendo a Israel estaba planeado por Dios desde el mismo principio y de que Él mismo es el autor de esta historia. Así como Lázaro no fue abandonado por Jesús, sino que fue escogido «para la gloria de Dios»[5], de la misma forma Israel tampoco fue rechazado por Dios, sino escogido por Él para el mayor de los milagros y para traerle mayor gloria a Él. «…Para gloria mía los he creado [a ustedes]»[6]. Israel es el camino para esta gloria, como el camino de Lázaro que no es un camino fácil —pero fue su opción, su elección, su plan—. Este es el lado objetivo de su plan, por así decirlo; a través de la historia de Lázaro vemos también un lado interno, subjetivo (si uno puede decir tal cosa sobre Dios) de este plan —vemos cómo Él llora internamente junto a Israel—, vemos cuántas lágrimas y cuánto dolor y tristeza de Israel le causan dolor y tristeza a Él. El Señor, que ama a su pueblo infinitamente, sufre junto a Israel, a pesar del hecho de que esos sufrimientos son parte de su plan.

En el sepulcro de Lázaro, Jesús llora por el dolor a través del cual tuvo que someter a Lázaro durante esos días de enfermedad y expectativas fallidas, sobre la tortura de incomprensión que llenó sus horas finales y sobre cómo habían «pasado ya…cuatro días»[7] desde que fue puesto en la tumba. Jesús llora sobre Jerusalén con las mismas lágrimas de amor y compasión con las que lloró por Lázaro. «Mirad cómo le amaba» puede ser nuestra única respuesta. Él llora por el sufrimiento por el cual Dios iba a llevar a su pueblo, la tortura de esperar en el Señor y la imposibilidad de comprender por qué Él permanecía en silencio mientras sus corazones serían quebrados durante los pogromos, la inquisición y el holocausto. Él llora porque tal es su plan, que con su propia mano, Él mismo guiará a Israel en la oscuridad de la enfermedad y el rechazo durante largos siglos. Aunque Jesús sabe que en unos instantes, Lázaro resucitará, Él llora delante del sepulcro de Lázaro por el dolor de su amado y sobre el camino para esa resurrección. Él llora sobre Jerusalén, exactamente de la misma forma. Aunque Él sabe que en pocos «momentos» («…con el Señor…mil años [es]como un día»)[8]Jerusalén resurgirá de su cautividad, Él lamenta todo el sufrimiento que su amado deberá soportar en el camino a su resurrección.

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[1] Juan 12:27

[2] Lucas 19:41-44

[3] Juan 11:2132

[4] Juan 11:33

[5] Juan 11:4

[6] Isaías 43:7

[7] Juan 11:17

[8] 2 Pedro 3:8

[9] En este momento ofrecemos el curso WTP solo en inglés, mientras que los cursos DHB y JBNT se ofrecen también en español y portugués.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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