La Torá En Tiempo Actual: Hayyei-sarah

Queridos lectores, en un principio estaba insegura de publicar el artículo de la primera porción de la Torá de este año. Hay muchos sitios con comentarios de la Parashat Shavua, así que pensé: ¿mis lectores de verdad necesitan otro? Sin embargo, el interés en estos artículos ha sido muy alentador, así que seguiremos comentando la Parashat Shavua, al menos a través del Libro de Génesis. Esta semana leemos Hayyei-Sarah (la vida de Sara), Génesis 23:1– 25:18, y esta porción de la Torá, como cada sección de la Palabra, tiene un mensaje para cada uno: para la gente joven que busca su “otra mitad”, para los padres criando hijos y para la gente de avanzada edad. Profundicemos en el texto.

VIDA EN LA MUERTE

Primero que todo, parece ser que el título “Hayyei-Sarah” (la vida de Sara) no es el título más adecuado para una porción que abre con la muerte de Sara —directamente en el segundo versículo, Sarah muere—: Y murió Sara en Quiriat-arba, que es Hebrón, en la tierra de Canaán”.[1] Pero aquí está la primera lección de esta porción: aún después de la muerte de Sara, las vidas y las narrativas estuvieron influenciadas por su vida —Hayyei-Sara—. Dios desea que Su pueblo viva de tal manera que sus vidas tengan un impacto en aquellos que les rodean —aún cuando se vayan de este mundo, las personas y las historias continuarán llevando sus nombres—.

¿Por qué murió Sara? En la tradición judía, la muerte de Sara en Génesis 23 está yuxtapuesta a los eventos de Génesis 22: “cuando Sara escuchó que su hijo estaba preparado para el sacrificio y estaba casi sacrificado, su alma salió de ella y murió”[2] (Sara murió a la edad de 127 años, por cierto, de acuerdo a esta tradición, Isaac tenía 37 años cuando fue conducido al Monte Moriah, y no un niño como a menudo es representado en el cristianismo).

Luego aprendemos algo muy significativo sobre Abraham. Presten mucha atención a lo que Abraham está diciendo a los hijos de Het mientras intenta comprar un lugar donde enterrar a Sara: “Soy un extranjero y un peregrino”. Cuán humildes son estas palabras: él sabe muy bien que es un extranjero entre la gente de su alrededor. Pero, ¿qué le responden los hijos de Het? “Escúchanos, mi señor: tú eres un poderoso príncipe entre nosotros”.Este es el mejor testimonio al que una persona puede aspirar: si tú sabes que simplemente eres “un extranjero y un peregrino”, y aún así las personas de tu alrededor te ven como un “poderoso príncipe”,no como un indefenso extraño, significa que Dios debe estar brillando a través tuyo. Significa que Su fortaleza es vista en tu debilidad, que Su poder te hace poderoso, que no es a ti a quien la gente ve —sino a Dios en ti—.

UN DETALLE INTRIGANTE

En Génesis 24, Rebeca, una maravillosa mujer, toma una decisión que cambia la vida: dejar su hogar y marchar a Canaán para casarse con Isaac. Al final de este largo capítulo lleno de acontecimientos, Rebeca ve a Isaac por primera vez. En español leemos: “y descendió del camello”. Sin embargo, estas palabras no revelan el significado completo del hebreo original: ותפל מעל הגמל —y ella cayó, se cayó del camello—. Ella literalmente se cayó de su camello. ¿Por qué se cayó Rebeca?

Leemos que Isaac venía de Beer Lahai Roi”[3]el Pozo del Viviente-Que-Me-Ve. Este importante nombre nos dice que, incluso después del suceso del Monte Moriah, cuando Isaac desaparece completamente de las páginas de la Torá, él no desapareció de la vista de Dios: no era su padre terrenal, sino su Padre Celestial quien le restauró después del terrible golpe por el que pasó —el Viviente-Que-Me-Ve, Vive.

Creo que después del tiempo que había pasado con Dios, Isaac debe haber resplandecido con la luz de Dios y brillado con la gloria de Dios. Rashi escribe sobre Rebeca y sobre este encuentro inicial: “Ella vio su majestuosa apariencia, y se quedó asombrada con él”. Isaac está saliendo del desierto, irradiando la luz de Dios y deslumbrando a Rebeca cuando ella lo mira por primera vez.

Quizá esta sea una razón adicional de de por quéella entonces tomó el velo, y se cubrió”.[4] Por supuesto que cubrió su rostro como muestra de sumisión ante su futuro marido —una novia tenía que ser llevada con velo ante la presencia del novio—. Sin embargo, tanto su caída del camello como el cubrir su rostro, tiene más sentido cuando imaginamos a Isaac brillando y deslumbrando a Rebeca.

La historia de amor de Isaac y Rebeca es una de las historias más hermosas y románticas de la Torá. Sin embargo, lo más maravilloso de esta historia es que se requiere la fe de varias personas para que sea una verdadera historia de amor. La lección es muy clara: las mejores familias y matrimonios, antes de convertirse en historias de amor, deben ser historias de fe.

EL PRIMER “AMOR”

Entonces somos testigos de la historia de fe transformándose en una historia de amor: “Isaac… tomó a Rebeca por mujer, y la amó (יֶּאֱהָבֶ֑הָ)”. ¿Hay algo específico que esta maravillosa raíz hebrea, ahav, pueda decirnos aquí? 

Es muy importante notar que en un sentido romántico, como refiriéndose a una relación entre un hombre y una mujer, el verbo “amar” (ahav) aparece aquí por primera vez en toda la Torá (y sobre todo por segunda vez). No hay duda de que Abraham amó a Sara, aún así las Escrituras nunca usan esta palabra para describir su relación. Los sentimientos de Isaac por Rebeca debieron haber sido muy intensos si la Torá encuentra necesario usar este verbo.

Es todavía más remarcable el hecho de que la primera vez que encontramos esta raíz en Génesis 22, es donde Dios dice a Abraham “toma ahora tu hijo, tu único, Isaac, a quien amas (אהבת)”. Es muy interesante resaltar que, en ambas ocasiones, el verbo “amar” está relacionado con Isaac: él fue quien fue amado en Génesis 22 y es quien ama en Génesis 24.

La verdad eterna de la crianza está revelada mediante la raíz hebrea: nosotros hemos de amar a nuestros hijos, para que ellos estén llenos de amor cuando crezcan. Uno ha de ser amado (por el padre terrenal y/o por el Padre Celestial), para ser capaz de amar. Isaac fue la primera persona a quien la Torá se dirige como siendo amado por su padre —él fue también la primera persona quien la Torá describe como amando a su esposa—.

 

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[1] Génesis 23:2

[2] Génesis Rabbah 58:5

[3] Génesis 24:63

[4] Génesis 24:65

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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