Las Profundas Lecciones De La MegilÁt Ester

Después de estos eventos

Queridos lectores, he estado a cargo de este blog por casi cinco años y esto quiere decir que estoy escribiendo un artículo sobre Purím ya por quinta vez. En los años anteriores hablé de muchas cosas diferentes y les conté muchas historias diferentes relacionadas a Purím (aquí están los links de algunos artículos previos sobre Purím): https://blog.israelbiblicalstudies.com/jewish-studies/miracle-purim-reversal-evil/, https://blog.israelbiblicalstudies.com/jewish-studies/the-book-and-the-festival-1/ , https://blog.israelbiblicalstudies.com/jewish-studies/purim-the-question-and-the-answer/ ). Pienso que por ahora ya he agotado el tema. Sin embargo, como estuve leyendo el libro de Ester para preparar este artículo, me golpeó algo que no había visto antes —y esto es lo primero que me gustaría compartir con ustedes hoy—.

Los primeros dos capítulos de este magnífico libro nos cuentan cómo Ester, una niña judía, se convirtió en reina del Imperio persa, y solo luego de que leemos el primer versículo del tercer capítulo: «Después de estas cosas el Rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo, y lo honró, y puso su silla sobre todos los príncipes que estaban con él».[1] Después de estas cosas… Piensen en esto: solo después de que el remedio estuviera listo para la salvación de Israel, le fue permitido a Amán ser engrandecido.

Aquí llegamos a un punto de gran importancia. Probablemente ya habrán escuchado que el libro de Ester no contiene del todo el nombre de Dios. Durante siglos, nunca se ha planteado la pregunta de por qué este libro fue incluido en el canon.

Creo que podemos encontrar la respuesta en estas tres simples palabras: «Después de estas cosas» אַחַ֣ר | הַדְּבָרִ֣ים הָאֵ֗לֶּה El libro de Ester fue incluido en el canon porque de hecho «todo trata sobre Dios». El mal aquí es derrotado a través de la serie de eventos orquestados por Dios y así es «como» Dios se revela a su pueblo.  Sí, la palabra «Dios» no aparece abiertamente en el libro porque a menudo Dios permanece oculto en nuestras vidas —hasta que lo reconocemos a Él y su escritura en las circunstancias y eventos que se despliegan—. Por supuesto, a veces sucede que la salvación de Dios llega como un milagro, desafiando las leyes naturales (como en el libro de Daniel, por ejemplo). Sin embargo, la mayoría de las veces, la salvación divina es «disfrazada» en eventos ordinarios —«ocultos» en lo que se puede percibir como una serie de «coincidencias»— como sucede aquí en el libro de Ester.

El mismo título de este libro —Megilát Estér (El Rollo de Ester)— es extremadamente profundo. Ya escrí sobre este pero creo que es digno volver a mencionarlo: la dinámica sorprendente entre «oculto» y «revelado» se refleja en este título. El libro (אסתר; Estér) se relaciona con la palabra nistár: «oculto», «escondido», mientras que la palabra Megilát se relaciona con la palabra megalé: «revelar». Por lo tanto, las palabras Megilát Estér se pueden traducir literalmente como: «La Revelación de lo Oculto» y este es el mensaje de este maravilloso libro. La salvación de Dios está cerca incluso cuando está oculto, cuando no lo «vemos» actuar en nuestras vidas. Y este mensaje les pareció tan importante a nuestros sabios, que de acuerdo al Talmúd, Ester está insinuada y «oculta» en la Torá aunque la historia de Purím sucedió muchos siglos después. Aquí está lo que dice el Talmúd: «¿Dónde escuchamos sobre Ester en la Torá?». En Deuteronomio 31:18 dice: «Y esconderé, de verdad esconderé mi rostro de ellos».[2]


Descendientes de Raquel contra descendientes de Amalec

En los comentarios judíos encontramos una observación muy interesante:

«Raquel siempre fue destinada a ser la esposa de Jacob, como opuesta a Leah que inicialmente fue destinada a casarse con Esav. Como resultado, sus descendientes (Leah) no tienen la fuerza necesaria para ser el némesis espiritual de Esav».[3]

Estas palabras comentan un hecho de que cada vez que el pueblo judío lucha contra su gran enemigo Amalec (que fue el nieto de Esav), la pelea es dirigida por un descendiente de José o Benjamín, los hijos de Raquel. Parece que los hijos de Raquel y sus descendientes, son destinados a luchar contra Amalec a través de la historia de Israel. La primera batalla contra Amalec, después de que Israel se fuera de Egipto,[4] fue peleada por Josué que fue de la tribu de Efraín, el hijo de José. La segunda vez que Israel enfrenta a Amalec, la batalla fue peleada por el Rey Saúl, el hijo de Cis, de la tribu de Benjamín:[5]

«Samuel también le dijo a Saúl… Ve ahora, y ataca a Amalec, y destruye por completo todo lo que tiene, y no te apiades de él… Y Saúl derrotó a los amalecitas desde Havila hasta llegar a Shur…  Y Saúl y el pueblo perdonaron a Agag, y a lo mejor de las ovejas y del ganado mayor… y no lo quisieron destruir».

En la historia de Purím, Ester y Mordejai, de la tribu de Benjamín, confrontan a Amán el amalequita:

Ester 3:1 «Después de estas cosas el Rey Asuero engrandeció a Amán hijo de Hamedata agagueo».

Ester 2:5 «Había en Susa residencia real un varón judío cuyo nombre era Mardoqueo hijo de Jair, hijo de Simei, hijo de Cis, del linaje de Benjamín».

De hecho, podemos ver la historia de Ester y Mordejai como una continuación de esa historia que sucedió seiscientos años antes, con el Rey Saúl y Agag.

Aquí podemos rastrear una de esas asombrosas leyes espirituales de las que la Biblia siempre nos cuenta. Agag tuvo que ser destruida y parece que su destrucción fue muy importante ante los ojos de Dios, desde que a Saúl se le ordenó por primera vez destruir a Agag «por completo» y luego fue rechazado como rey justo después de haberlo perdonado. Más aún, su fracaso en destruir a Agag casi resultó en un asesinato de los judíos por un agagita seis siglos después: Amán fue un descendiente de Agag; Mordejai fue un descendiente de Cis y de Benjamín; la línea de Agag y la línea de Cis tenían que encontrarse de nuevo. Según la tradición judía, Mordejai tenía que destruir al descendiente de Agag, Amán, porque Saúl no destruyó a Agag. Entonces, la historia de Purím comenzó seiscientos años antes de Ester, con Saúl y Agag —pero este fue un comienzo «oculto»—. Este, tal vez, es uno de los ejemplos bíblicos más brillantes de la responsabilidad espiritual que cada uno de nosotros lleva: cada uno de nosotros está obligado a recordar que lo que hicimos o no hicimos durante nuestra vida puede, de la manera menos esperada, aflorar en la vida de nuestros descendientes. Y esta es otra lección profunda de este grandioso libro.

¡JÁG PURÍM SAMÉAJ MIS QUERIDOS LECTORES!

[1] Ester 3:1.

[2] Talmúd – Chullin 139b.

[3] Breishit Rabba 73:5.

[4] Éxodo 17:9.

[5] 1 Samuel 15:1-3.

 

Las ideas que leen en estas páginas son propias de lo que compartimos con nuestros estudiantes durante las clases DHB (Discovering the Hebrew Bible/Descubriendo la Biblia Hebrea) o de WTP (Weekly Torah Portions/Porción Semanal de la Torá). Si estos artículos abrieron su apetito por descubrir los tesoros ocultos de la Biblia Hebrea o estudiar en profundidad la Parashát Shavúa, junto con extractos del Nuevo Testamento, estaré muy feliz en proporcionar más información ( y también un descuento para nuevos estudiantes) respecto a los cursos de eTeacher (juliab@eteachergroup.com). También si les gustaron los artículos de este blog, podrían disfrutar de mis libros, pueden obtenerlos aquí.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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