Retratos Bíblicos: Sara – Vagando Y Preguntando

Detrás de la cortina

Estamos de vuelta con nuestra serie de retratos bíblicos y ahora pasamos al retrato de Sara.[1] Ahora veremos y observaremos a Sara. Las páginas son las mismas, el texto es el mismo, aún así creo que se sorprenderán al descubrir como nuestras conclusiones serán diferentes comparadas con lo que revelaremos en relación a Abraham.

Primero que todo, el escenario en sí es muy diferente. Los roles de género estuvieron mucho más definidos durante los tiempos bíblicos; la vida de un hombre era muy distinta a la vida de una mujer. Vamos a leer, por ejemplo, el famoso capítulo 18 del libro de Génesis —el mismo capítulo donde Dios se le aparece a Abraham y le promete que su esposa Sara le dará un hijo—.

Al principio del capítulo, mientras Abraham está «sentado a la puerta de la tienda», ve a tres hombres que se acercan y les saluda con el ritual de hospitalidad. Él corre hacia ellos, se inclina y les ofrece agua y pan. Ellos le agradecen compartir la comida y él «va de prisa a la tienda a Sara»[2] y le pide que prepare algo de comer. Sara hace la comida y entonces los hombres comen. Mientras comen, Abraham está con ellos pero, ¿dónde está Sara?

Por el texto comprendemos que Sara está adentro, oculta detrás de la cortina, tal como era apropiado para una mujer en presencia de hombres extraños. Sí, ella está escuchando la conversación —la razón de su famosa risa— pero escucha desde atrás de la cortina, aunque la conversación le concierne directamente a ella. Creo que esta imagen proporciona una ilustración muy viva sobre cuán separadas estaban las vidas entre hombres y mujeres. En cada tienda, en la parte de adelante había una sección pública para los hombres, y en la parte de atrás había una sección privada para mujeres y niños, separada de la parte de adelante por una pesada cortina. De la misma manera, en la vida familiar, exactamente como en la primera tienda, los hombres mantenían una posición pública, mientras que las mujeres y niños permanecían en la más profunda privacidad. Salvo… que en la tienda de Abraham y Sara no habían niños. ¡No habían niños en la vida de Abraham y Sara!

Estamos tocando el punto doloroso de Sara —un punto doloroso que había estado doliendo durante años—. Durante la mayor parte de su vida, Sara había estado viviendo con ese dolor en el corazón. Ya vimos cuánto había deseado Abraham ser padre, mucho antes de poder serlo, este anhelo habría sido mucho peor para Sara: Ella había sido estéril casi toda su vida, y para una mujer casada, ser estéril en aquellos tiempos era una calamidad terrible y, ante los ojos de todos, una señal clara del disgusto de Dios. Mientras cruzamos las mismas páginas que acabamos de leer sobre Abraham, intentemos comprender el increíble dolor que brotaba del corazón de esta mujer tal como pasaban los años.

Callada y sumisa

Sorprendentemente lo primero que aprendemos de Sara es el hecho de que ella era estéril: «Mas Sarai era estéril, y no tenía hijo».[3] Esta breve nota sucede incluso antes de Génesis 12 —antes de que se le ordene a Abraham salir de Harán y hablar por sí mismo—. Si esta es la primera información que aprendemos sobre Sara, entonces esto claramente fue lo principal que definió a una mujer en aquella sociedad. El valor de una mujer se medía por su fertilidad y es precisamente en esta sociedad que Sara «resultó» ser estéril.

Mis lectores sabrán que, incluso hoy, una mujer estéril es un enorme problema en una familia judía, y que su esterilidad aporta suficiente razón para que un marido se divorcie de ella. Indudablemente, era mucho peor en los tiempos de Abraham: para una mujer casada, ser estéril era lo peor que le podía suceder. Significaba que el dolor de la insuficiencia, la vergüenza y la culpa, era algo con lo que Sara había vivido y con lo que había luchado durante muchos años, desde los primeros años de su largo matrimonio.

Así pues, llegamos a comprender que esta historia debe ser una historia de sanación: Antes de que Sarai llegara a ser Sara en el capítulo 17, antes de que pudiera llegar a ser madre y matriarca, tuvo que ser sanada desde su interior. No podemos hacer nuestra parte y cumplir el destino que el Señor tiene preparado para cada uno de nosotros a menos que nuestro corazón esté completo y estemos completamente reconciliados con quienes somos y donde estamos. Antes de que las circunstancias cambien, y para que puedan cambiar, debe tener lugar una sanación interna del corazón. Necesitamos permitir que el Señor transforme primero lo invisible, y entonces lo visible será también transformado.

Me resulta difícil entender cómo las fuentes judías afirman que Sara, la primera matriarca, fue perfecta y «completamente libre de pecado». Tal vez al final del camino, después de todo el trabajo de sanidad que había experimentado, realmente se volvió casi perfecta, pero los capítulos por los que estamos pasando ahora, los primeros capítulos de su viaje a la tierra, nos muestran a una mujer con mucho dolor, actuando a veces de mala manera e injustamente a causa de su dolor. No escuchamos mucho de ella en estos capítulos; de hecho, la primera vez que la escuchamos decir algo, es cuando ella le pide a su marido que «te llegues a mi sierva» Agar.[4] Antes de esto, ella está completamente en silencio. Pero entonces otra vez, aún cuando una mujer normal en aquella sociedad, se suponía que no debía ser escuchada; cuánto más una mujer humillada por ser «estéril» debía estar callada y sumisa. Y Sara desde luego estuvo callada y sumisa —probablemente un poco, demasiado callada y sumisa—. Un lector atento no puede perder el hecho de que ella viajó mucho en estos primeros capítulos, más de lo que cualquier esposa normalmente aceptaría —a menos que tuviese razones especiales para ello—.

La primera vez que Sara se mudó con su marido fue al final del capítulo 11:

«Y tomó Taré a Abram su hijo, y a Lot hijo de Harán, hijo de su hijo, y a Sarai su nuera, mujer de Abram su hijo, y salió con ellos de Ur de los caldeos, para ir a la tierra de Canaán…»[5]

La segunda vez que siguió a su marido en su llamado – Léj-Lejá:

«Tomó, pues, Abram a Sarai su mujer, y a Lot hijo de su hermano… y salieron para ir a tierra de Canaán; y a tierra de Canaán llegaron».[6]

Entonces vemos a Abraham vagando sin fin por la tierra, y no hace falta decir que su esposa lo siguió a todas partes:

«Y pasó Abram por aquella tierra hasta el lugar de Siquem…

 Luego se pasó de allí a un monte al oriente de Bet-el…

Y Abram partió de allí, caminando y yendo hacia el Neguev».[7]

Finalmente, después de todo este vagar por la tierra, ellos llegaron a Egipto.

«y descendió Abram a Egipto».[8]

¿Por qué Sara nunca cuestionó ni discutió las decisiones de Abraham? (al menos las Escrituras no lo mencionan). ¿Cuál fue el secreto que le permitió seguir a su marido sin preguntar y sin reservas en todas sus andanzas? ¿Siguió a su marido solo por obediencia? ¿Siguió a su marido por vergüenza o culpabilidad? ¿Siguió a su marido sin la esperanza de que ella pudiese ser fértil algún día? Después de todo, cuando el Señor llamó a Abraham y le ordenó ir a la tierra, Él le prometió una multitud de descendientes:

«Y haré de ti una nación grande…

…y serán benditas en ti todas las familias de la tierra».[9]

En este punto Sara fue la única mujer en la vida de Abraham; estoy segura que ella esperaba y creía que todos los descendientes que formarían «una nación grande» vendrían a través de ella. Quizá esta fue la esperanza y la creencia que le dio fuerza y motivación para seguir a su marido en todas sus andanzas y moverse con él una y otra vez.

 

[1] Por conveniencia del lector, usaremos el nombre de Sara a través de toda la serie (a excepción de las citas bíblicas anteriores a Génesis 17).

[2] Génesis 18:6.

[3] Génesis 11:30.

[4] Génesis 16:2.

[5] Génesis 11:31.

[6] Génesis 12:5.

[7] Génesis 12:6-9.

[8] Génesis 12:10.

[9] Génesis 12:2-3.

 

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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