Retratos Bíblicos: Sara – El Encuentro Egipcio

Por causa de Sara

La última vez, contemplamos a una mujer estéril, obediente y silenciosa siguiendo a su marido errante. Recordemos que Abraham con 75 años hizo algo sorprendente: «…siendo llamado, obedeció para salir al lugar que había de recibir como herencia; y salió sin saber a dónde iba».[1] ¿Esperó alguna clase de recompensa por esta increíble obediencia —por esta acción verdaderamente excepcional?— Creo que al menos su esposa sí lo hizo. Aunque, lo primero que les dio la bienvenida a su llegada fue una hambruna. Con todo el debido respeto a la matriarca bíblica, puedo imaginar que Sarai preguntó a su marido más de una vez: «¿Por qué? Por favor, recuérdame exactamente ¿por qué vinimos aquí? ¿Por qué dejamos nuestras vidas confortables y acomodadas en Harán y vinimos aquí a vivir en tiendas, vagando de un lugar a otro y ahora morimos de hambre?» Abraham había tenido una revelación personal, un llamado personal de Dios, y él tuvo una fe firme; Sarai no tuvo nada de eso, y puedo imaginar que para ella, estas dificultades que «recompensaron» su desplazamiento sin precedentes, habrían parecido especialmente irrazonables, incluso injustas. Se ha de tener una relación genuina con Dios para ser capaz de vivir por fe y estar seguro de «las cosas que no se ven». Sarai primero necesitó experimentar el amor de Dios, solo entonces sería capaz de vivir su vida primeramente por amor a Él. Con toda honestidad, creo que esta es la razón principal por la que Dios permitió que el terrible episodio egipcio fuera parte de la historia de Abraham: por causa de Sara.

Egipto

Mientras dibujábamos el retrato bíblico de Abraham, nos quedamos perplejos cuando intentamos comprender la conducta de Abraham durante este «episodio egipcio». Sin embargo, estamos asombrados cuando se refiere a Sarai. ¿Qué sucedió entre el marido y la mujer durante el viaje? ¿Por qué ella estuvo totalmente pasiva durante toda la historia? Abraham le dijo que dijese que ella era su hermana; la llevaron a casa de faraón y claramente se convirtió en objeto de todas las atenciones y coqueteo de faraón. Aún así, durante todo este tiempo, no escuchamos ni una sola palabra de ella. ¿Cuál fue su reacción cuando su marido, el amor de su vida, le pidió por temor de su propia vida que aparentase ser la hermana de él? ¿Cómo reaccionaría cualquier mujer si su enamorado le dijese un día?:

«He aquí, ahora conozco que eres mujer de hermoso aspecto; y cuando te vean los egipcios, dirán: “Su mujer es”; y me matarán a mí, y a ti te reservarán la vida. Ahora, pues, di que eres mi hermana, para que me vaya bien por causa tuya, y viva mi alma por causa de ti».[2]

¿Sara se sintió ofendida? ¿Alterada? ¿Enfadada? ¿Decepcionada? Cualesquiera que fueran sus emociones, cualesquiera que fueran las tormentas que sacudieron su corazón, externamente permaneció en absoluto silencio —no escuchamos nada de ella durante toda la historia—. Todo fue tal como Abraham había planeado:

«Y aconteció que cuando entró Abram en Egipto, los egipcios vieron que la mujer era hermosa en gran manera. También la vieron los príncipes de faraón, y la alabaron delante de él; y fue llevada la mujer a casa de faraón. E hizo bien a Abram por causa de ella…».[3] 

Él, como marido, no solo falló en protegerla, de hecho la utilizó para salvar su vida y hacerse rico: «…y él tuvo ovejas, vacas, asnos, siervos, criadas, asnas y camellos». Hubiera sido una increíble ofensa para cualquier mujer y creo que también hubiera sido una increíble ofensa para Sara —todavía más si recordamos el significado del nombre «Sarai»mi princesa (ישר)—.Pensemos en esto: Abraham no solo falló en proteger a «su princesa», sino que nunca lo intentó.

El clímax de la historia egipcia sucede cuando Dios mismo salva a Sarai de faraón: «Mas Jehová hirió a faraón y a su casa con grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram».[4] Este corto y conciso versículo ofrece una invitación abierta para completar, y desde luego, no hay muchos comentarios en el Midrash sobre este versículo. Aunque, las Escrituras mismas no especifican qué sucedió allí, ni cómo reaccionó realmente faraón cuando supo de «grandes plagas, por causa de Sarai mujer de Abram».Todo lo que sabemos es que de alguna forma faraón se dio cuenta, probablemente mediante la intervención de Dios y la revelación en un sueño: «Entonces faraón llamó a Abram, y le dijo: “¿Qué es esto que has hecho conmigo? ¿Por qué no me declaraste que era tu mujer? ¿Por qué dijiste: ‘Es mi hermana’, poniéndome en ocasión de tomarla para mí por mujer? Ahora, pues, he aquí tu mujer; tómala, y vete”».[5]

Personalmente creo que a partir de ese momento, Dios se convierte en la principal pasión de la vida de Sarai. Su fe, su confianza y su creencia en su compasión y omnipotencia —todo esto nació de su miseria egipcia, cuando Dios mismo intervino a favor de ella—. Cuando hablamos de Abraham, dijimos que el «episodio egipcio» fue incalculable porque aprendimos cosas muy importantes sobre Abraham. La historia es aún más valiosa con respecto a Sarai, cuando consideramos lo que aprendemos de ella. Creo que cuando ella siguió a Abraham en el capítulo 12, solo estuvo comportándose como una esposa obediente (tanto así, que se sintió culpable, humillada y avergonzada por causa de su esterilidad), pero creo que en Egipto por vez primera en su vida, tuvo un encuentro personal con Dios. Ella experimentó por sí misma le verdad de que Dios mismo protege a aquellos que no tienen protección humana, que «Jehová es el que hace justicia derecho a todos los que padecen violencia».[6] Él mismo la salvó, y la gratitud, el sentimiento abrumador de salvación y protección, y el profundo conocimiento de que ella siempre podría descansar en Él, estaría con ella para siempre. A partir de ese momento, ella supo que podía confiar completamente en Dios. Su marido podría fallarle, como sucedió en Egipto, pero el Señor nunca le fallaría. Por eso más tarde, ella podría decirle a Abraham: «…juzgue Jehová entre tú y yo»[7] porque ella sabía que podía confiar en su juicio. Y por supuesto, una y otra vez el Señor la respaldó en sus discusiones con Abraham, como veremos próximamente.

[1] Hebreos 11:8.

[2] Génesis 12:11-13.

[3] Génesis 12:14-16.

[4] Génesis 12:17.

[5] Génesis 12:18,19.

[6] Salmo 103:6.

[7] Génesis 16:5.

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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