Yom Kippur: De Génesis A Levítico

Nos acercamos al día más solemne del calendario de Israel Yom Kippur, el Día de la Expiación. En años anteriores escribí sobre el significado espiritual de este día especial sobre la liturgia y la lectura de la Torá en Yom Kippur (puedes encontrar estos artículos en los archivos de este blog). Sin embargo, este año, he decidido hacer algo totalmente diferente para el artículo de Yom Kippur. Vamos a hablar sobre Yom Kippur… en el libro de Génesis. Algunos de mis lectores quedarán realmente sorprendidos: todos sabemos que la descripción detallada del solemne ritual de Yom Kippur se encuentra solo en el libro de Levítico, así que, ¿por qué buscarlo en Génesis? Sin embargo, maravillosamente y para nuestra gran sorpresa, la raíz כפר (kafár: kaf-pei-reishla raíz de la palabra Kippuraparece primero en el libro de Génesis. No es discernible en la traducción, pero se ve claramente en hebreo. Y, como la gran mayoría de los usos de esta raíz en la Torá se refieren a «hacer expiación» (la razón por la que el Día de la Expiación se llama Yom Kippur) sus ocurrencias en el libro de Génesis, cuando la expiación sacrificial aún no está establecida, presenta un gran interés. Así pues, vayamos a dar una mirada, y podrás discernir por ti mismo si encontramos los primeros indicios del concepto de expiación en el primer libro de la Torá.

¿Mandato técnico o declaración teológica?

El primer lugar en el que encontramos esta raíz es en la historia de Noé. Cuando Dios enseñó a Noé cómo construir el arca, Él le ordenó «cubrirás con brea por dentro y por fuera».[1] En español suena como una simple descripción técnica. Sin embargo, en hebreo encontramos la raíz kafár dos veces en este versículo. ¿Por qué? ¿Por qué tenía que estar aquí en la historia de Noé? No hay ninguna palabra «expiación» o algo parecido a expiar ni remotamente en la traducción de los textos. Así que, ¿qué está pasando? ¿Por qué esta sorprendente raíz aparece aquí en el texto hebreo, y por qué desaparece en la traducción?

Este es un bello ejemplo de cuán profundo y multifacético es el lenguaje hebreo. Ya que es un lenguaje raíz, muchas de las palabras están formadas por tres consonantes al cambiar las vocales y añadir diferentes prefijos y sufijos. La raíz «kaf-pei-reish», dependiendo de su rama, podría significar «cubrir con brea» (Kal), o «cubrir por encima, expiar el pecado, hacer expiación por» (Piel). Por consiguiente, este simple y práctico mandato suena como a una declaración teológica en hebreo. Sabemos, desde luego, que el diluvio y el arca son grandes símbolos de castigo para los pecadores y de salvación para aquellos que ponen su confianza en Dios. Sin embargo, sin conocer el hebreo, perdemos completamente lo que es tan obvio en el texto original: La historia de Noé es la historia de redención y expiación, porque la raíz de la palabra «expiar» está ahí desde el principio de la historia.

¿Apaciguando o expiando?


La próxima vez que encontramos esta raíz es en Génesis 32. Jacob regresa a la tierra después del exilio, y se prepara para encontrarse con su hermano Esaú cuya bendición robó y quien quiso matar a Jacob años atrás. Mientras leemos sobre los presentes que Jacob envía a Esaú, esperando pacificarlo, encontramos el verbo: אכפרה. La raíz de este verbo, otra vez es kafár 
(כפר), la misma raíz que en Yom Kippur. ¿Por qué? ¿Por qué la encontramos aquí en la historia de Jacob?

Originalmente, la raíz kafár (כפר) significa «cubrir algo físicamente». En la historia de Jacob, preparándose para su encuentro con Esaú, esta palabra se usa para que podamos entenderlo: no fue solo un simple regalo –fue un acto de «cubrir» su pecado, y en este sentido, fue una «expiación»–. La reconciliación con Esaú no fue simplemente una cuestión de familia, como simplemente le pudo parecer a los hermanos en aquel momento, fue un evento de significado global. No es por casualidad que justo antes de este encuentro, Dios se reuniera con Jacob en el encuentro más importante de su vida –uno que definió su nombre y el de todo el pueblo–. Esto quiere decir que la reconciliación de ellos –Jacob humillándose y arrepintiéndose delante de su hermano– fue de vital importancia ante los ojos de Dios. Por eso el arrepentimiento, el perdón y la reconciliación son parte crucial de Yom Kippur –y esa es la causa de que en hebreo encontremos aquí la raíz kafár– una vez más, perdida totalmente en la traducción.

Judá y Yom Kippur

Antes de Yom Kippur, los judíos recitan oraciones especiales llamadas Selijót –las oraciones de confesión y arrepentimiento. Cuando empezamos nuestro tiempo de Selijót, decimos: מַה־נֹּאמַר֙ מַה־נְּדַבֵּ֖ר וּמַה־נִּצְטַדָּ֑ק«¿Qué podemos decir? ¿Qué podemos hablar? Y ¿cómo nos justificaremos?».  Sorprendentemente, encontramos estas mismas palabras en Génesis 44, cuando Judá habla a José después de que Benjamín fuese culpado por el «delito» de haber robado la copa. ¿Qué podemos aprender de aquí?

Probablemente recuerdas la historia y recuerdas que Benjamín no fue culpable de ese delito y tampoco ninguno de sus hermanos –ellos no robaron la copa–. Aún así, Judá empieza su discurso con estas palabras: «¿Qué podemos decirle a mi Señor? ¿Qué podemos hablar? Y ¿cómo podemos justificarnos? Dios ha encontrado la iniquidad de tus siervos». Como si de verdad, durante mucho tiempo hubieran ocultado su delito, pero Dios había encontrado sus pecados y los atribuyó a ellos. El espíritu de Dios, que es quien trabaja detrás de esta escena, estaba tocando y transformando sus corazones. Ellos no fueron culpables de este delito en particular pero aceptaron la convicción y el castigo de aquel ante quien tiempo atrás habían pecado terriblemente.

Esta debería ser nuestra actitud cuando venimos al Señor con nuestras Selijót –nuestras oraciones de confesión–: incluso si al principio nos vemos inocentes respecto algunos pecados al estar ante Dios y abrir nuestros corazones a los rayos de su luz, Él trae cosas a la superficie y la confesión se convierte en profunda y real. Por eso las palabas de Judá abren una de las historias más hermosas de confesión, siendo parte de las oraciones de las Selijót.

Sorprendentemente, podemos encontrar todo esto en el nombre de Judá lo cual no es ocasional, sino altamente significativo. Alguno de mis lectores sabrán que el nombre Judá viene del verbo lehodót (דותולה), y el primer significado de este nombre es «agradecer» o «alabar» (Cuando Lea dio a luz su cuarto hijo, ella declaró: «Esta vez, alabaré al Señor. Por eso llamó a su hijo Judá)».[2] Sin embargo, pocos se dan cuenta de que el verbo lehodót tiene también otro significado: «admitir»o «confesar». Por ejemplo, una oración especial en el judaísmo se llama Vidui y esta palabra –«confesión»– viene de la misma raíz. En este sentido, tanto el nombre y el carácter de Judá aportan un punto de vista extremadamente importante sobre el carácter de Dios: claramente, el arrepentimiento es muy importante para Él que es de la tribu de Judá –el que confiesa– ¡que establece la línea real de Israel!

 

[1] Génesis 6:14.

[2] Génesis 29:35.

 

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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