Comienzos (3): Génesis 1

Rompiendo el patrón

La última vez vimos el ascenso del drama cósmico en Génesis 1, culminando con la creación del hombre. ¿Quién es esta creación especial? Junto con las Escrituras nos preguntamos respecto a él y su estatus absolutamente especial en la creación; junto con las Escrituras podemos preguntar:

«Cuando considero tus cielos, obra de tus dedos,
La luna y las estrellas que tú ordenaste,
¿Qué es el hombre para que tengas de él memoria,
Y el hijo del hombre para que lo visites?».[1]

La respuesta a esta pregunta la podemos encontrar en Génesis 1, donde nos muestra claramente que aunque el hombre es creado el mismo día que los animales, tiene un estatus completamente distinto. El hombre es presentado como la corona del trabajo creador de Dios, y lo primero que indica esto es romper el patrón. En cada uno de los días previos, el patrón es el mismo: Dios crea, ve lo que ha hecho y mira si es bueno, entonces «hubo tarde y hubo mañana» y el día termina. Sin embargo, en el sexto día, el patrón se rompe: aunque comienza de la misma forma que los días anteriores (versículos 24-25), algo adicional e inesperado sucede —en lugar de terminar el día al igual que los otros días, Dios dice: «¡Hagamos al hombre!»—.

Una vez más, ¿quién es esta criatura especial?

«Tú la coronaste de gloria y honor.

“Le hiciste tener dominio sobre las obras de tus manos;
Pusiste todas las cosas debajo de sus pies».[2]

El patrón se rompe también en la forma de hablar de Dios: hasta aquí, las Escrituras hablan de Dios en tercera persona, mientras que en Génesis 1:26 escuchamos —por primera vez— a Dios hablando en primera persona. Durante los días anteriores, Dios habló: que haya… (algo) —y hubo— (algo); en cambio ahora, vemos una forma muy diferente de hablar y de crear —ahora Él pronuncia esas palabras casi contemplativas—: «¡Hagamos al hombre!». Esa criatura que está a punto de ser creada, requiere la resolución y contemplación de Dios —y también requiere que Dios tome consejo con otros—, ya que Él está hablando aquí en primera persona del plural.

¿Con quién está hablando Dios? Probablemente conoces las interpretaciones judías tradicionales: ya sea que tengamos aquí un plural real, o que Dios esté hablando con su corte angelical. Definitivamente conoces la interpretación cristiana: la teología cristiana generalmente toma la frase para indicar la naturaleza trina de Dios. Hay una interpretación más que, personalmente, me gusta mucho; la compartiré contigo al final de este artículo.

El primer hombre y su nombre «sangriento» (a mis lectores británicos probablemente les gustará este título 😊)

Ya he mencionado varias veces que, precisamente es con los nombres personales que experimentamos más pérdidas cuando leemos la Biblia en su traducción. El nombre del primer hombre —Adám— es el primer y sorprendente ejemplo. Hay muchas cosas que podemos decir sobre esta pequeña palabra hebrea de tres letras —cosas muy profundas que no son contempladas en la traducción—.

Hay dos palabras diferentes que nos sorprenden en este nombre, y la primera es dam —sangre—. ¡Wow! ¿Qué tendría que ver la palabra dam con Adám? Primero, ¿nos muestra que esta criatura está hecha de carne y sangre? Sabemos que el tema de la sangre sigue a través de toda la Torá —a través de los cinco libros de Moisés—.

«Pero no comerás carne con su vida, esta es, su sangre».[3]

«Entonces ellos tomarán algo de la sangre y la pondrán en los dos dinteles de la puerta».[4]

«Porque la vida de cada criatura está en su sangre: su sangre es su vida».[5]

…pero todo empieza aquí, dentro del nombre Adám: este aspecto «sangriento» es un componente de la identidad de Adám desde el principio.

Hay otra palabra hebrea que está conectada con la palabra original hebrea adám —adamá—, la «tierra», o el «suelo». Realmente uno no puede ver la conexión etimológica entre «hombre» y «suelo» en la traducción, pero en hebreo, ciertamente se destaca. En hebreo cuando dices Adám casi puedes escuchar la palabra adamá en este nombre. De hecho, se corresponden y se interrelacionan el uno con el otro, como lo hacen tanto los sustantivos masculinos y femeninos en hebreo —lo cual significa que su conexión es muy íntima y profunda—. Por ejemplo, en Génesis 3, cuando Dios castiga a Adám, es adamá quien es maldecida como resultado de su castigo —otra prueba de este lazo interno esencial—. Hablaremos más sobre Génesis 3 cuando lleguemos allí, pero está muy claro que este aspecto «terrenal»  también es un componente de la identidad de Adám. ¿Por qué?

La explicación tradicional dice así: El hombre es llamado Adám porque «el SEÑOR Dios formó al hombre del polvo de la tierra» (Adamá). Sin embargo, hay muchas interpretaciones distintas —y hoy quiero compartir contigo una que quizás no hayas escuchado antes—. Esta interpretación pertenece al gran rabino de la ciudad de Praga (siglo XVI), Judah Loew ben Bezalel (ampliamente conocido para los estudiosos del judaísmo como «Maharal de Praga»). Él se preguntaba por qué el hombre fue el único llamado del suelo —después de todo, ¿no fueron los animales también creados de la tierra?—

Su respuesta fue que, mientras que los animales fueron creados «casi perfectos» (quería decir que cuando los animales nacen, crecen exteriormente pero sus mentes permanecen casi al mismo nivel), tanto el hombre (Adám) como la «tierra» o el «suelo», (Adamá) evolucionan y se desarrollan; ambos fueron creados en un estado básico y puro, y ambos requerían un trabajo largo y arduo para poder alcanzar su enorme potencial y dar fruto.

Estas son las cosas que vemos en el nombre hebreo del primer hombre. Sin duda alguna este aspecto «sangriento» y «terrenal» forma los componentes originales, no solo de la identidad de Adám, sino del mensaje de Dios a la humanidad: este hombre de «carne y sangre» necesita desarrollarse después de venir a este mundo, de otra manera sus componentes «sangrientos» y «terrenales» prevalecen. Vemos que esto sucede casi de inmediato, en Génesis 4, donde ambas palabras forman uno de los versículos más trágicos de toda la Biblia: «la voz de la sangre de tu hermano clama a mí desde el suelo (קול דמי אחיך צעקים אלי מן האדמה).

Y ahora llega el momento de compartir contigo la respuesta que fue dada por un sabio judío para la pregunta tradicional: ¿A quién le está hablando Dios en Génesis 1:26? Su respuesta fue: «Dios te está hablando a ti y a mí a cada uno. Él te está diciendo: “Si estás de acuerdo, si me permites entrar en tu corazón, juntos tú y yo haremos un hombre (humano) de ti!”».

[1] Salmo 8:3-4.

[2] Salmo 8:5-6.

[3] Génesis 9:4.

[4] Éxodo 12:7-23.

[5] Levítico 17:14.

 

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About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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