Comienzos (8): Génesis 2

Y Él llamó

Por nuestro comentario de Génesis 1, sabemos que la palabra de Dios fue la parte central de todo el proceso creativo —y el verbo vayikrá (y Él llamó) lo refleja—. Dios dio nombre a todo lo que creó, y al hacer esto, lo llamó a existencia.

«Dios llamó a la luz Día y a la oscuridad la llamó Noche.[1]
Y Dios llamó al firmamento Cielo.[2]

Y Dios llamó al suelo seco Tierra, y al conjunto de las aguas Él lo llamó Mares».[3]

A la luz de esto, es importante notar que lo primero que Adám hace (no solo ordenado a hacer, sino realmente hacerlo), es dar nombres —vayikrá— a todos los animales:

«Y el hombre dio nombres (vayikrá) al ganado, a las aves del cielo y a todas las bestias del campo».[4]

¿Por qué eso es tan importante? Porque aquí podemos ver claramente la conexión entre estos dos relatos de la creación aparentemente contradictorios que discutimos previamente: Génesis Capítulo 1 y Capítulo 2. Sabemos que, mientras el hombre del Capítulo 1 es creado «en la propia imagen de Dios», en el Capítulo 2, las Escrituras no dicen nada referente a la creación del hombre a imagen de Dios o según su apariencia. Uno fácilmente puede pensar que aquí tenemos dos Adám diferentes —uno creado en el Capítulo 1 y otro creado en el Capítulo 2—. Por eso, este testimonio de la primera acción que Adám ejecuta en el Capítulo 2 es crucialmente importante. Sí, desde luego, lo primero que este Adám hizo fue repetir realmente la acción de Dios. Yo sugiero que podríamos ver esto como una prueba del hecho de que el Adám del Capítulo 2 todavía es el mismo Adám del Capítulo 1 —creado a Su imagen y según Su semejanza—. Una vez más, no hay dos historias diferentes y contradictorias, sino dos cuadros distintos de la misma historia y del mismo hombre, pero tomados desde ángulos completamente distintos.

¿Solo asistente?

Decidí empezar estas series porque me di cuenta cuántos detalles importantes se perdieron en la traducción, específicamente en estos primeros capítulos del Génesis. Aún así, estos capítulos son absolutamente cruciales; podemos aprender muchísimas cosas profundas sobre el plan de Dios y su diseño para nuestras vidas desde las palabras hebreas originales. En particular, las palabras que son usadas para describir la creación del hombre y de la mujer son muy importantes y enriquecedoras. Por ejemplo, en Génesis 2:20 leemos «pero para Adám no se encontró una ayudante apropiada». ¿Cuál es el significado de las palabras hebreas originales para la expresión «ayudante apropiada»?

Ya que casi todas las traducciones interpretan estas palabras como «ayudante apropiada», «ayudante conveniente» o «ayudante», tradicionalmente se ha entendido a la mujer como una asistente del hombre, algo así como una criatura de segunda clase. Muchas personas creen que Dios creó al hombre para algunos roles principales y algunas responsabilidades, y que después creó a la mujer para algunos roles secundarios, roles de asistencia. ¿Esto realmente es cierto?

La clave para la respuesta a esta pregunta se encuentra en las palabras del hebreo original עזר כְּנֶגְדּוֹ (ézer kenegdó). El significado básico de la palabra néged, es «opuesto»; así pues, «la ayudante», (ézer) se supone que debía ser  «opuesta» al hombre. Esta misma palabra, kenegdó, significa que la criatura que Dios creó para Adám no sería ni mayor ni menor —sino más bien sería igual, correspondiendo perfectamente con él—.

¿Puedes imaginarlo? El significado es muy  diferente de lo que a muchos de nosotros se nos ha enseñado. En estas palabras no solo encontramos el plan original del Creador para un hombre y una mujer, sino también para su unión. Dios diseñó un matrimonio para ser la unión en la cual esposo y esposa son iguales y se complementan el uno al otro: ézer kenegdó. Creo que, para muchos esposos y esposas, reconocer este diseño original del matrimonio debería ser revelador, e incluso saludable.

¿Desnudo o astuto?

Ahora estamos yendo hacia Génesis 3 —entrando a la historia más dramática de toda la Biblia, la historia de la Caída—. Pero, ¿dónde empieza esta historia? ¿Sabías que para un lector hebreo, el principio de la historia es diferente? La última oración del capítulo que hemos estado tratando hasta aquí, el Capítulo 2, nos dice que Adám y Eva «estaban desnudos» y «no se avergonzaban». Entonces nos acercamos al Capítulo 3, la historia de la Caída y leemos que «la serpiente era más astuta que cualquier bestia del campo». Traducido, estos versículos no tienen nada en común, y no hay ninguna conexión entre Adám y Eva estando desnudos y la serpiente siendo astuta. Sin embargo, es muy diferente cuando lo leemos en hebreo. «Desnudo» en hebreo es arúm (aquí tenemos el plural de la palabra «desnudo», ערומים arumím)  y la palabra «astuto» en hebreo es arúm en Génesis 3:1, así pues estas palabras vienen básicamente de la misma raíz. ¿Por qué?

Este es otro ejemplo más de la sorprendente profundidad del lenguaje hebreo. A primera vista, las conexiones entre estas palabras podrían ser extrañas e inesperadas, sin embargo, después de una seria contemplación, uno puede comprender cuán intensas y profundas son estas conexiones. Primero, uno puede preguntarse: ¿por qué la misma raíz significaría tanto desnudo como astuto? Pero moviéndose de un tronco (binyán) a otro, podemos descubrir la lógica interna oculta que conecta estas palabras: de «estar desnudo» a «desnudar, descubrir» —por lo tanto, «ser insolente, rencoroso, astuto»—.

Ahora comprendemos que lo primero que se menciona aquí no es desnudez física, sino espiritual —al estar fuera de la cobertura de Dios—. Según algunos comentaristas judíos, antes de que Adám y Eva pecaran, sus cuerpos estuvieron cubiertos con luz, porque el mismo Dios fue su cobertor. Hablaremos más adelante sobre esto cuando lleguemos al Capítulo 3. Los comentaristas dicen que cuando ellos pecaron, se situaron fuera de la protección de Dios y por eso tuvieron que usar vestiduras de pieles —mientras que la serpiente ya estaba fuera de la protección de Dios desde el inicio—.

Así pues, para un lector hebreo, la palabra «desnudos» (arumím) en Génesis 2:25 inmediatamente conecta la primera pareja con la naturaleza «astuta» (arúm) de la serpiente. La última oración del Capítulo 2 introduce la historia subsiguiente de la desobediencia humana —es como un puente, extremadamente importante y profundo, conectando un capítulo con otro en hebreo, pero desapareciendo en la traducción—.

 

 

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[1] Génesis 1:5.

[2] Génesis 1:8.

[3] Génesis 1:10.

[4] Génesis 2:20.

[5] Por el momento solo ofrecemos el curso WTP en inglés, mientras que el curso DHB existe tanto en español como en portugués.

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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