El Final Y El Comienzo

La alegría de Sukkot alcanza su clímax durante Simchat Torá, la festividad que sigue inmediatamente después de la fiesta de Sukkot y marca la conclusión del ciclo anual de la lectura pública de la Torá y el comienzo de un nuevo ciclo. El año pasado, hablamos sobre la primera porción de la Torá, Bereishit (En el Comienzo), pero el ciclo comienza otra vez y hoy vamos a tratar unos puntos adicionales en esta increíble y profunda porción de los comienzos.

EN EL COMIENZO

Bereishit bara Elohim… En el principio creó Dios…[1]

Be-reishit —En el comienzo— la primerísima palabra de la Biblia, la palabra que introduce la revelación de Dios a la humanidad, comienza con la letra Bet: בְּרֵאשִׁית. Incluso si no sabes nada de hebreo, probablemente puedes adivinar que esta letra, como la B en inglés, es la segunda letra del alfabeto hebreo. ¿No sería más apropiado empezar el libro de los comienzos por la primera letra? Así pues, ¿por qué no Alef?

Los escritos rabínicos ofrecen diferentes explicaciones. Según un Midrash, ya que el valor numérico de Bet es dos, la Torá abre con un mensaje de dos mundos —este mundo y el mundo venidero—. Otro Midrash explica que debemos acercarnos a la Torá con la actitud de Bet —reconociendo un proceso que comenzó mucho tiempo atrás—. Debemos empezar, no con Alef, ignorando todo del pasado, sino con Bet, dibujando y construyendo sobre la tradición antigua de la Torá.

Todavía hay otra respuesta a este acertijo: no somos los indicados para saberlo todo. “No hubo comienzo a Su comienzo”[2] —pero las cosas secretas pertenecen al SEÑOR—. Dios nunca intentó revelárnoslo todo. Él solo reveló lo suficiente para que nosotros conociéramos y cumpliésemos Su voluntad: mas las reveladas son para nosotros y para nuestros hijos para siempre, para que cumplamos todas las palabras de esta ley.[3]  

Así pues, Bet en el principio, es como un muro separando las cosas que pertenecen al Señor y Su principio —del comienzo de Su revelación a nosotros—. No es accidental, sino extremadamente significativo, que esta Bet en el texto hebreo es mayor en tamaño que otras letras. Solo hay unos pocos casos como estos en todo el Tanach y todos ellos tienen mucha importancia. En este caso, desde luego este es el Comienzo, con una “letra mayúscula”, aunque no hayan letras mayúsculas en hebreo: el Comienzo de las cosas reveladas.

 RUACH ELOHIM

y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas.[4]

Cuando leemos la Biblia en inglés, encontramos el Espíritu de Dios en el  comienzo de la historia de la creación: y el Espíritu de Dios se movía sobre la faz de las aguas, dice Génesis 1:2. Sin embargo, en muchas traducciones judías de la Torá, el mismo versículo habla sobre el viento de Dios barriendo sobre el agua. ¿Qué traducción sería la correcta? Probablemente saben que ruach en hebreo significa ambos, viento y espíritu, pero ¿cómo distinguimos entre los dos significados? ¿Cómo sabemos lo que el texto significa? ¿Es el Espíritu de Dios que se desliza sobre las aguas primordiales, o simplemente un viento que barre sobre esas aguas?

Encontramos una respuesta en el verbo que sigue a ruach: merahefet.  Este verbo aparece solo una vez más en la Torá, en Deuteronomio 32:11, expresando aquí el inmenso cuidado, amor y afecto —un águila madre revolotea (merahefet) sobre sus polluelos y los lleva sobre sus alas—.

Mientras que hay una cierta similitud entre espíritu y viento (es por eso que Jesús los compara en el Nuevo Testamento), también hay una diferencia muy significativa: el viento no puede expresar tierno amor, cuidado y afecto. El viento sopla desapasionadamente e indiferentemente —mientras que el Espíritu de Dios revolotea cuidadosa y amorosamente sobre Su creación—. Este revoloteo amoroso, personal y apasionado que vemos en Deuteronomio 32:11 y en Génesis 1:2, solo puede referirse al Espíritu de Dios y no al viento. Solo a través de esta palabra, podemos tener una idea de la maravillosa profundidad del texto hebreo original.

BEREISHIT EN EL NUEVO TESTAMENTO

La primer cosa que aprendemos del primer capítulo del libro de Génesis es que el mundo es creado por el poder de la Palabra de Dios. Nueve veces durante los seis días de la creación, escuchamos: “Y Dios dijo” —וַיֹּאמֶר אֱלֹהִים—. Este verbo, VaYomer —y Él dijo— nos ayuda a entender, no solo que Dios es el único que tiene el poder creativo de dar vida, sino que la fuente de este poder vivificante es Su Palabra: Él crea todas las cosas y da vida mediante la autoridad de Su Palabra.

Según el Nuevo Testamento, Jesús es la Palabra de Dios —por lo tanto, no estamos sorprendidos de encontrar casi la misma descripción del comienzo de la creación en el Nuevo Testamento, en el Evangelio de Juan—. El lenguaje de Juan a propósito y claramente hace eco del lenguaje de Génesis 1:1:

EN EL PRINCIPIO era el Verbo, y el Verbo era con Dios, y el Verbo era Dios. Este era en el principio con Dios. Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho.[5]

Palabra” aquí se traduce del griego logos y corresponde al arameo “memra” (también “palabra”) un término técnico teológico usado por los rabinos siglos antes y después de Jesús. El paralelismo entre el principio del Evangelio de Juan y el principio del libro de Génesis es inequívoco. Más aún, parece ser que Juan quiere proveernos de una comprensión más completa de lo relatado en Génesis: es la Palabra de Dios que trae vida —tanto en el relato de Génesis como en el Evangelio—.

¿CUÁNDO SE ENCUENTRA ADÁN?

Probablemente sabes que el nombre Adán viene del hebreo אָדָם  (adam), pero ¿sabes cuándo encuentras adam por primera vez en la Biblia? En este caso en particular, la diferencia entre el inglés y el hebreo es sorprendente. Cuando leemos nuestra Biblia en inglés no hay Adán en Génesis 1 —lo encontramos primero en Génesis 2—. (La mayoría de traducciones lo introducen en Génesis 2:20, aunque algo se habla de Adán en el versículo 19). Sin embargo, si leemos este texto en hebreo, encontramos adam en el capítulo 1 —Génesis 1:26—. ¿Qué está pasando aquí?

La explicación, por supuesto, viene del idioma hebreo. Mientras que en inglés Adán es siempre un nombre propio, en hebreo significa simplemente “humano”. De hecho, en hebreo el término “seres humanos” es ‘Benei Adam’ —‘los hijos de Adam’—. En Génesis 1:27 “adam” se usa en sentido colectivo: no solo el Adam individual, pero todos los humanos son creados en el sexto día. En Génesis 2 y 3, el uso personal y genérico están mezclados. Esta interacción entre el “Adam” individual y “humanidad” colectiva, y los ambiguos significados incrustados a través de la narrativa, añaden una nueva dimensión y aportan profundidad adicional a los cruciales eventos de Génesis 3 —algo que está completamente perdido en las traducciones inglesas—.

UNA NUEVA LECTURA DE LA ANTIGUA HISTORIA, O ¿QUIÉN FUE CREADO PRIMERO?

Todos conocemos la historia: En Génesis 2, Dios da forma a Adán del polvo y lo coloca en el Jardín del Edén y solo al final del capítulo Eva es formada de una de las costillas de Adán. Este es el entendimiento tradicional: la creación del Hombre sucede primero, mientras que la creación de la mujer ocurre mucho más tarde, después de la creación de los animales. Sin embargo, algunos comentaristas judíos leen esta historia de manera muy diferente.

Tal como acabamos de ver, la palabra hebrea adam” no denota solo un hombre. La primera vez que aparece “adam” en Génesis 1:26 cuando Dios dice: “hagamos al hombre (adam)[6] —y la explicación, varón y hembra los creó”,[7] clarifica la naturaleza de este ser humano. Encontramos esta misma idea más tarde: “Varón y hembra los creó; y los bendijo, y llamó el nombre de ellos adam”.[8] Así pues, Génesis primero se refiere a adam en singular, pero después dice que Dios “los” creó varón y hembra.

Entonces, ¿era un ser o eran dos seres? Un número de pasajes rabínicos ven al primer humano en realidad, compuesto por ambos géneros. Así pues, el Midrash Bereshit Rabbah dice: “hombre y mujer eran originalmente indivisibles, es decir, adam fue creado primero…hermafrodita”. En el Midrash Leviticus Rabbah leemos: “En el tiempo en que el Santo, Bendito sea Él, creó al hombre, Él lo creó como Andrógino”. Por eso, del polvo de la tierra Dios forma un humano que es a la vez varón y hembra.

Dios mira esta criatura de dos géneros y dice lo tov —“no es bueno”—.[9] Definitivamente esta no era la manera ideal de crear una pareja hombre-mujer, así que Dios los separó en dos personas. Por eso es que cuando un hombre y una mujer se casan, se convierten en “una” sola carne: regresan al estado original diseñado por Dios antes de que el hombre y la mujer fuesen separados.

 

 

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[1] Génesis 1:1

[2] Shaharit, oración judía de la mañana.

[3] Deuteronomio 29:29

[4] Génesis 1:2

[5] Juan 1:1-3

[6] Génesis 1:26, adam aquí normalmente se traduce como “Hombre”.

[7] Génesis 1:27

[8] Génesis 5:2, adam aquí se traduce normalmente como “Humanidad”.

[9] Génesis 2:18

 

About the author

Julia BlumJulia is a teacher and an author of several books on biblical topics. She teaches two biblical courses at the Israel Institute of Biblical Studies, “Discovering the Hebrew Bible” and “Jewish Background of the New Testament”, and writes Hebrew insights for these courses.

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